viernes, 27 de agosto de 2021

Batsy - Una historia de Batman

Hace mucho tiempo, durante el confinamiento de la primavera de 2020, alguna gente nos propusimos sacar un fanzine que de alguna forma tratase lo horrible que estaba siendo todo y ofreciese un punto de vista que arrojase un mínimo de esperanza aunque fuese desde el sarcasmo. 

El enorme Fran P. Lobato y yo (que en algún momento estrenaremos DREAMBRAKER) nos decidimos a hacer una historia de Batman para quitarnos la espinita de que alguna vez en la vida hay que hacer algo con el murciélago. El fanzine nunca salió porque a veces pasan cosas, pero nosotros seguimos adelante igual con las cinco páginas.

Cinco páginas que nos llegaron para crear nuestro Batsy, nuestra Catwoman, el Joker o Harley Quinn. 

¡Ahí van!













jueves, 22 de julio de 2021

Clan Sanaka (2) - El trasvase - Azumi Sanaka

Quería quedarme embarazada. Podría haberme acostado con cualquiera de los hombres de papá, estoy segura de que varios de ellos me deseaban, pero eso me convertiría en la amante de un sicario. Eso es una mierda. La hija del jefe convertida en poco más que el objeto preferido de un matón. Algunos dirían que sería al revés, que él estaría a mi disposición, que sería mi trofeo. Eso es que no saben cómo funciona esta sociedad. Las mujeres no decidimos, no poseemos, no hacemos más que lo que nos dicen y nos mantenemos al margen.

    Antes de los Sints teníamos cierto poder, controlábamos nuestros úteros y decidíamos cuándo íbamos a continuar la especie. Al menos me gusta pensarlo así. Pero puede que no sea cierto. Puede que las mujeres hayamos estamos sometidas tanto tiempo que le cambiamos el nombre a la sumisión. La disfrazamos de empoderamiento y nos creímos que la revolución había vencido. No sé. Apenas puedo pensar con claridad. Estoy muerta, ni siquiera debería poder pensar.


    Decidí tener un hijo híbrido. Parece ser que eso rozaba los límites de la moralidad. Papá podía tener cientos de esclavas sexuales con aspecto de niñas de parvulario, eso no le importaba a nadie. Decían que si satisfacía sus perversiones con un Sint no lo haría con una humana de verdad. Mientras se follase inteligencias artificiales en cuerpos sintéticos no habría problema. El debate se creó con la siguiente evolución. Sints varones con la capacidad de almacenar semen. Para los primeros modelos era un efecto estético. Decían que a la gente que se acostaba con ellos les gustaba que eyaculasen, lo hacía todo más real. Hasta que a algún ingeniero se le ocurrió una idea: por qué no hacer que ese esperma fuese real, que tuviese la capacidad de concebir. Y lo hicieron. Hasta los liberales pusieron el grito en el cielo. Se abría un campo nuevo. Hombres y mujeres reales procreando con Sints.


    Nadie me apoyó dentro del Clan. Los Sanaka —como su nombre indica— son una retahíla de vejestorios con pensamientos arcaicos. No podían comprender que no quisiese vincularme a un padre humano. Que prefiriese utilizar a un Sint al que poder desconectar cuando me diese la gana. Me dijeron que recurriese a la inseminación artificial como se hacía en el siglo XX. Que acudiese a uno de esos repugnantes bancos de esperma y me inseminasen en un quirófano como si estuviese enferma. Estaba sana, era joven, deseable, por qué iba a querer un niño que saliese de una probeta.


    Tuve que hacerlo por mi cuenta, me escapé. Me fui a Berlín, tardé un día y medio en localizar el modelo de Sint que me interesaba y lo alquilé durante dos noches. Follamos como locos. Le pedí que me hiciese todo lo que incluyese el catálogo. Le dejé muy claro que quería ser madre, así que tenía que inyectarme su caldo genético por el método tradicional. No hubo problema alguno, lo hizo de buena gana. Después guardé su número, le hice tres o cuatro fotos para enseñarle a mi hijo y le dije que ya nos veríamos. Se enfadó, me dijo que se sentía utilizado, que esperaba que al menos pudiese ver a su vástago de vez en cuando. Joder, me reí a carcajadas. Cada vez hacen más reales a estas cosas.


    De vuelta en casa se lo conté a todos. Motofumi, como buen hermano mayor, no le dio demasiada importancia, se preocupó por mi y me garantizó que no me pasaría nada, ahora llevaba un Sanaka más en el vientre. Papá no se portó tan bien, dejó de hablarme durante tres meses. Aún no puedo comprender que un hombre tan inmoral como él se hubiese ofendido por algo así.


