sábado, 30 de abril de 2022

Goya. Saturnalia - Opiniones poco fundadas (III)

GOYA. SATURNALIA

Manuel Gutiérrez y Manuel Romero

Fernando VII está considerado por muchos historiadores como el rey más nefasto de entre todos los que han pasado por el trono de España. Sus maniobras políticas le llevaron a forzar la abdicación de Carlos IV, a intentar emparentarse con Napoleón o, ya siendo monarca, a abolir la Constitución y abrazar un absolutismo que a otros reyes les había costado la cabeza literalmente. 

En el resto de sus facetas, el indeseable “deseado”, contrajo matrimonio hasta en cuatro ocasiones. Sus tres primeras reinas eran totalmente incapaces de lidiar con su excesiva fogosidad (no olvidemos que era un Borbón), ni tampoco con sus atributos que le valieron el sobrenombre de “el Mayor Ariete del Reino”. Condición esta última de la que se pavoneaba cada vez que visitaba el prostíbulo de Pepa la Malagueña, uno de los más famosos de la capital. 

El monarca era un putero consumado, un populista de manual y un hedonista muy poco preocupado por cualquier asunto de estado. 

Entendiendo un poco el contexto que genera el tener a tal elemento como monarca y la podredumbre política, social y cultural que eso ocasiona, es mucho más sencillo acercarse al Goya. Saturnalia de Manuel Gutiérrez y Manuel Romero. 

Jugando con el tiempo, los autores hacen un recorrido por varios años clave en la historia de España, pero también en la vida y obra de Francisco de Goya. Desde el 1808 y la invasión de los franceses, pasando por el regreso de Fernando VII en 1814 hasta, por supuesto, los años del pintor aragonés en la Quinta del Sordo. 

Y ahí será donde Gutiérrez y Romero sacarán toda su artillería tratando de averiguar lo que ocurre en la cabeza de un genio cuando la rabia y la frustración se apoderan de su alma. 

Existen varias obras que han indagado en esta etapa de Goya en la que surgieron las Pinturas negras, pero ninguna posee la lírica de este cómic. Y es que ya recibimos un aviso en la portadilla donde se nos dice que vamos a leer «una fuga en cinco movimientos». 

Goya. Saturnalia es un cómic que se disfraza de sinfonía, que maneja un compás melódico y conjuga a la vez tantas artes diferentes que uno podría llegar a confundirse sobre qué tiene entre manos. Pero no nos engañemos, es un CÓMIC. En mayúsculas, sí, porque exprime al máximo las capacidades del lenguaje de las viñetas y no lo hace por el simple juego en sí, lo hace con intención de transmitir y de emocionar. 

Y lo consigue, es apabullante, delicioso, terrorífico por momentos y melodioso en otros, pero sobre todo es uno de los mejores acercamientos que se pueden leer sobre la frustración de un artista y cómo esa frustración lo acerca a la locura. 

Quien se acerque a esta obra buscando un biopic al uso se sentirá profundamente decepcionado y, aún así, si conoce aunque sea por encima parte de la biografía de Goya, encontrará motivos para quedarse y disfrutar de todo lo que propone. 

Manuel Gutiérrez y Manuel Romero han creado una oda al subtexto en la que es tan importante lo que se ve y lo que se dice como lo que no está y lo que se calla o incluso lo que no se escucha. 

Todo ello para reflexionar sobre lo que libera y lo que condena en el arte, sobre el compromiso político de los artistas y la necedad absoluta (nunca mejor dicho) de las clases dirigentes. 

Una mirada al pasado que da que pensar y, eso, en cualquier lectura, siempre es de agradecer. 

Goya. Saturnalia. Manuel Gutiérrez y Manuel Romero. Edita (muy bien) Cascaborra y cuesta 20 euros. 

Puntuación: cada vez que le pones nota a un tebeo estás un poco más cerca del infierno, deja de hacerlo.  



viernes, 14 de enero de 2022

¡No te metas con el club de cine! - Opiniones poco fundadas (II)

Mi experiencia como lector de manga es entre regulera y mala, por eso llevo varios meses cogiendo títulos casi al azar cada vez que visito a mi librero. Todavía no sé muy bien qué es lo que busco, sé que quiero recuperar el rollito de seguir algunas series y que esa sensación ya no me la van a dar ni los súpers ni el shonen más machacón. Además, estoy dando mis primeros pasos como «guionista de mangas» (si es que eso significa algo diferente a lo que he hecho hasta ahora) y necesito empaparme de muchas cosas. 

