9 nov. 2016

Sangre en el suelo (IV) - La Travesía

En estos momentos, cuando faltan 26 días para el final de la campaña, hemos conseguido llegar al 42 por ciento del total que necesitamos para sacar adelante Sangre en el suelo

Hoy toca compartir más material extra. En este caso se trata de un nuevo relato que se incluirá en el librito de material extra: San Francisco Stories. En cada uno de ellos se contará algo sobre cada uno de los personajes involucrados en la muerte de Jack Shermann, pero no precisamente vinculado al crimen en sí. 

Esta vez es el turno para un relato sobre Nadia Kinski, la novia de Jack en el momento de su muerte. Está escrito por Javier Arca, un escritor y un buen amigo con el que tuve la suerte de compartir páginas y más cosas en la revista Xogo Descuberto. 

La ilustración es de Hugo Llera y el diseño original de Nadia y su parte en el libro es de Pablo Ballesteros.



LA TRAVESÍA

Javier Arca

Ya no era una niña cuando el barco se alejaba de la tierra que la vio nacer. La misma que había acogido a sus abuelos cuando tuvieron que abandonar las frías tierras del norte.

Alemania llevaba años cabizbaja, malherida y contenida pero un tipo había hecho despertar el orgullo patrio. Los vio desfilar un par de veces. En aquel entonces, pensó que aquello era, quizás, lo que su país necesitaba. Ahora, que las lágrimas caían sobre sus piernas encogidas, ahora que tiritaba de frío y respiraba soledad, comprendía que estaba muy equivocada.

Salió de su ensueño apenas unos meses después de verlos desfilar por segunda vez. Era un joven apuesto, con un delicioso acento del sur, alto, rubio, ojos claros. Ella quería estar con él, para él solamente era una excusa más para sacar afuera la bestia que alimentaba el nuevo orden.

-Eres judía ¿verdad?

Cuando escuchó aquello comprendió porqué él trataba de mantener su relación en secreto. Porqué solamente la visitaba a horas tardías, sin uniforme.

Aquel día iba a ser especial. Él había preparado una cena romántica en un restaurante del lugar. Ella había prometido, a su hermano, regresar pronto a casa. Este, se mostró cómplice ante la insistencia de su hermana. Hacía muchos años que ejercía las labores de padre y madre desde que habían quedado huérfanos y consideró que ya era hora de permitir que, su hermana, se hiciese a sí misma.

No vuelvas tarde. Las cosas andan revueltas ahí fuera

Nunca llegaron al restaurante.

Una casa abandonada fue donde aquel joven apuesto y tres cómplices acabaron con su amor, su inocencia y su dignidad.

Mientras el barco la mecía se quedó dormida y la carta que mantenía entre sus manos, fue a parar al suelo de madera. Pronto, aquel pobre papel se humedeció en aquella oscura estancia, ante la ausencia del calor de las manos de la emigrante.

Un vecino, cuando ella intentaba salir a la calle por un agujero en la pared de aquella casa abandonada, fue quien la vio primero. La cubrió con su propia chaqueta y fue a avisar a su hermano, aunque no porque la hubiese reconocido sino por la cercanía de las casas. Cuando ambos hombres se dieron cuenta de quién era y lo que había pasado se quedaron en silencio. El vecino se retiró, no quería problemas.

-Que Dios os proteja.

Ella estaba dormida mientras él seguía limpiando las heridas. Le cantaba una de esas canciones de la infancia que tanto le gustaban. Mientras en su cabeza los planes de venganza eran, a medida que pasaba el tiempo, más sofisticados. Decidió quedarse aquella noche con ella, curándole las heridas y calmándole las pesadillas como cuando era niña.

A la mañana se despertó y su hermano estaba preparando una maleta.

-Te embarcarás en el primer barco que salga a América

Dinero, ropa y una dirección en algún lugar de Estados Unidos llenaba aquella maleta. El vecino benefactor la acompañaría hasta el puerto. Ella asentía todavía confusa asimilando la información y con muchas ganas de gritar y abrazarse a su hermano para que no la obligase a marcharse. Pero lo conocía, no había marcha atrás. Aquella era la última vez que vería a su hermano. 

Se había quedado profundamente dormida. Había leído aquel papel decenas de veces. Era un papel viejo. Se lo había colado su hermano en su chaqueta. Era la carta que contaba la verdad sobre la muerte de sus padres. Resultó que su pasado se tornaba mucho más oscuro. 

En mitad de la oscuridad, como un ladrón, su mente empezó a proyectar una película. Los ojos azules de su madre sonriente, la sombra de su padre viendo por la ventana, ella y su hermano escondidos tras una falsa pared, viajes nocturnos. La pesadilla empeoraba. Quiso estrechar a su hermano entre sus brazos y cuando lo consiguió sintió su abrazo. Era cada vez más fuerte tanto, que empezaba a sentir como le costaba llenar sus pulmones de aire. Ya no era un abrazo, ya no era su hermano.

-¡Quédate quieta joder!

Abrió los ojos y no estaba amordazada en aquella casa en ruinas, no la agarraban entre tres, no la insultaba el que otrora le parecía el amor hecho persona. Un hombre mugriento estaba apretando su cuello con una mano mientras revolvía su maleta en aquella bodega. Agarró con sus dos manos la que le estaba quitando la vida por momentos. Sus ojos se movían rápidos buscando una manera de sobrevivir. El hombre había dado con el dinero y se lo guardó en el bolsillo interior de su chaqueta, aquel gesto descubrió un puñal, la carta estaba en el suelo y estaba siendo pisada por uno de los zapatos del ladrón. Una sonrisa perversa emergió tras una espesa barba.

-¿Qué haces tan solita aquí? Te podrían pasar cosas feas.

La mano que antes revolvía y robaba ahora acariciaba el cuello de su víctima y comenzaba a bajar hacia sus pechos. Estrujó con fuerza uno de ellos. A punto de desmayarse para después morir Nadia extendió su mano izquierda y temblando la acercó a la cara de aquel hombre. 

Al principio se extrañó de la actitud de la joven, pero comprendió cual era el sentido de ese gesto. Ella quería sobrevivir y no sufrir con aquello. Se sentía muy seguro y decidió aceptarlo. Ella no podría con él y en aquel lugar nadie querría problemas. El viaje era muy largo hasta Norteamérica.

Las primeras penetraciones fueron dolorosas, todavía se estaba recuperando de la otra vez en la que un hombre se creyó en derecho de usarla como un trapo. A cada embestida de aquella bestia, ella se abstraía cada vez más.

Recordaba a su hermano.

Recordaba a sus padres.

Recordaba el amor que había sentido por Claudius

Recordaba el puñal en el cinto del ser mugriento que la poseía… Una voz venía de lejos…

-¡Me voy a correr, puta!

Fue todo muy rápido. Se retorció lo suficiente, en cuanto notó el pene de aquel hombre a punto de explotar en su interior, agarró el puñal y en un gesto veloz y certero se lo incrustó en el cuello.
El semen salía al mismo tiempo que la sangre. Los ojos de aquel hombre eran de sorpresa y darían paso al miedo ante la certeza de su muerte. Él la golpeó en un último intento de supervivencia. Cayó finalmente sobre ella. 

Aquel tipo había muerto, al mismo tiempo todo el pasado de ella parecía irse con el aliento de aquel pobre diablo. A partir de aquel día ya no importaba ni su nombre, ni su origen. La chica que había sido se había convertido en una mujer; una mujer capaz de matar…

-Más fuerte.


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