    Mi vientre se hinchó, me crecieron los pechos y noté la vida dentro de mí. Empecé a darme cuenta de que iba a ser madre. Iba a cuidar a un bebé, a enseñarle. Sería responsable de su educación y de su salud. Y lo haría sola. Por eso empecé a informarme todos los días. Me enganché al Caudal desde mi puerto propio, ya casi ni me acordaba de cómo se hacía. Busqué toda la información disponible sobre bebés y encontré auténticos tratados sobre el tema de todas las épocas. Pero casi todos hablaban de bebés totalmente humanos. Y el mío era híbrido. Apenas había información sobre híbridos. Solo maldiciones y condenas de los más puristas. Un asco.


    Tuve que profundizar mucho en la búsqueda, introducirme en los callejones del Caudal. Eso es lo que me condenó. Acudí a perfiles de manipuladores genéticos, de traficantes de órganos sintéticos y de supuestos expertos en procreación artificial. Mis patrones de pensamiento les parecieron muy jugosos. Una Sanaka, la más joven del Clan, paseando sus impulsos neuronales por los recovecos más oscuros del Caudal. Oro puro para quien supiese aprovecharlo.


    Intentaron abrir una celda. Es algo que los hackers llevan intentando hacer durante décadas. Es un forma de invertir el Caudal. Cuando un usuario accede tiene a su disposición toda la información que su perfil le permita, pero es un canal sólo de ida. El Caudal solo recibe del usuario un nombre, una dirección del puerto de acceso y un índice de velocidad de sus patrones de pensamiento para saber a qué velocidad puede recibir los datos que solicita. Sin esa información se nos freiría el cerebro en un momento porque entraría todo a la vez y no seríamos capaces de procesarlo. Las celdas crearon una vía nueva. Consiguieron abrir una compuerta desde la que otro usuario puede colarse y obtener cualquier información que busque en tu memoria. Pero es muy peligroso, en teoría puede llegar a funcionar sin dañar a nadie, pero en la práctica siempre ha fallado. El Caudal interpreta esa apertura como un puerto nuevo y empieza a mandar el doble de información al usuario de la que puede asimilar. Si la celda se cierra rápido todo se queda en un susto, un shock temporal y nada más. Pero si se mantiene abierta demasiado tiempo, el usuario atacado sufre un colapso y muere recibiendo cantidades ingentes de datos.


    Y así lo hicieron, mientras buscaba diferencias entre amamantar a un niño humano o hacerlo con un niño híbrido, me abrieron una celda, apenas me enteré. Noté nada más que un pequeño pinchazo cerca de la nuca y un mínimo espasmo en un dedo de la mano derecha. Cuarenta y cinco segundos más tarde mi cerebro empezó a morir. Recibí de golpe todas las entrevistas, todos los artículos científicos y las opiniones de todo el mundo sobre la gestación humano—sintética. Supe que me llamaban cerda inmoral, puta nacarada, furcia artificial y lechera del demonio. Me ofrecieron todos los perfiles posibles de niñeras y de asistentes al parto e incluso recibí las cartas de disculpa que mi padre escribió, pero nunca se atrevió a enviar.


    Me mataron con un tsunami de información imposible de asimilar. Y ni siquiera sé si se llevaron algo por la celda que abrieron.


    Pero todo eso ya da igual. Acabo de abrir los ojos. Estoy muerta. No debería tener ojos. Floto en una gelatina verduzca. Soy apenas una cabeza sin pelo, trato de respirar pero es inútil, no tengo pulmones que llenar de aire. Solo soy una cabeza, un busto sobre una pasta blanda. Espera. Algo se mueve. Noto algo que serpentea bajo mi nuca. Muevo los ojos todo lo que puedo y las veo. Son lombrices grises. Muy largas, son como tenias metálicas y están reconstruyendo mi cuerpo. Están creándome de nuevo. No lo entiendo. Soy humana. Al cien por cien. ¿Por qué estoy flotando en esta baba con bichos? Veras tú cuando sepan los religiosos que la muerte es esto.


    Se enciende una luz. Es muy potente. Blanca. Suenan pasos. Puedo ver y escuchar, joder, los muertos no hacen eso. Espero que no.


Hola, Azumi —casi no puedo verlo, es un hombre— me alegra que hayas llegado.


    Mierda. Mis ojos se acostumbran al fogonazo, estoy empezando a distinguir la figura del hombre que me habla. Mierda. No me lo puedo creer. Es papá.


Tranquila, deja que termine el trasvase, es mejor que lo hagas en calma— me dice sonriente.


Pe... pero... se supone que estoy muerta, ¿verdad?


Sí, hija, sí, has muerto. A mí me mataron hace cuatro años ya. Y tu hijo también ha muerto contigo. ¿Pero creías que era tan fácil deshacerse de los Sanaka?


