sábado, 3 de julio de 2021

Making Conan (1) - Debería

Debería estar haciendo un Conan, todo el mundo está haciendo uno. La verdad es que no termino de entender por qué. Me parece bien, en serio, pero veo como mucho fetichismo en el hecho de coger un personaje que está explotado durante ocho décadas y seguir explotándolo ahora en decenas de nuevas versiones. El Conan de Fulano, el Cimmerio de Mengano. No sé, quizás soy yo. Pero debería hacer uno. Podría darle una vuelta. Dios, me odio a mí mismo por utilizar esa expresión, me recuerda a las veces que llama Otto por teléfono para comentar cualquier mierda de los guiones. «Dale una vuelta», menudo hijo de puta. ¿Qué querrá decir con eso? Imagino que si lo dice será por algo, pero jamás ha sabido aportar nada concreto después de decirlo. 

    Mi Conan puede ser muy diferente. Lo actualizaría, le quitaría testosterona. O no. Yo qué sé. Eso es lo típico que diría cualquier tipo que se creyese muy guay y le encargasen un Conan. A mí no me lo han encargado. No me lo va a pedir nadie. Sería absurdo. «¿Por qué no le encargamos un Conan al tipo ese, sí, ya sabes, el que sacó el tebeo aquel el año pasado?». No me quiero deprimir. Solo me estoy preguntando si debería hacer un tebeo del bárbaro o no.

    Creo que va ganando el no. 

    A lo mejor podría llevármelo a un terreno totalmente diferente. Meterlo en un universo cyberpunk en el que realmente no existe sino que solo es un montón de datos dentro de un servidor de un juego masivo de rol multijugador del que lucha por salir contra todo tipo de seres virtuales. 

    Sería una buena excusa para hacerle luchar contra dinosaurios, flotas espaciales, nazis y zombies demoníacos. Llevármelo al pulp, desacralizarlo, quitarle ese aura de «oh, Conan, qué pasada». Es nostalgia. Otra vez. Como siempre. A veces me dan ganas de coger a toda esa peña flipada porque hacen un reboot de He-Man en 2021 y meterlos en un auditorio grande y obligarles a ver películas que no tengan más de tres años hasta que vomiten toda esa añoranza. Y de quemarles los muñecos, también me dan ganas de eso, aunque quizás no debería decirlo, tampoco soy nadie para juzgar las parafilias de los demás.

    Puede que me anime. 

    Puedo ser irreverente. Hacer que venga un villano gigantesco y sodomice a Conan durante cinco años solo para hacerle ver como un don nadie y al final, justo cuando todo el mundo esté esperando la gran venganza, hacer que el tipo se muera de un ataque al corazón porque era hipertenso y además de follar mucho lo comía todo con muchísima sal. Sería gracioso. O no. 

    Tengo que empezar a hacer más caso a mi terapeuta. No tengo por qué hacer de todo un drama. Tampoco puedo pasarme la vida enfadado. Si no me gusta que se ponga de moda hacer versiones y más versiones de lo mismo combatirlo haciendo la mía en plan enfant terrible no va a ser de utilidad para nadie. 

    Aunque tampoco es que se pueda decir que haya hecho muchas cosas de utilidad antes. Bah, mira, ya lo pensaré luego. He quedado con Otto para comer. Dice que tenemos que hablar de una nueva propuesta de no sé qué editorial que quiere entrar en el mundo juvenil haciendo una inversión fuerte. 

    De primeras le dije que los mandase a la mierda. Cada vez que escucho a gente hablando sobre «hacer grandes inversiones» empieza a dolerme un riñón. Es como un pinchazo agudo. Me recuerda inmediatamente al tipo aquel que contrató a un autor para lanzar su campaña de crowdfunding porque no quería dar la cara. Antonio. Menudo personaje. «Voy a meter en mi proyecto más de ocho mil euros en publicidad en varios idiomas, va a ser un pelotazo». Recaudó menos de doscientos dólares y se borró de todas las redes sociales. No volví a saber nada más de él y la gente hizo lo de siempre, una palmadita en la espalda, una frase random de apoyo y a mamarla, tío, búscate la vida. 

    Pero Otto es muy pesado. Insiste en que esto no tiene nada que ver, en diez minutos soltó que si «grandes grupos», «plataformas» y que si «estudios de animación». Estoy por apostarme con él tres chupitos de cianuro y si al final todo se queda en nada, uno para él, otro para su marido y el tercero para su abuela que tampoco iba a durar mucho faltándole la ayuda de ellos dos. 

    Voy a pegarme una ducha, antes he hablado de mí mismo como enfant terrible y me siento sucio, debería decir muchas menos gilipolleces. Quizás el agua me dé alguna buena idea para lo de Conan. Espera, creo que tengo algo, podría hacer un metacómic sobre un autor obsesionado con crear su propia adaptación. Está tan metido en ese rollo que acaba perdiendo un poco la cabeza. En sueños se ve a sí mismo recibiendo un montón de alabanzas por su obra, pero en realidad está en un brote psicótico hiperchungo que hace que termine en un psiquiátrico. Allí dentro mezcla escenas de espada y brujería con las locuras de los internos y acaba siendo retenido y aislado por intentar decapitar a una de las enfermeras. 

    No sé, no termina de funcionar. 

    Después le preguntaré a Otto, a veces tiene buenas ideas. Aquella vez que me contó lo de su universo de superhéroes me dejó alucinando. Quizás deberíamos retomarlo. O mezclar las dos cosas, eso también podría valer. Sería diferente, Conan yendo por ahí con peña con poderes. Espera, me suena que algo de eso ya se ha hecho. Tengo que hacerme un póster. Uno de esos que cubra media pared, puedo ir a imprimirlo al sitio aquel del centro. Siempre me atendían bien y eran capaces de no parecer gilipollas a pesar de estar ocho horas atendiendo imbéciles. «No eres especial, así que deja de intentar parecerlo» creo que quedará guay en el salón.