El caso es que quería ante todo sorprenderme, algo que me sacase del «bah, está bien» y me llevase a algo mucho más ilusionante y este No te metas con el club de cine lo ha conseguido por muchos motivos. 

Cuando estudiaba cine, allá por el pleistoceno antiguo, había un tipo de películas que siempre conseguían hacerme disfrutar: aquellas en las que se veían rodajes y jugaban al metalenguaje y al cine dentro del cine hasta romper una barrera. En aquel entonces me apasionaban cosas como Cautivos del mal, La noche americana o la divertidísima Vivir rodando

Más adelante, ese gusto por lo meta hizo que el docudrama Looking for Richard dirigido por Al Pacino se convirtiese en una de mis pelis favoritas de todos los tiempos. 

Trasladar todo eso a un cómic que nos pega muy buenos meneos entrando y saliendo de las ficciones con total naturalidad me parece un acierto muy difícil de conseguir. Pero las bondades de No te metas con el club de cine no terminan ahí. 

A la hora de escribir un cómic, si se quiere hacer de forma más o menos ordenada y dejando un poco de lado la visita de las musas, es bastante normal tomarse un tiempo para pensar en estructuras, temática o creación de personajes. 

Para esto último existen infinidad de herramientas desde las que partir: podemos irnos a una relación de arquetipos de Jung, a una relación ampliada y mejorada, podemos hacer más caso a Vogler, pasar absolutamente de todos ellos para tomar como referencia a nuestros amigos o conocidos, tirar del eneagrama, de la teoría de los personajes de colores o del horóscopo chino...

Métodos que nos ofrecen moldes de barro sobre los que esculpir hasta afinar bien el personaje hay tantos como ladrillos en la muralla china, pero siempre ocurre lo mismo, si no se es capaz de darle algo característico a cada personaje, algo que lo lleve a un punto en el que aunque reconozcamos claramente el arquetipo no nos importe, estaremos errando. 

O más que equivocándonos caeremos en algo que siempre me parece un tanto peligroso y es que todo lo que haya que comentar de un personaje es que recuerda a Fulano o a Mengano de la obra X. 

El mangaka Sumito Owara no cae para nada en eso, ni siquiera está cerca. Sus Midori, Sayaka y Tsubame forman un trío tan peculiar como bien construido. Personalidades diferentes muy bien cimentadas con posibilidades abiertas para un buen arco de transformación y con la suficiente personalidad para que no se te pase por la cabeza en ningún momento nada similar a "esto me recuerda a..."

Tres protagonistas con pesos muy equilibrados en una trama ideal para cualquiera que disfrute del metalenguaje fílmico sobre tres estudiantes que harán lo imposible para que les dejen montar su propio club de animación en el que dar rienda suelta a su imaginación y a su talento. 

Sin duda seguiré la serie.  



lunes, 20 de diciembre de 2021

DREAMBREAKER se pone a la venta HOY

 Hoy mismo se ha puesto a la venta DREAMBREAKER, un cómic con el que tengo una relación muy especial por diferentes motivos. Y como es el mismísimo día del estreno, vamos a hablar de algunos de ellos.


DREAMBREAKER es el primer cómic que hacemos entre Fran P. Lobato y yo, peeeero no fue nuestro primer intento. El proyecto con el que empezamos fue LADRONES y esta es la portada. 


LADRONES estaba ambientada en una sociedad distópica en la que un grupo de rateros escogidos de entre los mejores de su gremio debían enfrentarse contra un terrorista medioambiental. Nos comimos los mocos con cucharón gordo. Recibimos en total cerca de tres docenas de rechazos hasta en tres idiomas diferentes.

Después lo intentamos con THE END con la intención de colocarlo directamente en una plataforma de webtoons francesa. Contábamos la historia de cómo en uno de los últimos videoclubs, su dueña encontraba un reproductor de VHS mágico…


… mágico porque le permitía entrar en las películas y alterarlas. Envuelta en una locura megalómana irrefrenable, Iris, la prota, entra en la gloriosa Kung Fu Masters of Outer Space 3 para darle el final que la convirtiese en la mayor obra maestra del universo. Nos comimos los mocos otra vez, tras varios meses de tira y afloja con el editor nos quedamos en el limbo de las historietas sin hogar.