    Se ríe. A carcajadas.


    Se calla de golpe, se separa un poco del recipiente y sale de la habitación. Se apaga la luz. La pasta verdosa refulge y lo llena todo de un brillo muy potente. Las lombrices trabajan cada vez más rápido, ya casi tengo los brazos completos. Noto como tejen mis músculos. Hago un esfuerzo por levantar la cabeza, necesito ver dónde estoy. Me cuesta mucho, los tendones del cuello son nuevos. Lo veo. Frente a mí. Se descuelga del techo como si fuese la vaina de una judía gigante. Es otro recipiente lleno de esta mucosidad y de lombrices mecánicas trabajando a toda velocidad. Están creando un cuerpo. Es un bebé. Es mi niño. Es mi hijo. Estábamos muertos, pero ya no lo estamos. Lloro. Puedo hacerlo porque acaban de crearme un lacrimal nuevo.

miércoles, 21 de julio de 2021

Clan Sanaka (1) - El entierro - Motofumi Sanaka

Han venido desde Tokyo. La vergüenza no podría ser mayor. Llevamos décadas diciéndoles que somos un gran clan y que controlamos todos los negocios turbios de la nueva sociedad. Tenemos asesinos, prostitutas, dealers e ingenieros. Aún manejamos el mercado de Sints modificados previos a la variable Pinnochio. Podemos organizar muertes limpias, ofrecemos cualquier tipo de perversión sexual o te conseguimos la droga que más te apetezca a cambio de un puñado de créditos. 

Pero vivimos bajo tierra, en los viejos túneles del metro de una ciudad que antiguamente se llamaba Madrid y que hoy en día va cambiando de nombre tan rápido como quiera la corporación que la domina. 

La línea en la que nos instalamos es la más profunda. Mi padre bromeaba a menudo conmigo y con mis hermanos. Nos decía que solo unos metros más abajo vivía un dragón y que si le ofrecíamos un buen trato, nos ayudaría a derrotar a nuestros enemigos. No existe ningún dragón. Mis hermanos murieron por una sobrecarga neuronal enganchados al Caudal General. Estaban buscados por la PDI como miembros del Clan, detectaron sus patrones de pensamiento en una conexión cualquiera y les frieron el cerebro. Azumi buscaba información sobre los primeros meses de lactancia de un niño híbrido. Estaba embarazada de un Sint. Kova estaba tratando de romper la seguridad de una plataforma de crédito. Quería apostar en Las Arenas y no le quedaba un pentel. Ahora ninguno de los dos puede ayudarme a enterrar a papá.

Recuerdo que hace tres décadas se empeñó en que fuese a estudiar en uno de los programas de las Corporaciones. Decía que si no aprendía lo que ellos enseñaban, si no comprendía la manera que tienen de educar a las masas, jamás podría contraatacar. Me inscribí en BioTecnología e Implantes. Lo ofrecía Xiamu Tech, que fue absorbida un lustro después por Greenwalk, los desarrolladores del primer cableado del Caudal General. Aprendí mucho, eso es innegable. Puedo instalar un brazo mecánico en casi cualquier organismo vivo y conseguir que tenga casi total autonomía. Podría incluso sustituir un ojo humano por una prótesis con el tiempo suficiente, los utensilios necesarios y una buena dosis de algo que me equilibrase el pulso. Pero todo eso está obsoleto. La misma palabra «prótesis» es algo arcaico. Solo existe algo parecido en mercados tan ocultos que ni siquiera los controlamos nosotros. Ahora todo se hace de otra manera. Tal como hicieron conmigo. 

Hace tres años perdí un brazo en un accidente. Tenía prisa. Había ido a recoger un paquete de información al otro extremo de la ciudad. Necesitábamos que no estuviese digitalizada para evitar un robo o una alteración. Así que recurrimos al papel aún sabiendo que está prohibido. Todo era muy simple, entrar, recoger un maletín y marcharse. Y así fue, pero la mala suerte quiso que nada más pisar la calle un hombre tropezase conmigo, el maletín salió por los aires, cayó al suelo, se abrió y esparció decenas de papeles delante de todo el mundo. La gente gritó como si estuviesen viendo un asesinato. Es curioso pensar lo idiotas que nos hemos vuelto. Gritaban y señalaban: ¡Papeles, papeles! Nunca he estado en un circo, pero debía parecerse a aquello, un espectáculo absurdo. Recogí lo más rápido que pude y eché a correr como loco. Me atropellaron. Un Sint en moto. Meses más tarde averigüé que era un Sint en nómina de Greenwalk, papá decía que era una casualidad, pero también fue papá quien me enseñó que esas cosas no existen. 

