26 oct. 2016

Sangre en el suelo (I) - Creando a Jack Shermann

Al igual que hice en su día con Nyx, los sueños de la Diosa y también con Las Catacumbas de Salem, voy a tratar de ir llevando un pequeño diario, que a modo de pequeñas anotaciones, vaya contando el proceso del libro durante la campaña de crowdfunding. 

Sangre en el suelo nace como lo que es: un libro colaborativo. Desde un primer momento lo pensé de esa forma porque creo que era la mejor manera de contar esta historia. La premisa es sencilla: un hombre, Jack Shermann, es encontrado muerto en un callejón. La escena del crimen deja entrever ciertas pistas a ojos expertos. Seis en total. Seis pistas asociadas a seis sospechosos. 

A partir de ahí existían multitud de posibilidades para contar algo así. Una primera idea era la de interrogar a cada sospechoso y contar sus diferentes coartadas y al final, tras una deducción brillante, hacer que un policía solucionase el asunto. Descarté esta opción por resultar un poco repetitiva. Es cierto que podría mantener un juego con cierta variedad, pero el simple hecho de caer siempre en la misma fórmula me parecía engorroso. 

Así que se me ocurrió algo diferente: contar los motivos por los que cada sospechoso hubiese querido matar a Shermann, es decir, no sólo son sospechosos de haberlo matado, además todos querrían haberlo hecho. Así la cosa cambiaba mucho, no había que inventarse coartadas ni excusas, había que trabajar con las emociones de seis personajes hacia un séptimo tan despreciable que podría generar en los demás un montón de motivos diferentes para acabar muerto en un callejón.

Esta forma proporcionaba un buen punto de partida para crear un Shermann mucho más deleznable. 

¿Cómo puedes enfadar a tanta gente a la vez? Pues lo consigues estafando, robando, mintiendo, creyéndote lo que no eres, desprestigiando a tu familia o yendo de Don Juan. 


Jack necesitaba una careta, tenía que ser un donnadie que se cree un gran maestro del hampa. Así que para empezar a trabajar en él me hice una pequeña ficha. Quería que Jack fuese una persona obsesionada con el éxito en su círculo, alguien tan desesperado por obtener reconocimiento que es capaz de cualquier cosa. Jack debía ser un camaleón capaz de adaptarse a cualquier lío. Tenía que ser un manipulador, pero de los buenos, de los que te venden cualquier idea apoyándose en una sonrisa y un carisma casi innato. Si fuese un empresario, Jack sería de los peores, de los que le deben dinero a media ciudad y engañan a la otra mitad para pagar las deudas. 

De aspecto debilucho, acostumbrado a trajes baratos y llamativos y a dejarse ver en determinados ambientes, Jack debía formar la imagen ideal de un tipo sinvergüenza, uno de esos a los que la gente te dice que no te arrimes, pero que es capaz de convencerte mareando las palabras. 

Y ya casi estaba, faltaba moverlo, hacerle hablar y enfrentarle a situaciones que no pudiese controlar para sacar a relucir una idea que queda muy clara en todo el libro: Shermann es una rata, una cucaracha capaz de conseguir que un montón de gente quiera mandarle al otro barrio. 


Para conocer más a Jack, al resto de los implicados en todo esto y por si queréis apoyarnos, podéis colaborar en la campaña siguiendo el siguiente enlace: 






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