Así que llevábamos cero de dos. Teníamos muchas ganas de hacer algo juntos, pero no estábamos acertando. Hablamos con Sallybooks cuando supimos que estaban creando una línea nueva, de género y para lectores adultos. Nos dijeron que adelante, que libertad total. Aunque teníamos para elegir fantasía, ciencia ficción o terror y todos los subgéneros que hay por ahí metidos, la premisa que me lanzó Fran fue algo como: “me apetece que haya espadas, sangre y hostias”.

A los pocos días tenía la semilla de una idea asomando por la cabeza. Quería hacer algo de fantasía épica que de alguna forma conectase conmigo, que no fuese un “hacer por hacer”, si lo más importante era hacer un tebeo juntos, tenía que transmitir algo de nosotros mismos…

… y, claro, Fran en ese sentido lo tenía algo más fácil… Pero para lo del guionismo la cosa está algo más complicada. Busqué entre todos los referentes que hicieron que me gustase la fantasía o que me aproximase de algún modo al rol y a los juegos de cartas. En vez de escoger, me propuse hacer algo con todo ello… 

DREAMBREAKER pretende crear algo diferente sobre varias referencias que me han ayudado a convertirme en contador de historias. Por eso tenemos una espada mágica como la STORMBRINGER…


… también recordé aquellas sesiones de Ouija a medio camino entre lo cutre y lo aterrador que realizábamos un grupo de adolescentes con unas velas metidos en un trastero. De ahí que haya invocaciones demoníacas…

... y, claro, no podían faltar las tardes (y días y semanas y meses) probando y probando combinaciones hasta armar los mejores mazos de Magic con los que poder rular de librería en librería compitiendo. Por eso los ataques mágicos locos…


… y hay mucho más, claro (qué voy a decir yo…), referencias a Battlestar Galáctica, a Skyrim o a Outlander, todo lo que hiciese falta para sentirla lo más cerca de mí posible hasta llegar a tatuarme esto y ser el más flipao del puto universo. 


Así que nada, hoy, 20 de diciembre sale DREAMBREAKER y ya lo puedes comprar, solo espero que lo disfrutes tantísimo como nosotros haciéndolo, incluye un buen pedazo de nosotros.   

Puedes adquirirlo directamente aquí: DREAMBREAKER | Cómic | Sallybooks

domingo, 28 de noviembre de 2021

La tercera ley de Newton - Opiniones poco fundadas (I)

Hace muchos años tenía un blog en el que hacía «críticas» de todas las películas que iba viendo en el cine (que no eran pocas) y llegué a pasar de la treintena. Todo aquel material se perdió como un chiquillo que te llevas al centro comercial cuando en realidad estás más interesado en las rebajas del Primark que en hacerle caso. 

El tema es que estoy en un momento vital en el que me apetece mucho hablar de los cómics que me voy leyendo desde mi punto de vista. ¿Y eso qué significa? Pues a ver... soy guionista y soy lector, así que imagino que me quedaré a medio camino entre una perspectiva formal y otra un poco más disfrutona. 

Aviso: todas las reseñas que haré llevarán siempre al final una puntuación, puede que utilice estrellitas, puntos, berenjenas o bombones, lo iré pensando sobre la marcha que tampoco lo he pensado demasiado. 

Aviso dos: todos los comentarios que vaya subiendo pueden contener trazas de spoilers y frutos secos. Si no te gusta que te destripen tebeos, lo siento, pero es muy posible que hable de elementos muy concretos de las tramas a modo de análisis. 

Aviso tres: el fin último de hacer todo esto es doble, por un lado quiero convertirme en un influencer de éxito para que alguna empresa muy famosa me encargue algún trabajo con el que hacerme millonario y, por otro lado, quiero pedir el ingreso en alguna de las asociaciones de críticos para poder votar mis propios tebeos como lo mejor del año. 

Dicho todo esto, vamos al lío. 

LA TERCERA LEY DE NEWTON

 Javier Marquina y Víctor Solana  

Hace muchos muchos años, Prometeo le entregó el fuego a los humanos haciendo que Zeus se enfadase un montón con él porque había prohibido expresamente que les fuese entregado ese don ya que eso haría que se sintiesen cercanos a los Olímpicos e incluso que llegasen a perderles el respeto. 

Como parte del castigo (Zeus era un pelín vengativo y no se contentó con vengarse solo una vez), el hermano de Prometeo recibió como compañera a Pandora, un encanto de muchacha. Era jovial, tierna, amable, amiga de sus amigas... Y solo tenía una condición para vivir una vida plena y sin ningún tipo de dificultad: custodiar un ánfora sellada y no preguntar jamás qué contenía. 