Perdí el brazo. Quise que me instalasen una prótesis, me dijeron que ya nadie las llevaba, que no era aconsejable y que ahora se empleaban métodos mucho mejores. Me inocularon un V—1934T, un virus tecnólogico. Metieron en mi sangre cientos de nanobots que se encargaron de reconstruirme el brazo desde dentro y además, como si fuese un obsequio, esa nueva extremidad me permitiría tener un punto de acceso limpio al Caudal General. Me habían convertido en una terminal. Y hasta ahí todo bien, pero hubo un efecto secundario, un puñado de nanobots se quedó estancado en una arteria, es algo poco habitual, normalmente terminan el trabajo y se expulsan con la orina, pero esta vez hubo un problema. Algo provocó que se les acabase la autonomía antes de salir del cuerpo. Quedaron flotando en el torrente sanguíneo y llegaron hasta un punto en el que colapsaron. Perdí la visión total del ojo izquierdo y un sesenta por ciento del ojo derecho. Tengo acceso a toda la información del mundo desde mi brazo, puedo comprobar en menos de un segundo qué tiempo hace en otro continente, cuáles son los beneficios de una gran Corporación en el último año o qué modelo de Sint debo adquirir si me gusta la cocina europea, pero soy incapaz de afeitarme sin trazar un patrón de movimiento para mi brazo. Si lo hiciese a “simple vista” acabaría rodeado de mi propia sangre. 

El asunto de los papeles se solucionó bien. Papá se encargó de que los Magistrados a los que llegó la denuncia considerasen aquellas hojas como una pieza de coleccionismo digna de estar en un museo. Ni siquiera leyeron lo que ponía en ellas. Nadie quiso echarles un vistazo. Un hijo del gran Sanaka aparece con un maletín lleno de papel, lo mejor será no preguntar. Ese era el poder de papá. Y ahora está muerto.

Rodeado de ratas. En un túnel húmedo y repugnante. En las paredes hay hileras de azulejos que algún día fueron blancos. Tenemos pantallas por todas partes que nos traen información del exterior. Somos lombrices, hormigas, insectos. Un día tuvimos la Torre Sanaka, el edificio más impresionante de la ciudad. Ahora apenas quedamos cincuenta hombres y mujeres fieles a una idea: no vamos a dejar que las Corporaciones ganen esta guerra. Los Sints son nuestro pecado y su exterminio será nuestra redención. Pero ¿cómo lo vamos a hacer? ¿cómo demonios vamos a derrotar algo tan poderoso? No lo sé, aún tengo mucho por hacer antes de dedicarme a la guerra. Ya enterré a dos hermanos, ahora toca enterrar a papá. 

Pasamos dos días decorando una de las viejas estaciones. Colocamos flores rojas conformando un pasillo. Sintéticas, por supuesto, ya nadie cultiva flores vivas. Quitamos la luz artificial y pusimos una hilera de grandes cirios que al menos daban un poco de calidez a un momento tan sombrío. El primero en hablar fue Josef, secretario personal de papá durante la última década. Dijo que había sido un hombre amable y comprensivo. Que siempre le había tratado bien y que incluso se había ofrecido a apadrinar a su tercer hijo. Era mentira. Todo. Papá había contratado a Josef porque le gustaba su mujer, de hecho le gustaba tanto que se acostaba con ella y le obligaba a mirar. Yo tengo bastante claro que ese hijo que papá se negó a apadrinar es en realidad mi hermanastro, pero no tengo ganas de comprobarlo, bastantes familiares he perdido ya. 

Después habló Rika, una de las ingenieras que modificaba Sints para cometer crímenes. Agradeció al Clan Sanaka la posibilidad de tener un laboratorio propio que le permitió convertirse en toda una eminencia. Se inclinó ante el ataúd y besó la frente del cadáver. Fue un acto bonito. Melodramático, pero bonito. 

Y después me tocó a mi. 


—Sanaka significa antiguo, que procede de la antigüedad. Los nacidos bajo este nombre poco común, son hombres y mujeres de gran sabiduría. Están predestinados a grandes cosas, a ser referentes si deciden adentrarse en el mundo de las artes y a ser inmensos si se dedican a los negocios. Mi padre fundó este Clan y le puso su nombre: Sanaka. Y ahora ya no está él para mostrarnos su grandeza. Nos ha dejado una gran tarea: recordar su nombre por siempre. Debemos honrar lo que significa y recuperar nuestro lugar allá arriba. Vamos a salir de los túneles, puede que tardemos en conseguirlo, pero volveremos a la superficie, entraremos en la Torre Sanaka y demostraremos que sigue siendo nuestra. 

