25 nov. 2016

Sangre en el suelo (V) - Títeres en Sicilia

Ya sólo quedan 9 días para que termine la campaña de crowdfunding de "Sangre en el suelo" y estamos muy cerca de conseguir el objetivo que nos propusimos. Así que, muchas gracias a todos los que habéis participado y ayudado en la difusión. Hemos tenido un montón de oportunidades para contar nuestro proyecto tanto en medios especializados como en prensa convencional. 

Y además hemos tenido la gran suerte de contar con la ayuda de varios amigos para generar material extra con el que enriquecer la historia que hemos creado. 

El libro que acompañará a "Sangre en el suelo", llevará por título "San Francisco Stories" y nos permitirá conocer diferentes momentos de vida de los sospechosos de haber matado a Jack Shermann. 

Hoy es el turno de uno de esos relatos. Trata sobre mi personaje favorito del libro, crupier del casino Salina y amigo de Jack Shermann, el siciliano Jimmy Falco. Está escrito por Adrián Benatar e ilustrado por Adela Quiles. 


TÍTERES EN SICILIA

Adrián Benatar

Su parte favorita era cuando Carlomagno derrotaba a los lombardos. Los colores de las telas de sus ropas de guerra, montado en su caballo. Era capaz de imaginar la quietud de los gritos, los relinchos, el rechinar las armas mordientes. Jimmy contemplaba, sin perder detalle, el pequeño escenario de la “Opera dei Pupi” mientras su hermano Salvatore mordisqueaba sus propios dedos para aliviarse el dolor de los dientes incipientes. Las noches en Sicilia siempre eran templadas, quizá era lo que más de menos echaba en falta desde que se había visto obligado a viajar al Nuevo Mundo. 

Su padre esperaba tras la marabunta de niños a que la obra de títeres acabara. En casa les esperaría un cuenco de sopa aguada y fría; y su padre también los arroparía con la misma falta de calidez. La casa permanecería en silencio mientras Jimmy fingía dormir y su padre fingía no enfermar de nostalgia. En el pueblo se decía que su madre había tenido un trágico accidente al resbalar en unas piedras mojadas de un acantilado. Llevaba su traje de nupcias, tan blanco que se confundió con la espuma del mar. Jimmy sabía que su madre fingía estar bien, que la seriedad de su padre alimentaba la tristeza enraizada, plantada ahí desde que su hermano Salvatore había nacido. Echaba mucho de menos a su madre. Recuerda como la misma mañana del accidente, cogió a su hermano pequeño en brazos y le susurró “Serás grande y breve”, mientras que a Jimmy solo le dedicó una breve sonrisa. 

La familia Giuliano se estaba quedando totalmente en silencio. Su padre no tenía fuerzas para mantener ningún tipo de trabajo, lo que obligó a Jimmy a trabajar pese a su corta edad. Cargaba fardos en el muelle, ayudaba en los barcos faeneros, limpiaba canalones… no podía permitir que a su hermano le faltara de nada. Pese a su esfuerzo, las deudas empezaron a acumularse y los deudores a tener hambre. Su padre habló con gente poco conveniente que hipotecaron el futuro de toda su familia y así, bajo la clámide nocturna…los lobos asaltaron su casa. Se llevaron a su hermano Salvatore, le partieron algunos huesos y la crisma a su padre y a Jimmy lo enfermaron de miedo. Partieron en barco al día siguiente, su padre con la cara amoratada y Jimmy destrozado por la pérdida de su pequeño hermano. Los deudores no esperaban un movimiento tan cobarde del señor Giuliano, solo querían presionarle, pero solo consiguieron una boca más que alimentar. Salvatore Giuliano vivió, fue grande y fue breve.

Jimmy aún recuerda el viaje en barco con su padre. Mientras Sicilia se iba haciendo sutil en el horizonte su padre le apretó el hombro y le dijo “Una vaca no da leche siempre, Jimmy, asegúrate de no seguir exprimiéndola cuando ya no te va a dar nada”. Jimmy lo odió desde ese día pues, mientras decía esas palabras, sonreía. Su padre se había deshecho de una carga inmensa de recuerdos, personas, palabras y compromisos. No mostraba una pizca de tristeza. 

El viaje acabó y llegaron a las costas del Nuevo Mundo los recibió de manera agria. Como Caronte, los controladores los esperaban con escepticismo y con la mano extendida para recibir las dos monedas pertinentes. Su padre mintió con sus nombres, por seguridad, ahora serían la familia Falco. Jimmy Falco desembarcó en una tierra que ya se presentaba hostil aunque a su padre no se le borraba la estúpida sonrisa de la cara. No tardó en contactar con un antiguo conocido, el señor Salina. Este les proporcionó la documentación que necesitaban para dar veracidad de su nuevo apellido y un trabajo para ganarse el sustento. Jimmy comenzó a trabajar en uno de los casinos del señor Salina, limpiado suelos y lo que hiciera falta; y su padre hacía e iba donde el jefe necesitara. Un hombre roto en las manos de un tipo frío. 

Jimmy creció en solitario, rodeado de las mugrientas paredes de su minúsculo apartamento y con la ausencia de un padre cada vez más averiado. El señor Salina hablaba maravillas del trabajo de su padre: era un gran negociador y era capaz de convencer a cualquiera de cualquier cosa. Su padre se especializó en reventar globos oculares con los pulgares, cosa que es capaz de convencer a cualquiera, pero la gente siempre cedía al escucharlo reírse mientras lo hacía. Disfrutaba proporcionando un dolor que él mismo merecía. Cuando su padre llegaba a casa siempre procuraba hacerlo borracho, para no darse cuenta de las patadas que le daba a Jimmy, no escuchar como alguna costilla cedía o como su hijo gritaba que parara mientras escupía sangre. 

Fueron años de estoicismo. Jimmy consiguió ascender en su trabajo en el casino hasta crupier, el Señor Salina también ascendió a su padre a su mano derecha. Nadie se atrevía a mirar al señor Salina directamente sin pedir permiso a su matón. Jimmy hacía tiempo que se había ido de casa, pero su padre lo visitaba con cualquier pretexto y se quedaba unos días. Atrancaba la puerta cada noche, con una silla o con lo que fuera, mientras su padre roncaba en el sofá. 

Es complicado vivir atemorizado tantos años sin reacción ninguna. Es complicado mantenerse entero cuando todo lo que te rodea se desmembra y desmorona a cada paso. Jimmy arrastró todo esto durante tanto tiempo que solo le quedó reaccionar, como un animal al que acorralan. Una de esas noches de visitas impuestas, su padre tocó a la puerta…suavemente. Jimmy abrió sin rechistar, tenso, tirante. Su padre le entregó una carta que había llegado desde Sicilia, su hermano Salvatore les había encontrado. Si los cálculos de Jimmy eran correctos, su hermano ya contaría con casi trece años, su pequeño hermano…llevaba más de diez años sin saber nada el uno del otro. Su padre sonreía mientras Jimmy leía la carta…una vez se la devolvió, partió la carta en pedazos y la dejó caer en el suelo. Lo siguiente que recuerda Jimmy es a sí mismo estampando la cara de ese viejo amargado repetidas veces contra el suelo. Lo dejó tirado en un callejón y el señor Salina le dio el pésame al día siguiente, le dijo que encontraría a los culpables y que le pidiera cuanto quisiera. Su padre había hecho un último acto de bondad: morir y dejar de moverse. 


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