24 mar. 2017

Clan Sanaka - Capítulo 1 - El entierro

Han venido desde Tokyo. La vergüenza no podría ser mayor. Llevamos décadas diciéndoles que somos un gran clan, que controlamos todos los negocios turbios de la nueva sociedad. Tenemos asesinos, prostitutas, dealers e ingenieros. Aún manejamos el mercado de Sints modificados previos a la variable Pinnochio. Podemos organizar muertes limpias, ofrecemos cualquier tipo de perversión sexual o te conseguimos la droga que más te apetezca a cambio de un puñado de créditos.

Pero vivimos bajo tierra, en los viejos túneles del metro de una ciudad que antiguamente se llamaba Madrid y que hoy en día va cambiando de nombre tan rápido como quiere la Corporación que la domina.

La línea en la que nos instalamos es la más profunda. Mi padre bromeaba a menudo conmigo y con mis hermanos. Nos decía que sólo unos metros más abajo vivía un dragón, y que si le ofrecíamos un buen trato, nos ayudaría a derrotar a nuestros enemigos. No existe ningún dragón. Mis hermanos murieron por una sobrecarga neuronal enganchados al Caudal General. Estaban buscados por la PDI como miembros del Clan, detectaron sus patrones de pensamiento en una conexión cualquiera y les frieron el cerebro. Azumi buscaba información sobre los primeros meses de lactancia de un niño híbrido. Estaba embarazada de un Sint. Kova estaba tratando de romper la seguridad de una plataforma de crédito. Quería apostar en Las Arenas y no le quedaba un pentel. Ahora ninguno de los dos puede ayudarme a enterrar a papá.

Recuerdo que hace casi tres décadas se empeñó en que fuese a estudiar uno de los programas de formación que ofrecen las Corporaciones. Decía que si no aprendía lo que ellos enseñaban, si no comprendía la manera que tienen de educar a las masas, jamás podría contraatacar. Me inscribí en BioTecnología e Implantes. Lo ofrecía Xiamu Tech, que fue absorbida un lustro después por Greenwalk, los desarrolladores del primer cableado del Caudal General. Aprendí mucho, eso es innegable. Puedo instalar un brazo mecánico en casi cualquier organismo vivo y conseguir que tenga casi total autonomía. Podría incluso sustituir un ojo humano por una prótesis con el tiempo suficiente, los utensilios necesarios y una dosis muy potente de algo que me equilibrase el pulso. Pero todo eso está obsoleto. La misma palabra 'prótesis' es algo arcaico. Sólo existe algo parecido en mercados tan ocultos que ni siquiera los controlamos nosotros. Ahora todo se hace de otra manera. Tal como hicieron conmigo.

Hace tres años perdí un brazo en un accidente. Tenía prisa. Había ido a recoger un paquete de información al otro extremo de la ciudad. Necesitábamos que no estuviese digitalizada para evitar un robo o una alteración. Así que recurrimos al papel aún sabiendo que está prohibido. Todo era muy simple, entrar, recoger un maletín y marcharse. Y así fue, pero la mala suerte quiso que nada más pisar la calle un hombre tropezase conmigo, el maletín salió por los aires, cayó al suelo, se abrió y esparció decenas de papeles delante de todo el mundo. La gente gritó como si estuviesen viendo un asesinato. Es curioso pensar lo idiotas que nos hemos vuelto. Gritaban y señalaban: ¡Papeles, papeles! Nunca he estado en un circo, pero debía parecerse a aquello, un espectáculo absurdo. Recogí lo más rápido que pude y eché a correr como loco. Me atropellaron. Un Sint en moto. Meses más tarde averigüé que era un Sint en nómina de Greenwalk, papá decía que era una casualidad, pero papá me enseñó hace tiempo que esas cosas no existen.

Perdí el brazo. Quise que me instalasen una prótesis, me dijeron que ya nadie las llevaba, que no era aconsejable y que ahora se empleaban métodos mucho mejores. Me inocularon un V-1934T, un virus tecnólogico. Metieron en mi sangre cientos de nanobots que se encargaron de reconstruirme el brazo desde dentro y además, como si fuese un obsequio, mi nuevo brazo me permitiría tener un punto de acceso limpio al Caudal General. Me habían convertido en una terminal. Y hasta ahí todo bien, pero hubo un efecto secundario, un puñado de nanobots se quedó estancado en una arteria, es algo poco habitual, normalmente terminan el trabajo y se expulsan con la orina, pero esta vez hubo un problema. Algo provocó que se les acabase la autonomía antes de salir del cuerpo, quedaron flotando en el torrente sanguíneo y llegaron hasta un punto en el que colapsaron una arteria. Perdí la visión total del ojo izquierdo y un sesenta por ciento del ojo derecho. Tengo acceso a toda la información del mundo desde mi brazo, puedo comprobar en menos de un segundo qué tiempo hace en otro continente, cuáles son los beneficios de una gran Corporación en el último año o qué modelo de Sint debo adquirir si me gusta la cocina europea, pero soy incapaz de afeitarme sin trazar un patrón de movimiento para mi brazo, si lo hiciese a “simple vista” acabaría rodeado de mi propia sangre.