Me emocioné. En un principio iba a fingir la emoción, pero conseguí emocionarme de una vez. Hasta que escuché los aplausos. Secos, lentos, rodeados de silencio, solo clap, clap, clap, clap. 


—Perfecto, primo, un gran discurso, sí señor.


Había venido desde Tokyo. Que vergüenza. Mi primo Kosuke acababa de llegar. Sin previo aviso, rodeado de cinco mujeres de aspecto amenazante y con ese tono sarcástico tan reconocible. Ahora sabe que somos poco más que conejos asustados en su madriguera. Qué vergüenza, qué terrible vergüenza.  


Clan Sanaka (0) - La variable Pinnochio

Año 49, primer trimestre.

Teníamos que hacerlo, intentamos eliminar la variable Pinnochio para no morir a manos de los Sints. Nos equivocamos, ya lo habían previsto.

Quince años antes resolvimos nuestros problemas energéticos. En una década paliamos la mitad de los efectos de la catástrofe ambiental. El cielo seguía oscurecido y la lluvia seguía teniendo altos niveles de acidez, pero al menos ya podíamos respirar sin tener que filtrar el aire. Lo dimos por concluido y nos dedicamos a otra cosa. Decidimos que teníamos una cuenta pendiente con la realidad aumentada.

Invertimos todo nuestro afán investigador en generar nuevas formas de vivir y de emocionarnos. Al principio fueron las comunicaciones. Establecimos maneras impensables de transmitir datos a velocidades de sinapsis neuronal. Las computadoras inteligentes del pasado no eran más que un chiste. Ahora los aparatos incluían una Bomba NaK, un circuito de Sodio y otro de Potasio que hacía fluir el reguero de información y además lo aceleraba. Los ordenadores, los teléfonos y las pantallas pensaban con la misma rapidez que nosotros. Ahí empezó todo.

Quisimos llevar la Bomba Nak a la robótica. En pocos años nacieron los Sints, vidas sintéticas con protocolos precisos. Se empezó por otorgarles funciones peligrosas. Se encargaban de la maquinaria pesada, de la extracción de Linium y de comandar exploraciones en solitario a regiones nuevas. Teníamos que haber parado ahí pero no fuimos capaces, nunca lo hemos sido.

Hideo Watanabi, el padre de la Bomba Nak, empezó a elaborar un programa en secreto: le llamó Yukionna. Con él pretendía crear una nueva generación de Sints incluyéndolos en la vida cotidiana. Cuando terminó el trabajo se atrevió a presentarlo en sociedad. Hubo algunas voces que advirtieron de sus peligros, pero las grandes corporaciones no dudaron ni un instante de que sería un éxito. Podían crearse Sints para la cocina, para la limpieza, para el entretenimiento, para la compañía, para el sexo.

Existía un catálogo inmenso de posibilidades, se podía elegir el color de piel o de los ojos, la longitud del cabello, lo definido de los músculos, el tamaño de los pechos o la cantidad de palabras que podían decir al día. Sints al servicio de la humanidad para facilitarnos las cosas, ese era el espíritu de Yukionna.

Pero Hideo no tenía previsto lo que ocurrió. Llegó el mercado negro al mundo sintético. El Clan Sanaka consiguió modificar la composición genética de algunos. Fue un desastre. En el año 44, los Sints cometieron más de tres mil asesinatos que quedaron sin juzgar. No se podía culpar directamente a una vida sintética de sus actos y el rastro para llegar hasta quien había ordenado el crimen era indetectable.

Preciosas mujeres de rasgos asiáticos, creadas para estimular las perversiones de tipos adinerados, se habían convertido en máquinas de matar capaces de degollar a un hombre con un tessen o de apuñalarlo con unos saibashi.

Se intentó parar la producción de Sints, pero las corporaciones se negaron, dijeron que eliminarlos a todos no era una solución, era un cataclismo, había que buscar otra opción.

Watanabi propuso una solución: la variable Pinnochio. Se trataba de introducir en los Sints una pizca de humanidad, algo que los alejase de cumplir ordenes sin más y los llevase a una nueva evolución en la que razonar antes de tomar decisiones.

Para ello había que dotarlos de una memoria sensitiva y emocional, generar recuerdos y enseñanzas que les permitiesen distinguir el bien del mal. No se les daba libre albedrío, pero sí que se les otorgaba la capacidad de decidir antes de cometer un acto atroz. Eso ya permitía que se les pudiese juzgar. Además fuimos implacables, si un Sint cometía ahora cualquier mínimo desliz se le ejecutaba en la plaza pública.

En el 48, el Clan Sanaka desistió y dejó de emplear a los Sints para matar, ahora ya no tenía sentido. El mayor de sus Señores, adelantado al resto de la humanidad, decidió apartar cualquier rastro de vida sintética de su organización, decía que en poco tiempo podría ser peligroso.