Y claro, el runrún, el ruge ruge, el masca masca, el picorcito... Sea como fuere, un buen día el ánfora se abrió y de allí surgieron un montón de males nacidos de los descendientes de Nix y Érebo y así llegaron al mundo Ponos (las penalidades), Limos (la hambruna), Algos (el dolor), Disnomia (el caos), Pseudea (la mentira), Neikea (los desacuerdos), Anfilogía (las disputas), Macas (las guerras), Hisminai (las batallas), Androctasias (las matanzas) y Fonoi (los asesinatos). Al ver todo ese percal liberado y con un nivel de ansiedad muy alto, Pandora se asomo al interior del ánfora, vio que dentro todavía quedaba un bicho y volvió a sellarla para siempre con la pena de que quien se quedaba dentro era Elpis (la esperanza). 

Nacía en aquel entonces la versión más emblemática de uno de mis tropos preferidos: el demonio en la botella. 

Jugar al demonio en la botella consiste en atrapar un mal poderosísimo (o incluso muchos males terribles) en un recipiente (objeto inanimado o ser vivo) y hacer que alguien lo libere, ya sea de forma fortuita o con la sana intención de iniciar un cataclismo cósmico o incluso de controlar al malvado ente durmiente (esto suele acabar muy mal para los que intentan dominar aquello que sueltan). 

La buena de Pandora no liberó un mal, los liberó todos, pero fue sin querer. Sin embargo tenemos muchos ejemplos en la cultura popular de gente que sí que ha tenido intenciones perversas al traer de vuelta al mundo a entidades apresadas por su inmenso poder. En Dragon Ball está Babidi (hijo de Bibidi) haciendo todo lo posible por liberar al gran Boo, someterlo a su voluntad y dominar al mundo. Y, bueno, le sale regular. 

En la misma serie también se juega el tropo a la inversa, es decir, tenemos a un personaje (Dios tomando la forma del humano Shen) que trata de utilizar el Mafuba, una técnica que consiste en encerrar a alguien en algún tipo de contenedor para atrapar a Piccolo Junior y librar así al mundo de su maldad. También le sale regular...

En «La tercera Ley de Newton», Marquina juega con ese tropo cuando en una noche de fiesta y despendole al estilo madrileño, Belit besa a un tipo dejándose llevar por la euforia del momento, por el alcohol y por el cachondeo. Un instante más tarde, ese mismo tipo ya no es un pringadete más que trataba de ligar en una fiesta, no, nada de eso, ahora es posiblemente el ser más poderoso que existe en el mundo y, no contento con eso, es una representación de la maldad en esencia pura. 

¿Y por qué es solo posiblemente el ser más poderoso? Pues porque existe Eneas, el prota de la historia, un superhéroe que ha estado entre nosotros bastante tiempo y que está, sobre todo, desganao

Ese es el enfoque que hace realmente interesante el trabajo de Marquina y Solana, ¿qué pasaría si estuviésemos en manos de alguien que sencillamente no tiene un buen día? Imaginemos que tenemos dioses. Imaginemos a los Olímpicos mismo por reconectar con el inicio. ¿Qué sería de nosotros si en un momento, cuando ya nos hemos acostumbrado a su protección, a venerarlos y respetarlos y acudir a ellos cuando más lo necesitamos, deciden que ya está bien, que basta ya de sacrificar bueyes y que lo dejan o, peor aún, que van a hacer un reset destruyéndolo todo para comenzar de nuevo?  

Eneas tiene todo ese poder, puede que mucho más y la liberación de Pequeño (al que dan ganas de llamarle Pequeño Hijo de Puta cada vez que asoma por el tebeo) le hace plantearse (una vez más) si ha llegado el momento de jubilarse, de mandarlo todo al carajo o de las dos cosas a la vez. 

Y ahí empieza una ensalada de hostias. 

Bofetones siderales, patadas cósmicas, puñetazos titánicos, sangre, vísceras, edificios reventados, Madrid hecha añicos, más bofetones, más sangre, más vísceras y más hostias. Por momentos hay power ups que te hacen pensar en Vegeta muy enfadao y entrenando como un loco para estar a la altura de Kakarot. En otros te dan ganas de gritarle al papel: ¡¡¡¡KANEEEEEEEDA!!!! y responderte a ti mismo: ¡¡¡¡TETSUUUUUUUO!!!!

