miércoles, 21 de julio de 2021

Making Conan (2) - Gilipollas

Soy gilipollas, no hay otra explicación posible. Si no fuese así hubiese mandado a este tío al carajo hace por lo menos quince años y me habría quedado tan a gusto. Mira que mi marido me lo había advertido, «no merece la pena, Otto, solo te va a dar disgustos». Vaya si tenía razón. 

La primera vez que le conocí estábamos en una feria europea. No recuerdo si era Boloña o Frankfurt, una de los dos. Se me acercó medio temblando y con un portafolio inmenso. En aquel entonces seguir paseando originales gigantes metidos en carpetas difíciles de transportar ya era absurdo, podía llevarse todo metido en una tablet de doscientos euros, te ahorrabas el estar cargando con un armatroste varios días y de paso no parecías un maldito snob que se cree más artista que nadie por mancharse las manos de tinta.

En aquellas láminas gigantescas había muy buenos trabajos, las cosas como son. Sobre todo una serie de ilustraciones eróticas muy bien construidas y muy bien pensadas. No era el típico rollo chabacano, pero tampoco era pretencioso, no quería vender una falsa sofisticación ni jugaba con conceptos manidos, era algo mucho más cotidiano.

Hablamos sobre ello y me dijo un par de cosas que me convencieron enseguida. La primera era que estaba dispuesto a currar mucho, que necesitaba tener presión y cierto estrés para rendir en condiciones. Eso me gustó. En aquel entonces estaba harto de pintamonas que me ponían mil excusas para no entregar a tiempo.

La segunda fue que no estaba cerrado a ningún estilo ni tipo de publicación. Le daba igual hacer libros infantiles, cómics de superhéroes o ilustraciones para revistas porno y eso, viendo la calidad que tenía, era una ventaja muy grande porque me permitiría mover sus trabajos por todas partes. Y alguien siempre pica.

Es verdad que nos caímos bien. Qué coño, hasta le tuve durmiendo en casa varias semanas cuando se encontró a su novia a horcajadas sobre su mejor amigo y no tenía ni un triste sótano en el que meterse. Pero ahora... después de década y media solo lo aguanto por una mezcla de pena y costumbre.


Tienes que conseguirme un Conan, Otto me espetó sin terminar de masticar la carne. Todo el mundo está haciendo uno, habla con Glènat o con los italianos, con quien sea, pero tienes que conseguirme eso.


Tenía que haberle dicho que se fuese a la mierda en aquel mismo instante. Hubiese sido lo mejor para los dos. Cada vez que a uno de estos se le mete una idea obsesiva en la cabeza la cagan. A Marisa le pasó con lo del young adult. «Quiero avanzar al ritmo de mis lectores, si crecieron conmigo quiero acompañarles y que me sigan leyendo». Ahora se gasta el cuarenta por ciento de los royalties en terapia y un buen pico en antidepresivos. Y a Nico casi lo mismo, pero con lo de dejar el cómic y dedicarse solo a la ilustración. No sirve y ¿qué quiere que le haga yo, que le enseñe a tomar decisiones? Bastante tengo con lo que tengo.

Intenté convencer a Jota de mil maneras diferentes. Tengo por ahí cosillas de concept para alguna serie de esas que pueden reventarlo o quedarse en nada, pero eso no nos importa, está bien pagado y dan tiempo de sobra. Le hablé también de unos alemanes que quieren invertir muy fuerte en una plataforma de webtoons y se rio en mi cara.


Joder, Otto, te he hecho ganar mucha pasta, me lo debes.


Lo dicho. Soy un gilipollas. Treinta años soportando los egos de gente que se creen verdaderos adalides del arte popular y encima siempre que pueden me espetan que se lo debo. ¿Y lo que ellos me deben a mí? ¿Qué pasa con eso, eh? Putos desagradecidos.

Antes de dormir, Mario siempre me pregunta lo mismo, «¿hoy estás orgulloso de tu día?». Muchas veces la respuesta es que sí, hay días malos, claro, incluso hay semanas horribles, pero en el balance total sigo teniendo más días buenos que malos.

Pero hoy no. Justo hoy me siento muy mal conmigo mismo. He recurrido a contactos de esos a los que no se debe recurrir mucho. Y no lo he hecho por mí, ha sido por Jota. He pedido disculpas tantas veces que me sentía como un mayordomo del siglo pasado en casa de una duquesa eslovaca. Me he rebajado tanto que seguro que nada más colgar el teléfono se han partido el culo de risa.


Te van a hacer una prueba. le dije por teléfono reprimiendo mucho mi rabia te van a pasar guion de uno de los de siempre y te dan dos o tres semanas para entregar.


No, no, tío, no me entendiste bien, voy a hacerlo como autor completo. Gracias, te paso las pruebas esas en unos...


Y colgué.


Se acabó, le pedí ayuda a Mario y lo bloqueé en todas partes, en redes, en chats y en cualquier sitio, hasta insinué la posibilidad de mudarnos. Siempre he querido vivir en Madrid, quizás este sea el mejor momento. Podríamos tener un apartamento cerca del Retiro. Algo sin muchos lujos, pero que permita salir a dar un paseo por las tardes y esperar el par de años que faltan para jubilarme con calma y yendo de museos siempre que me apetezca.

Mi marido dice que se me pasará, que seguro que en unos días ya le estoy llamando para meterlo en vereda otra vez. Que me armaré de paciencia, le explicaré bien la situación, volveré a ejercer como un sustitutivo de la figura paterna, nos daremos un abrazo y pagaré los gintonics.

Yo no lo tengo tan claro. De todos los niñatos insufribles a los que he tenido que soportar, Jota es el que más me pone de los nervios, es soberbio, arrogante y siempre da por hecho que sabe más que los demás, así que si le aguanto esto es solo porque una vez más demostraré mi esencia: soy gilipollas.