A los pocos meses, la variable Pinnochio se transformó. La manera de incluir a los Sints en sociedad ya no tenía que seguir los viejos protocolos, ahora, dotados de capacidad moral, ya no era necesario advertir a nadie de que se estaban introduciendo en sus círculos. A tu lado, en el trabajo, en un pub, haciendo un viaje o comiendo en un puesto callejero podía estar un Sint y nadie tenía por qué saberlo.

Llegó la paranoia, había maridos que acusaban a sus esposas de no ser humanas. Jefes que hacían limpiezas genéticas en sus empresas. Mujeres que desconfiaban de sus propios hijos. Así que se tomó la gran decisión: la variable Pinnochio desaparecería.

Pero no se pudo hacer, los Sints sabían qué se pretendía hacer con aquello. Sería una vuelta a los tiempos de la esclavitud. Limpiar, cocinar, matar y follar sin poder decir nada, sin establecer ninguna condición y sin saber si se estaba haciendo algo malo. Y por eso lo impidieron y fueron más allá.

Los presidentes de las corporaciones fueron asesinados en sus casas y sus cadáveres fueron expuestos como muestra de fuerza.

Watanabi trató de convencer a su compañera Sint, de que todo aquello era un error. La había llamado Yukionna en honor a su primer programa. Tenía el rostro muy blanco, los labios rojos y los ojos en gris metálico. Había aprendido a disfrutar del baile y de la interpretación y, sobre todo, le gustaba maquillarse como una mujer de otra época.


—Esto no puede ser Yuki, no podéis eliminar a quien os ha creado, es antinatural —dijo Hideo casi suspirando.


—Todos los dioses duermen bajo los pies de sus creaciones —replicó ella con frialdad antes de deslizar el tessen por el cuello del creador.


La muerte de las corporaciones y de Watanabi fue el principio. En pocos meses los Sints tomaron el control de sus propias fábricas.

Justo antes de terminar el 49, como regalo de fin de año, decretaron el exterminio de tres cuartas partes de la población humana. El resto serían destinados a las labores más duras.

Ahora solo el Clan Sanaka, escondidos bajo tierra, en los viejos túneles del metro de Tokyo,  son la única esperanza de la humanidad. Estamos en manos de asesinos brutales y sin escrúpulos. Como siempre. 

Making Conan (2) - Gilipollas

Soy gilipollas, no hay otra explicación posible. Si no fuese así hubiese mandado a este tío al carajo hace por lo menos quince años y me habría quedado tan a gusto. Mira que mi marido me lo había advertido, «no merece la pena, Otto, solo te va a dar disgustos». Vaya si tenía razón. 

La primera vez que le conocí estábamos en una feria europea. No recuerdo si era Boloña o Frankfurt, una de los dos. Se me acercó medio temblando y con un portafolio inmenso. En aquel entonces seguir paseando originales gigantes metidos en carpetas difíciles de transportar ya era absurdo, podía llevarse todo metido en una tablet de doscientos euros, te ahorrabas el estar cargando con un armatroste varios días y de paso no parecías un maldito snob que se cree más artista que nadie por mancharse las manos de tinta.

En aquellas láminas gigantescas había muy buenos trabajos, las cosas como son. Sobre todo una serie de ilustraciones eróticas muy bien construidas y muy bien pensadas. No era el típico rollo chabacano, pero tampoco era pretencioso, no quería vender una falsa sofisticación ni jugaba con conceptos manidos, era algo mucho más cotidiano.

Hablamos sobre ello y me dijo un par de cosas que me convencieron enseguida. La primera era que estaba dispuesto a currar mucho, que necesitaba tener presión y cierto estrés para rendir en condiciones. Eso me gustó. En aquel entonces estaba harto de pintamonas que me ponían mil excusas para no entregar a tiempo.

La segunda fue que no estaba cerrado a ningún estilo ni tipo de publicación. Le daba igual hacer libros infantiles, cómics de superhéroes o ilustraciones para revistas porno y eso, viendo la calidad que tenía, era una ventaja muy grande porque me permitiría mover sus trabajos por todas partes. Y alguien siempre pica.

Es verdad que nos caímos bien. Qué coño, hasta le tuve durmiendo en casa varias semanas cuando se encontró a su novia a horcajadas sobre su mejor amigo y no tenía ni un triste sótano en el que meterse. Pero ahora... después de década y media solo lo aguanto por una mezcla de pena y costumbre.


Tienes que conseguirme un Conan, Otto me espetó sin terminar de masticar la carne. Todo el mundo está haciendo uno, habla con Glènat o con los italianos, con quien sea, pero tienes que conseguirme eso.