Todo podría haberse quedado ahí y ya estaríamos hablando de un trabajo muy destacable. Lo de Víctor Solana es una delicia en cada página y tiene una forma de mostrar la violencia que la hace descarnada y, a la vez, resulta tan espectacular que tienes un grupo de animadoras en el cerebro pidiendo más y más. Eso sí, viendo lo que puede hacer con el color (sí, el cómic tiene una parte en color y otra en blanco y negro) es muy posible que como lector te preguntes varias veces: «¿esto por qué no es entero a color?». 

Pero no se queda ahí. Qué va. 

Marquina se atreve con una reflexión sobre la divinidad de los súpers, el concepto mismo de dios y la moralidad de aquellos que podrían tener un poder infinito. Y eso, para algunos lectores (como yo), es el aspecto clave para meternos de lleno en un género que parece que ya lo ha explotado todo millones de veces y solo nos acercamos cuando de alguna forma se nos hace dar una vuelta más. 

Porque eso es «La tercera Ley de Newton»: café para muy cafeteros, un tebeo que sabe a lo que quiere jugar y despliega un montón de herramientas para ello con un acierto milimétrico  hasta conformar otra vuelta de tuerca para disfrutar una vez más de tropos y conceptos con los que llevamos pasándolo bien miles de años. 

Puntuación: si le pones puntuación a los cómics espero que se te caigan todas las uñas y al agacharte estupefacto a recogerlas te duela mucho la espalda. 

LA TERCERA LEY DE NEWTON está creado por Javier Marquina y Víctor Solana y lo edita Sallybooks. 



jueves, 21 de octubre de 2021

Siete años después...

Hoy se cumplen exactamente siete años desde que se pusiese a la venta mi primer cómic, «Teluria 108», aquella historia de aventuras que ya siento muy lejana dibujada a las mil maravillas por Alejandro Muñoz. 

Desde entonces aprovecho cada 21 de octubre para hacer algo de balance sobre qué demonios (si has leído el Teluria sabrás por qué utilizo tanto esta expresión) ha ido ocurriendo en todo este tiempo e intento ponerlo en algún sitio para ver si así cojo un poco de perspectiva. Creo que de este modo aprendo algo, pero yo qué sé... 

En estos siete años he publicado diecisiete cómics. Diecisiete títulos «largos» que suman en total alrededor de 1500 páginas. A eso hay que sumar colaboraciones en antologías y revistas que sumarían otras 50 páginas más. He trabajado con editoriales como Babylon, The Rocketman Project (ahora Cósmica), Panini, Dolmen, Cascaborra, Nuevo nueve, Retranca... 

Tengo cuatro tebeos publicados en Francia, dos de ellos creados directamente para aquel mercado y otros dos hechos aquí y vendidos como licencia. También hice un cómic para el mercado yanqui y se han traducido obras al portugués y ya en preparación al alemán y al italiano. 

Me han nominado a cosas, a bastantes, la verdad, o al menos yo lo percibo así y también me han dado premios, un par de ellos aquí, uno en Francia y otro en Portugal y siempre los he recibido con cierta sorpresa y una buena dosis de orgullo. 

He participado de forma muy muy muy muy activa en la creación de ARGH, la asociación profesional de guionistas de cómic y desde allí me invitaron a participar en la creación de la Sectorial del Cómic y también estuve muy activo los meses que la salud me lo permitió. 

Hace cinco años que trabajo como docente impartiendo clases de guion en O Garaxe Hermético y eso me permitió continuar con la docencia, algo que me apasiona y por lo que siento verdadera vocación desde que empezase a ejercerla con 23 añitos. Además tengo la inmensa suerte de que eso me permite estar dentro del mundo de las viñetas en toda mi dimensión profesional. 

En las últimas semanas tengo una sensación muy agridulce. Por un lado me apasiona hacer cómics, eso ya no creo que cambie nunca, me encanta escribir, desarrollar, empezar proyectos nuevos y toda la parte creativa. Por otro lado estoy muy harto de todos nosotros. 

Y con ese «todos nosotros» me refiero a autores y autoras, editoriales, distribuidores, librerías, asociaciones, organizaciones, divulgadores y divulgadoras, políticos, redes sociales... 

El haber estado tan metido en las entrañas del mundillo me ha hecho tomar conciencia de una podredumbre que antes podía intuir, pero que ahora he visto y he sentido de forma muy directa. Me he encontrado con esa figura que a veces parece de broma del editor repugnante que te hace juegos de trilero para clavarte un puñal mientras te llama «amigo» con la mejor de sus sonrisas. 

He visto a compañeros traicionándose en vivo y en directo fingiendo compadreo para caer en las deslealtades más sucias. 

