17 abr. 2017

Aventuras de un guionista de cómics que no sabe dibujar (I) - Los inicios (07 - 10)

Mientras atravieso uno de esos momentos vitales que se podrían considerar como "relevantes", ya que empiezo a estar más cerca de los cuarenta que de los treinta, me he propuesto hacer una pequeña revisión de lo que va siendo mi "trayectoria" en esto de hacer tebeos.

Conste que no es más que un pequeño divertimento y, al igual que hice en su día con mi pseudodocumental "Relato de mis fracasos musicales", no busco nada más que hacer un poco de memoria, recopilar anécdotas y, sobre todo, darme cuenta de todo lo que me costó poder llegar a un método de trabajo que resulte más o menos efectivo.

Porque creo que la clave es esa: encontrar un método, una forma de hacer las cosas que permita compaginar proyectos diferentes sin volverse loco, sin perder demasiado tiempo y que sea lo suficientemente efectivo.

Así que vamos allá. Arrancamos con la pantalla en negro, suena una musiquilla como de viajar en un tren lento y la voz en off de Morgan Freeman (también conocido como Michael Caine) dice: Aventuras de un guionista de cómics que no sabe dibujar, -hay un pequeño silencio-, Capítulo Primero: los inicios (07 - 10).

Sube la música un instante y encabalga mi voz en off:

Si tuviese que hablar de mi relación con los cómics y definirla con una sola palabra diría que es: cambiante. 

No estoy seguro de cuál fue el primer cómic que tuve entre las manos, pero sí que recuerdo que los primeros que leí con atención fueron unos Súper López (La Caja de Pandora y Los Cabecicubos), algunos Mortadelos (Chapeau el esmirriau y Magín el Mago) y varios Don Miki. Después vinieron los Astérix, muchos Astérix, algún Tintín suelto y poco más.

Tuvieron que pasar varios años hasta que empecé a interesarme por otros tebeos. El primer cambio diría que se produjo con el género de la parodia y el humor. Recuerdo los Dragon Fall, los Fan Letal/Fan con nata y sobre todo los Groo, los tomos que publicaba Planeta y que me hacían reír a más no poder.

Pero no seguía ninguna serie. Y ahí es donde vino el primer gran cambio, con las series. 

Los Astérix y los Mortadelos ya los tenía en casa o los compraba sueltos aprovechando algún viaje o pidiendo algún Súper Humor a los reyes, los Groo los iba comprando cuando juntaba pasta suficiente para pillar un tomito y recuerdo que también me compraba cosillas de Lobo porque me parecía súper macarra y eso molaba. Pero la primera serie fue Masacre, el volumen 3 (después me compré los dos primeros). Eso ya fue partir la pana a tope.


Números cortos, que me los leía en menos de veinte minutos y que me tenía que esperar un mes para leer el siguiente. Yo no lo sabía, pero me estaba enganchando a algo que era brutal: la necesidad de saber más de una historia.

Masacre molaba mucho. Muchísimo. Por aquel entonces no sabía mucho de superhéroes, había leído cosas sueltas de Batman, de Spiderman y de otros, pero Masacre no se parecía en nada a todo aquello. Era diferente.

Comprar aquella serie me llevó a querer interesarme mucho por el Universo Marvel. Por aquel entonces no se podía recurrir, o al menos no en mi casa, a San Google, para enterarme de quiénes eran Hulk o Iron Man. Sabía quiénes eran los X Men porque había visto la serie de animación en galego, conocía a Spiderman por otra serie de animación y nada más. Así que me pillé una de esas "enciclopedias marvel de supergente" y aluciné. 

Así empecé a conocer cada vez más sobre el mundo superheroico, Me lancé con otra serie más: Thunderbolts y me pillé todo el primer volumen completo mes a mes. Por el camino fui descubriendo un montón de cosas y cuando quise darme cuenta me había convertido en un pequeño coleccionista de tebeos de gente en mallas. 


Sin duda ese fue el gran cambio, pasar de comprar cosillas sueltas a hacerme una lista de qué tenía que comprar mes a mes para no perderme nada de lo que quería conseguir. 