Tenía que haberle dicho que se fuese a la mierda en aquel mismo instante. Hubiese sido lo mejor para los dos. Cada vez que a uno de estos se le mete una idea obsesiva en la cabeza la cagan. A Marisa le pasó con lo del young adult. «Quiero avanzar al ritmo de mis lectores, si crecieron conmigo quiero acompañarles y que me sigan leyendo». Ahora se gasta el cuarenta por ciento de los royalties en terapia y un buen pico en antidepresivos. Y a Nico casi lo mismo, pero con lo de dejar el cómic y dedicarse solo a la ilustración. No sirve y ¿qué quiere que le haga yo, que le enseñe a tomar decisiones? Bastante tengo con lo que tengo.

Intenté convencer a Jota de mil maneras diferentes. Tengo por ahí cosillas de concept para alguna serie de esas que pueden reventarlo o quedarse en nada, pero eso no nos importa, está bien pagado y dan tiempo de sobra. Le hablé también de unos alemanes que quieren invertir muy fuerte en una plataforma de webtoons y se rio en mi cara.


Joder, Otto, te he hecho ganar mucha pasta, me lo debes.


Lo dicho. Soy un gilipollas. Treinta años soportando los egos de gente que se creen verdaderos adalides del arte popular y encima siempre que pueden me espetan que se lo debo. ¿Y lo que ellos me deben a mí? ¿Qué pasa con eso, eh? Putos desagradecidos.

Antes de dormir, Mario siempre me pregunta lo mismo, «¿hoy estás orgulloso de tu día?». Muchas veces la respuesta es que sí, hay días malos, claro, incluso hay semanas horribles, pero en el balance total sigo teniendo más días buenos que malos.

Pero hoy no. Justo hoy me siento muy mal conmigo mismo. He recurrido a contactos de esos a los que no se debe recurrir mucho. Y no lo he hecho por mí, ha sido por Jota. He pedido disculpas tantas veces que me sentía como un mayordomo del siglo pasado en casa de una duquesa eslovaca. Me he rebajado tanto que seguro que nada más colgar el teléfono se han partido el culo de risa.


Te van a hacer una prueba. le dije por teléfono reprimiendo mucho mi rabia te van a pasar guion de uno de los de siempre y te dan dos o tres semanas para entregar.


No, no, tío, no me entendiste bien, voy a hacerlo como autor completo. Gracias, te paso las pruebas esas en unos...


Y colgué.


Se acabó, le pedí ayuda a Mario y lo bloqueé en todas partes, en redes, en chats y en cualquier sitio, hasta insinué la posibilidad de mudarnos. Siempre he querido vivir en Madrid, quizás este sea el mejor momento. Podríamos tener un apartamento cerca del Retiro. Algo sin muchos lujos, pero que permita salir a dar un paseo por las tardes y esperar el par de años que faltan para jubilarme con calma y yendo de museos siempre que me apetezca.

Mi marido dice que se me pasará, que seguro que en unos días ya le estoy llamando para meterlo en vereda otra vez. Que me armaré de paciencia, le explicaré bien la situación, volveré a ejercer como un sustitutivo de la figura paterna, nos daremos un abrazo y pagaré los gintonics.

Yo no lo tengo tan claro. De todos los niñatos insufribles a los que he tenido que soportar, Jota es el que más me pone de los nervios, es soberbio, arrogante y siempre da por hecho que sabe más que los demás, así que si le aguanto esto es solo porque una vez más demostraré mi esencia: soy gilipollas.  


sábado, 3 de julio de 2021

Making Conan (1) - Debería

Debería estar haciendo un Conan, todo el mundo está haciendo uno. La verdad es que no termino de entender por qué. Me parece bien, en serio, pero veo como mucho fetichismo en el hecho de coger un personaje que está explotado durante ocho décadas y seguir explotándolo ahora en decenas de nuevas versiones. El Conan de Fulano, el Cimmerio de Mengano. No sé, quizás soy yo. Pero debería hacer uno. Podría darle una vuelta. Dios, me odio a mí mismo por utilizar esa expresión, me recuerda a las veces que llama Otto por teléfono para comentar cualquier mierda de los guiones. «Dale una vuelta», menudo hijo de puta. ¿Qué querrá decir con eso? Imagino que si lo dice será por algo, pero jamás ha sabido aportar nada concreto después de decirlo. 

    Mi Conan puede ser muy diferente. Lo actualizaría, le quitaría testosterona. O no. Yo qué sé. Eso es lo típico que diría cualquier tipo que se creyese muy guay y le encargasen un Conan. A mí no me lo han encargado. No me lo va a pedir nadie. Sería absurdo. «¿Por qué no le encargamos un Conan al tipo ese, sí, ya sabes, el que sacó el tebeo aquel el año pasado?». No me quiero deprimir. Solo me estoy preguntando si debería hacer un tebeo del bárbaro o no.