Han intentado darme seis millones de lecciones diferentes. Los opinadores diarios convertidos en gurús para sus burbujas, salen día sí y día también a predicar sobre aspectos morales, económicos, culturales, ideológicos... mientras se defiende la libertad de expresión se te dice lo que has de expresar, no vaya a ser... 

Me han colocado algunas etiquetas y, por supuesto, me han negado otras tantas. Soy el «prolífico», el «vigués», el «activo», el «bastante mainstream», el «amateur» o el «omnipresente», pero no me han dejado ser de la «bd galega», ni de «los buenos, buenos». 

No entiendo cómo aguantan el ritmo. 

Me pongo ñoño un rato.

Hace ya un tiempo me encontraron un tumor en un riñón. Durante buena parte de 2020 tuve muchas dificultades para poder realizar las diferentes pruebas para descartar que se tratase de algo cancerígeno. El tema de la pandemia y el desbarajuste total y absoluto de la sanidad pública hicieron que se retrasasen meses y meses. 

Eso me provocó un trastorno de ansiedad muy complicado que me llevó directamente a acudir a terapia psicológica. Gracias a ella he podido salir del pozo en el que estaba. El riñón está bien y está vigilado, el tumor sigue ahí, pero se descartó del todo que sea cáncer. Pero la cabeza todavía necesita recuperación. Me cuido mucho más de lo que me cuidaba en ese sentido y estoy aprendiendo a tomarme las cosas de otra manera. 

Por eso no soporto ni la mitad que antes. Me agotan las poses, las propias y las extrañas. Y mira que intento comprender, empatizar y tirar para delante, pero el umbral de pensar que somos todos unos auténticos imbéciles es cada vez más bajo. 

En fin, esa es la parte agria, pero como decía antes hay una parte dulce. He encontrado amigos y amigas en este tiempo. Y no lo digo por decir, lo comento con toda la relevancia que se le pueda dar a la palabra amistad. 

He sentido orgullo, orgullo del bueno, del de comprobar que algo que he hecho ha servido para algo o que alguna de las cosas que pude enseñar sirvieron para que alguien hiciese un trabajo con el que se sentía mejor.

He recibido apoyo y abrazo en los peores momentos, alguno es cierto que era impostado, que se hizo por cumplir, pero sé que lo hubo muy sincero y sentido. 

Amagué con dejarlo casi tantas veces como me dije que tenía que seguir, cambié de opinión varias veces sobre temas que creía A y luego eran B. 

Intenté hacer algo por mejorar lo que consideraba injusto o por generar oportunidades que a mí no se me dieron. 

Yo qué sé...

No hay una sola manera de describir una travesía que conlleva una implicación emocional diferente en cada parte del viaje. Es más, no debería haberla. 

De momento sé lo que quiero, tomarme un año de descanso, eso lo tengo claro, un año de apartarme un poco del cómic, alejarme del meollo puro y duro. Sé que no será 2022 porque todavía tengo asuntos pendientes, pero espero que sea 2023, por conseguir paz, estabilidad, tranquilidad y, sobre todo, perspectiva. 

viernes, 27 de agosto de 2021

Batsy - Una historia de Batman

Hace mucho tiempo, durante el confinamiento de la primavera de 2020, alguna gente nos propusimos sacar un fanzine que de alguna forma tratase lo horrible que estaba siendo todo y ofreciese un punto de vista que arrojase un mínimo de esperanza aunque fuese desde el sarcasmo. 

El enorme Fran P. Lobato y yo (que en algún momento estrenaremos DREAMBRAKER) nos decidimos a hacer una historia de Batman para quitarnos la espinita de que alguna vez en la vida hay que hacer algo con el murciélago. El fanzine nunca salió porque a veces pasan cosas, pero nosotros seguimos adelante igual con las cinco páginas.

Cinco páginas que nos llegaron para crear nuestro Batsy, nuestra Catwoman, el Joker o Harley Quinn. 

¡Ahí van!













jueves, 22 de julio de 2021

Clan Sanaka (2) - El trasvase - Azumi Sanaka

Quería quedarme embarazada. Podría haberme acostado con cualquiera de los hombres de papá, estoy segura de que varios de ellos me deseaban, pero eso me convertiría en la amante de un sicario. Eso es una mierda. La hija del jefe convertida en poco más que el objeto preferido de un matón. Algunos dirían que sería al revés, que él estaría a mi disposición, que sería mi trofeo. Eso es que no saben cómo funciona esta sociedad. Las mujeres no decidimos, no poseemos, no hacemos más que lo que nos dicen y nos mantenemos al margen.

