viernes, 14 de enero de 2022

¡No te metas con el club de cine! - Opiniones poco fundadas (II)

Mi experiencia como lector de manga es entre regulera y mala, por eso llevo varios meses cogiendo títulos casi al azar cada vez que visito a mi librero. Todavía no sé muy bien qué es lo que busco, sé que quiero recuperar el rollito de seguir algunas series y que esa sensación ya no me la van a dar ni los súpers ni el shonen más machacón. Además, estoy dando mis primeros pasos como «guionista de mangas» (si es que eso significa algo diferente a lo que he hecho hasta ahora) y necesito empaparme de muchas cosas. 

El caso es que quería ante todo sorprenderme, algo que me sacase del «bah, está bien» y me llevase a algo mucho más ilusionante y este No te metas con el club de cine lo ha conseguido por muchos motivos. 

Cuando estudiaba cine, allá por el pleistoceno antiguo, había un tipo de películas que siempre conseguían hacerme disfrutar: aquellas en las que se veían rodajes y jugaban al metalenguaje y al cine dentro del cine hasta romper una barrera. En aquel entonces me apasionaban cosas como Cautivos del mal, La noche americana o la divertidísima Vivir rodando

Más adelante, ese gusto por lo meta hizo que el docudrama Looking for Richard dirigido por Al Pacino se convirtiese en una de mis pelis favoritas de todos los tiempos. 

Trasladar todo eso a un cómic que nos pega muy buenos meneos entrando y saliendo de las ficciones con total naturalidad me parece un acierto muy difícil de conseguir. Pero las bondades de No te metas con el club de cine no terminan ahí. 

A la hora de escribir un cómic, si se quiere hacer de forma más o menos ordenada y dejando un poco de lado la visita de las musas, es bastante normal tomarse un tiempo para pensar en estructuras, temática o creación de personajes. 

Para esto último existen infinidad de herramientas desde las que partir: podemos irnos a una relación de arquetipos de Jung, a una relación ampliada y mejorada, podemos hacer más caso a Vogler, pasar absolutamente de todos ellos para tomar como referencia a nuestros amigos o conocidos, tirar del eneagrama, de la teoría de los personajes de colores o del horóscopo chino...

Métodos que nos ofrecen moldes de barro sobre los que esculpir hasta afinar bien el personaje hay tantos como ladrillos en la muralla china, pero siempre ocurre lo mismo, si no se es capaz de darle algo característico a cada personaje, algo que lo lleve a un punto en el que aunque reconozcamos claramente el arquetipo no nos importe, estaremos errando. 

O más que equivocándonos caeremos en algo que siempre me parece un tanto peligroso y es que todo lo que haya que comentar de un personaje es que recuerda a Fulano o a Mengano de la obra X. 

El mangaka Sumito Owara no cae para nada en eso, ni siquiera está cerca. Sus Midori, Sayaka y Tsubame forman un trío tan peculiar como bien construido. Personalidades diferentes muy bien cimentadas con posibilidades abiertas para un buen arco de transformación y con la suficiente personalidad para que no se te pase por la cabeza en ningún momento nada similar a "esto me recuerda a..."

Tres protagonistas con pesos muy equilibrados en una trama ideal para cualquiera que disfrute del metalenguaje fílmico sobre tres estudiantes que harán lo imposible para que les dejen montar su propio club de animación en el que dar rienda suelta a su imaginación y a su talento. 

Sin duda seguiré la serie.