El asunto de los papeles se solucionó bien. Papá se encargó de que los Magistrados a los que llegó la denuncia considerasen aquellas hojas como una pieza de coleccionismo digna de estar en un museo. Ni siquiera leyeron lo que ponía en ellas. Nadie quiso echarles un vistazo. Un hijo del gran Sanaka aparece con un maletín lleno de papel, lo mejor será siempre no preguntar. Ese era el poder de papá. Y ahora está muerto.

Rodeado de ratas. En un túnel húmedo y repugnante. En las paredes hay hileras de azulejos que algún día fueron blancos. Tenemos pantallas por todas partes que nos traen información del exterior. Somos lombrices, hormigas, insectos. Un día tuvimos la Torre Sanaka, el edificio más impresionante de la ciudad. Ahora apenas quedamos cincuenta hombres y mujeres fieles a una idea: no vamos a dejar que las Corporaciones ganen esta guerra, los Sints son nuestro pecado y su exterminio será nuestra redención. Pero ¿cómo lo vamos a hacer? ¿cómo demonios vamos a derrotar algo tan poderoso? No lo sé, aún tengo mucho por hacer antes de dedicarme a la guerra. Ya enterré a dos hermanos, ahora toca enterrar a papá.

Pasamos dos días decorando una de las viejas estaciones. Colocamos flores rojas conformando un pasillo. Sintéticas, por supuesto, ya nadie cultiva flores vivas. Quitamos la luz artificial y pusimos una hilera de grandes cirios que al menos daban un poco de calidez a un momento tan sombrío. El primero en hablar fue Josef, secretario personal de papá durante la última década. Dijo que había sido un hombre amable y comprensivo. Que siempre le había tratado bien y que incluso se había ofrecido a apadrinar a su tercer hijo. Era mentira. Todo. Papá había contratado a Josef porque le gustaba su mujer, de hecho le gustaba tanto que se acostaba con ella y le obligaba a mirar. Yo tengo bastante claro que ese hijo que papá se negó a apadrinar es en realidad mi hermanastro, pero no tengo ganas de comprobarlo, bastantes familiares he perdido ya.

Después habló Rika, una de las ingenieras que modificaba Sints para cometer crímenes. Agradeció al Clan Sanaka la posibilidad de tener un laboratorio propio que le permitió convertirse en toda una eminencia. Se inclinó ante el ataúd y beso la frente del cadáver. Fue un acto bonito. Melodramático, pero bonito.

Y después me tocó a mi.

Sanaka significa antiguo, que procede de la antigüedad. Los nacidos bajo este nombre poco común, son hombres y mujeres de gran sabiduría. Están predestinados a grandes cosas, a ser referentes si deciden adentrarse en el mundo de las artes y a ser inmensos si se dedican a los negocios. Mi padre fundó este Clan y le puso su nombre: Sanaka. Y ahora ya no está él para mostrarnos su grandeza. Nos ha dejado una gran tarea: recordar su nombre por siempre. Debemos honrar lo que significa y recuperar nuestro lugar allá arriba. Vamos a salir de los túneles, puede que tardemos en conseguirlo, pero volveremos a la superficie, entraremos en la Torre Sanaka y demostraremos que sigue siendo nuestra.

Me emocioné. En un principio iba a fingir la emoción, pero conseguí emocionarme de una vez. Hasta que escuché los aplausos. Secos, lentos, rodeados de silencio, sólo clap, clap, clap, clap.

Perfecto, primo, un gran discurso, sí señor.

Había venido desde Tokyo. Que vergüenza. Mi primo Kosuke acababa de llegar. Sin previo aviso, rodeado de cinco mujeres de aspecto amenazante y con ese tono sarcástico tan reconocible. Ahora sabe que somos poco más que conejos asustados en su madriguera. Qué vergüenza, que terrible vergüenza.


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