    Antes de los Sints teníamos cierto poder, controlábamos nuestros úteros y decidíamos cuándo íbamos a continuar la especie. Al menos me gusta pensarlo así. Pero puede que no sea cierto. Puede que las mujeres hayamos estamos sometidas tanto tiempo que le cambiamos el nombre a la sumisión. La disfrazamos de empoderamiento y nos creímos que la revolución había vencido. No sé. Apenas puedo pensar con claridad. Estoy muerta, ni siquiera debería poder pensar.


    Decidí tener un hijo híbrido. Parece ser que eso rozaba los límites de la moralidad. Papá podía tener cientos de esclavas sexuales con aspecto de niñas de parvulario, eso no le importaba a nadie. Decían que si satisfacía sus perversiones con un Sint no lo haría con una humana de verdad. Mientras se follase inteligencias artificiales en cuerpos sintéticos no habría problema. El debate se creó con la siguiente evolución. Sints varones con la capacidad de almacenar semen. Para los primeros modelos era un efecto estético. Decían que a la gente que se acostaba con ellos les gustaba que eyaculasen, lo hacía todo más real. Hasta que a algún ingeniero se le ocurrió una idea: por qué no hacer que ese esperma fuese real, que tuviese la capacidad de concebir. Y lo hicieron. Hasta los liberales pusieron el grito en el cielo. Se abría un campo nuevo. Hombres y mujeres reales procreando con Sints.


    Nadie me apoyó dentro del Clan. Los Sanaka —como su nombre indica— son una retahíla de vejestorios con pensamientos arcaicos. No podían comprender que no quisiese vincularme a un padre humano. Que prefiriese utilizar a un Sint al que poder desconectar cuando me diese la gana. Me dijeron que recurriese a la inseminación artificial como se hacía en el siglo XX. Que acudiese a uno de esos repugnantes bancos de esperma y me inseminasen en un quirófano como si estuviese enferma. Estaba sana, era joven, deseable, por qué iba a querer un niño que saliese de una probeta.


    Tuve que hacerlo por mi cuenta, me escapé. Me fui a Berlín, tardé un día y medio en localizar el modelo de Sint que me interesaba y lo alquilé durante dos noches. Follamos como locos. Le pedí que me hiciese todo lo que incluyese el catálogo. Le dejé muy claro que quería ser madre, así que tenía que inyectarme su caldo genético por el método tradicional. No hubo problema alguno, lo hizo de buena gana. Después guardé su número, le hice tres o cuatro fotos para enseñarle a mi hijo y le dije que ya nos veríamos. Se enfadó, me dijo que se sentía utilizado, que esperaba que al menos pudiese ver a su vástago de vez en cuando. Joder, me reí a carcajadas. Cada vez hacen más reales a estas cosas.


    De vuelta en casa se lo conté a todos. Motofumi, como buen hermano mayor, no le dio demasiada importancia, se preocupó por mi y me garantizó que no me pasaría nada, ahora llevaba un Sanaka más en el vientre. Papá no se portó tan bien, dejó de hablarme durante tres meses. Aún no puedo comprender que un hombre tan inmoral como él se hubiese ofendido por algo así.


    Mi vientre se hinchó, me crecieron los pechos y noté la vida dentro de mí. Empecé a darme cuenta de que iba a ser madre. Iba a cuidar a un bebé, a enseñarle. Sería responsable de su educación y de su salud. Y lo haría sola. Por eso empecé a informarme todos los días. Me enganché al Caudal desde mi puerto propio, ya casi ni me acordaba de cómo se hacía. Busqué toda la información disponible sobre bebés y encontré auténticos tratados sobre el tema de todas las épocas. Pero casi todos hablaban de bebés totalmente humanos. Y el mío era híbrido. Apenas había información sobre híbridos. Solo maldiciones y condenas de los más puristas. Un asco.


    Tuve que profundizar mucho en la búsqueda, introducirme en los callejones del Caudal. Eso es lo que me condenó. Acudí a perfiles de manipuladores genéticos, de traficantes de órganos sintéticos y de supuestos expertos en procreación artificial. Mis patrones de pensamiento les parecieron muy jugosos. Una Sanaka, la más joven del Clan, paseando sus impulsos neuronales por los recovecos más oscuros del Caudal. Oro puro para quien supiese aprovecharlo.