    Creo que va ganando el no. 

    A lo mejor podría llevármelo a un terreno totalmente diferente. Meterlo en un universo cyberpunk en el que realmente no existe sino que solo es un montón de datos dentro de un servidor de un juego masivo de rol multijugador del que lucha por salir contra todo tipo de seres virtuales. 

    Sería una buena excusa para hacerle luchar contra dinosaurios, flotas espaciales, nazis y zombies demoníacos. Llevármelo al pulp, desacralizarlo, quitarle ese aura de «oh, Conan, qué pasada». Es nostalgia. Otra vez. Como siempre. A veces me dan ganas de coger a toda esa peña flipada porque hacen un reboot de He-Man en 2021 y meterlos en un auditorio grande y obligarles a ver películas que no tengan más de tres años hasta que vomiten toda esa añoranza. Y de quemarles los muñecos, también me dan ganas de eso, aunque quizás no debería decirlo, tampoco soy nadie para juzgar las parafilias de los demás.

    Puede que me anime. 

    Puedo ser irreverente. Hacer que venga un villano gigantesco y sodomice a Conan durante cinco años solo para hacerle ver como un don nadie y al final, justo cuando todo el mundo esté esperando la gran venganza, hacer que el tipo se muera de un ataque al corazón porque era hipertenso y además de follar mucho lo comía todo con muchísima sal. Sería gracioso. O no. 

    Tengo que empezar a hacer más caso a mi terapeuta. No tengo por qué hacer de todo un drama. Tampoco puedo pasarme la vida enfadado. Si no me gusta que se ponga de moda hacer versiones y más versiones de lo mismo combatirlo haciendo la mía en plan enfant terrible no va a ser de utilidad para nadie. 

    Aunque tampoco es que se pueda decir que haya hecho muchas cosas de utilidad antes. Bah, mira, ya lo pensaré luego. He quedado con Otto para comer. Dice que tenemos que hablar de una nueva propuesta de no sé qué editorial que quiere entrar en el mundo juvenil haciendo una inversión fuerte. 

    De primeras le dije que los mandase a la mierda. Cada vez que escucho a gente hablando sobre «hacer grandes inversiones» empieza a dolerme un riñón. Es como un pinchazo agudo. Me recuerda inmediatamente al tipo aquel que contrató a un autor para lanzar su campaña de crowdfunding porque no quería dar la cara. Antonio. Menudo personaje. «Voy a meter en mi proyecto más de ocho mil euros en publicidad en varios idiomas, va a ser un pelotazo». Recaudó menos de doscientos dólares y se borró de todas las redes sociales. No volví a saber nada más de él y la gente hizo lo de siempre, una palmadita en la espalda, una frase random de apoyo y a mamarla, tío, búscate la vida. 

    Pero Otto es muy pesado. Insiste en que esto no tiene nada que ver, en diez minutos soltó que si «grandes grupos», «plataformas» y que si «estudios de animación». Estoy por apostarme con él tres chupitos de cianuro y si al final todo se queda en nada, uno para él, otro para su marido y el tercero para su abuela que tampoco iba a durar mucho faltándole la ayuda de ellos dos. 

    Voy a pegarme una ducha, antes he hablado de mí mismo como enfant terrible y me siento sucio, debería decir muchas menos gilipolleces. Quizás el agua me dé alguna buena idea para lo de Conan. Espera, creo que tengo algo, podría hacer un metacómic sobre un autor obsesionado con crear su propia adaptación. Está tan metido en ese rollo que acaba perdiendo un poco la cabeza. En sueños se ve a sí mismo recibiendo un montón de alabanzas por su obra, pero en realidad está en un brote psicótico hiperchungo que hace que termine en un psiquiátrico. Allí dentro mezcla escenas de espada y brujería con las locuras de los internos y acaba siendo retenido y aislado por intentar decapitar a una de las enfermeras. 

    No sé, no termina de funcionar. 

    Después le preguntaré a Otto, a veces tiene buenas ideas. Aquella vez que me contó lo de su universo de superhéroes me dejó alucinando. Quizás deberíamos retomarlo. O mezclar las dos cosas, eso también podría valer. Sería diferente, Conan yendo por ahí con peña con poderes. Espera, me suena que algo de eso ya se ha hecho. Tengo que hacerme un póster. Uno de esos que cubra media pared, puedo ir a imprimirlo al sitio aquel del centro. Siempre me atendían bien y eran capaces de no parecer gilipollas a pesar de estar ocho horas atendiendo imbéciles. «No eres especial, así que deja de intentar parecerlo» creo que quedará guay en el salón.