Así estuve durante varios años. Ya entrando en los 2000, más o menos en 2003, Planeta sacó un coleccionable en tapa dura de los X Men, el de la Era de Apocalipsis en doce tomos naranjas. Aquella fue mi primera colección completa y la que me hizo darme cuenta de lo bonita que quedaba una colección terminada en la estantería. Y es que además molaba tanto, le habían dado una vuelta completa a lo poco que sabía del universo de los mutantes y habían creado una historia brutal. 

A finales de ese mismo año me matriculé en la escuela de cine. Allí estudié durante un par de años, para empezar a trabajar en esa misma escuela al curso siguiente. Y en esa época fue mi primer contacto más o menos "serio" con el guión y con la escritura. 

Entre varios amigos del barrio montamos un proyecto muy loco en 2007, la revista Xogo Descuberto, como expresión escrita del colectivo de mismo nombre. Allí dábamos rienda suelta a nuestras opiniones, practicábamos la crítica social y compaginábamos la protesta y la literatura a partes iguales. 

Para la revista escribí mucho, hice editoriales, opiné de todo lo que me apeteció y tomé contacto por primera vez con escribir algo parecido a un cómic. Formando tándem creativo con Davida, creamos algunos intentos de lo que pretendían ser una especie de tiras humorísticas.

Llevaban por título "El Vengador del Pollo Frito" y eran una serie de chistes sobre la figura de Ramoncín y su función de perseguidor de todo aquel que vulnerase los principios y valores de su amada Sociedad de Autores. 


Vistas ahora resultan "curiosas", pero en el momento nos hacían reír bastante. 

Por otro lado, también dentro de Xogo Descuberto, se llevó a cabo una historia seriada: "Ciudad Gris". En una especie de cadáver exquisito, escribí los dos primeros capítulos de una historia para que después fuesen continuados por quien mandase la "mejor" continuación. 

Así se hizo en el tercer capítulo, en el cuarto volví a publicar yo, el quinto ya estaba otorgado y el sexto volvería a ser mío en formato de tebeo. ¿Y a qué viene todo esto? Pues a que si aquellas tiras cómicas fueron mi primera aproximación a contar algo en viñetas, el guión del capítulo seis de Ciudad Gris sería mi primer guión de cómic como tal. 

El programa elegido fue el Celtx y fue la primera y la última vez que lo utilicé para escribir un guión. 

En aquel guión primigenio, en aquel intento torpe de hacer algo parecido al guión de un tebeo cometí un montón de errores básicos y que creo que mucha gente comete cuando empieza. 


Eran sólo tres páginas y las tres tenían el mismo esquema. Era como si entendiese la acción en una serie de momentos congelados dentro de una cuadrícula a la que después añadir diálogos inmensos y también una maravillosa muestra de un "diálogo de ida y vuelta"

CORA
mi hermano viene dentro

MATEO
¿tu hermano?

CORA
sí, mi hermano Juan y es un pirata

MATEO
¿un pirata?

Continuaba un poco más, pero me da vergüenza. 


En fin, tras el intento fallido de poder continuar aquella versión "transmedia/cadáver exquisito" de Ciudad Gris (aunque años más tarde esta historia tuvo una segunda oportunidad), mi participación en Xogo Descuberto (a la que añoro y dentro de poco rendiré un merecido homenaje por su décimo aniversario) trajo un intento más de hacer un cómic: Juan Cosa

Juan Cosa, fue un guión de cortometraje que escribí en 2009 y que entre Davida y yo intentamos convertir en un cómic de 48 páginas en blanco y negro. Y lo conseguimos. O casi. 



En realidad yo no me involucré demasiado en la "adaptación", sucedieron por el camino muchas cosas a nivel personal que me impidieron poder centrarme del todo y, además, a finales de 2010, con buena parte del cómic por hacer, me mudé a Madrid para estudiar en la Factoría del Guión. 


Davida siguió trabajando por su cuenta hasta terminar las 48 páginas, pero desgraciadamente nunca nos pusimos de acuerdo sobre la mejor manera de poder sacarlo a la luz. Parece que ni pudimos ni quisimos buscar un punto de encuentro y el trabajo se quedó metido en un cajón. 

En esos meses de finales de 2010 empecé el guión de algo completamente diferente, algo que sí que ya se podría considerar el primer gran intento de hacer un guión de cómic con todas las de la ley, algo llamado BlindTown, pero eso es otra historia. 

     
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