    Intentaron abrir una celda. Es algo que los hackers llevan intentando hacer durante décadas. Es un forma de invertir el Caudal. Cuando un usuario accede tiene a su disposición toda la información que su perfil le permita, pero es un canal sólo de ida. El Caudal solo recibe del usuario un nombre, una dirección del puerto de acceso y un índice de velocidad de sus patrones de pensamiento para saber a qué velocidad puede recibir los datos que solicita. Sin esa información se nos freiría el cerebro en un momento porque entraría todo a la vez y no seríamos capaces de procesarlo. Las celdas crearon una vía nueva. Consiguieron abrir una compuerta desde la que otro usuario puede colarse y obtener cualquier información que busque en tu memoria. Pero es muy peligroso, en teoría puede llegar a funcionar sin dañar a nadie, pero en la práctica siempre ha fallado. El Caudal interpreta esa apertura como un puerto nuevo y empieza a mandar el doble de información al usuario de la que puede asimilar. Si la celda se cierra rápido todo se queda en un susto, un shock temporal y nada más. Pero si se mantiene abierta demasiado tiempo, el usuario atacado sufre un colapso y muere recibiendo cantidades ingentes de datos.


    Y así lo hicieron, mientras buscaba diferencias entre amamantar a un niño humano o hacerlo con un niño híbrido, me abrieron una celda, apenas me enteré. Noté nada más que un pequeño pinchazo cerca de la nuca y un mínimo espasmo en un dedo de la mano derecha. Cuarenta y cinco segundos más tarde mi cerebro empezó a morir. Recibí de golpe todas las entrevistas, todos los artículos científicos y las opiniones de todo el mundo sobre la gestación humano—sintética. Supe que me llamaban cerda inmoral, puta nacarada, furcia artificial y lechera del demonio. Me ofrecieron todos los perfiles posibles de niñeras y de asistentes al parto e incluso recibí las cartas de disculpa que mi padre escribió, pero nunca se atrevió a enviar.


    Me mataron con un tsunami de información imposible de asimilar. Y ni siquiera sé si se llevaron algo por la celda que abrieron.


    Pero todo eso ya da igual. Acabo de abrir los ojos. Estoy muerta. No debería tener ojos. Floto en una gelatina verduzca. Soy apenas una cabeza sin pelo, trato de respirar pero es inútil, no tengo pulmones que llenar de aire. Solo soy una cabeza, un busto sobre una pasta blanda. Espera. Algo se mueve. Noto algo que serpentea bajo mi nuca. Muevo los ojos todo lo que puedo y las veo. Son lombrices grises. Muy largas, son como tenias metálicas y están reconstruyendo mi cuerpo. Están creándome de nuevo. No lo entiendo. Soy humana. Al cien por cien. ¿Por qué estoy flotando en esta baba con bichos? Veras tú cuando sepan los religiosos que la muerte es esto.


    Se enciende una luz. Es muy potente. Blanca. Suenan pasos. Puedo ver y escuchar, joder, los muertos no hacen eso. Espero que no.


Hola, Azumi —casi no puedo verlo, es un hombre— me alegra que hayas llegado.


    Mierda. Mis ojos se acostumbran al fogonazo, estoy empezando a distinguir la figura del hombre que me habla. Mierda. No me lo puedo creer. Es papá.


Tranquila, deja que termine el trasvase, es mejor que lo hagas en calma— me dice sonriente.


Pe... pero... se supone que estoy muerta, ¿verdad?


Sí, hija, sí, has muerto. A mí me mataron hace cuatro años ya. Y tu hijo también ha muerto contigo. ¿Pero creías que era tan fácil deshacerse de los Sanaka?


    Se ríe. A carcajadas.


    Se calla de golpe, se separa un poco del recipiente y sale de la habitación. Se apaga la luz. La pasta verdosa refulge y lo llena todo de un brillo muy potente. Las lombrices trabajan cada vez más rápido, ya casi tengo los brazos completos. Noto como tejen mis músculos. Hago un esfuerzo por levantar la cabeza, necesito ver dónde estoy. Me cuesta mucho, los tendones del cuello son nuevos. Lo veo. Frente a mí. Se descuelga del techo como si fuese la vaina de una judía gigante. Es otro recipiente lleno de esta mucosidad y de lombrices mecánicas trabajando a toda velocidad. Están creando un cuerpo. Es un bebé. Es mi niño. Es mi hijo. Estábamos muertos, pero ya no lo estamos. Lloro. Puedo hacerlo porque acaban de crearme un lacrimal nuevo.