19 jul. 2016

10 directores que me enseñaron CINE - ...y los 5 últimos son...

Hace unas semanas colgué en el blog la primera parte de este "10 directores que me enseñaron CINE". Ahora subo la segunda. Al ir escribiendo tanto esta como la anterior, me he ido dando cuenta de que me he dejado muchísimos directores atrás que me parecen impresionantes y que no han entrado en estos 10.

Ridley Scott, Kim Ki-duk, Abbas Kiarostami, Jafar Panahi, Álex de la Iglesia, Jaume Balagueró, Sidney Lumet, Rob Reiner, John Carpenter, Paul Verhoeven, John Boorman, Alberto Rodríguez, Quentin Tarantino, Terry Gilliam...en fin, la lista podría ser interminable, algún día me inventaré alguna excusa para seguir hablando de cine y de algunos de ellos.


De momento aquí están los 5 últimos de los 10 directores que me enseñaron CINE: 



Descubrí a Korine como guionista en KIDS cuando no tenía ni 14 años, aquella era la primera película del señor Larry Clark y comenzaba el camino de la provocación para Korine. Sin ninguna duda eso es lo que me enseño este hombre: los convencionalismos no existen, las estructuras no existen, la relación causa-efecto no existe y la moral cinematográfica no existe. Si quieres puedes enseñar al mundo que la inocencia infantil puede ser una mentira, que la violencia estúpida y sin sentido está presente en la sociedad y que el cine puede servir para provocar que te remuevas en el asiento y que te sientas incómodo.

Harmony Korine es un provocador que busca los límites del arte y los rodea de un delicado tratamiento estético.

A veces recurro a determinados creadores cuando imagino una historia sin un esqueleto perfecto, algo que apele más a las emociones que a la narrativa y Korine es uno de ellos.

GUMMO (1997)







Conocí a Spike Jonze en 2005 cuando empecé a trabajar en la Escuela de Cine. Allí me aficioné a comprar más y más cine y uno de los sitios recurrentes para comprar era la web de la FNAC. Gracias a ese inmenso catálogo descubrí la colección "The Art of Director" compuesta por tres volúmenes dedicados a grandes directores de videoclips. Esos tres eran: Spike Jonze, Chris Cunnigham y Michel Gondry. A quien no conozca esa colección se la recomiendo ya que podrá descubrir auténticas maravillas cinematográficas creadas para el vídeo musical.

A partir de ahí me convertí en seguidor de la carrera de Jonze que siempre ha estado muy ligada al documental y al videoclip.

Este hombre me enseñó que crear una atmósfera no es sólo una cuestión de la dirección de arte o de la fotografía, la disposición del encuadre y como mover o no mover a los personajes dentro del mismo es muy importante.








Cimino es uno de esos directores que se consideran "malditos". Estaba llamado a ser el que completase el repóker de aquello a lo que se llamó el nuevo Hollywood en el que estaban Spielberg, Lucas, Coppola y Scorsese, sin embargo su carrera se truncó al poco de empezar. El éxito arrollador de "El Cazador" (ganó 5 Oscars incluidos el de mejor película y mejor director compitiendo con Woody Allen) puso en sus manos el proyecto más grande al que se había enfrentado nunca la United Artists con "La puerta del Cielo" pero no supieron entender lo que quería. La película fue un desastre en 1980, hundió el estudio y la carrera de Cimino para siempre. Eso sí, en 2012 al fin pudo hacer el montaje que siempre quiso para su película y consiguió poner de pie a todo el público en el Festival de Cannes. 

Para mi "El Cazador" es una auténtica obra de arte porque es una de esas películas que encierra un montón de historias dentro. Es la historia de dos amigos inseparables, de la locura de la guerra de Vietnam, de cómo se construyó Estados Unidos a base de gente de todas partes, un triángulo amoroso, un ensayo sobre la locura y una reflexión sobre los veteranos de guerra. No suelo hablar de películas perfectas pero esta está muy cerquita de serlo. 

Cimino me enseñó que la intensidad y el ritmo son cosas muy diferentes y que no siempre tienen que ir de la mano. Una escena puede tener un ritmo trepidante y carecer de intensidad, pero también ocurre al revés, puede que estemos ante un ritmo lento pero que emana una intensidad altísima. Si dominar el ritmo ya es difícil, no olvidarse de la intensidad es dificilísimo.  

EL CAZADOR (1978)



EL CAZADOR (OTRA VEZ) (1978)





Polanski es uno de esos directores controvertidos y que se ha visto envuelto en varias polémicas por sus actos, sus declaraciones y, en ocasiones, por sus películas. Mis opiniones con respecto a su cine son muy diversas, algunas de sus películas me resultan imprescindibles como "Chinatown" o "La semilla del Diablo". Otras son olvidables y algunas me parecen realmente flojas. 

De un modo u otro, hay una serie de pelis, las que yo considero como más íntimas y de las que extraje algo muy importante: con unos pocos personajes, unos pocos escenarios y una buena dirección se pueden conseguir películas muy destacables. Ahí están "Un Dios salvaje", "La muerte y la doncella" o "El quimérico inquilino" para demostrarlo. 

Pero no aprendí solo eso, Polanski también me enseñó que los directores deben aportar un punto de vista a cada encuadre, una visión determinada decidiendo lo que mostrar y lo que ocultar en cada momento y muchas veces, más bien todas, lo que no se muestra también es muy importante. 










Conocí a Peckinpah gracias a un programa de televisión en el que ponían "Perros de paja". Es curioso porque mucha gente lo recuerda como un director de westerns que le dio un digno "final" al género después de los spaguetti y antes del cuarto de siglo de desaparición. Sus películas del Oeste no tienen nada que ver con las de John Ford ni tampoco con las de Sergio Leone, de hecho, algunos expertos las consideraron como el máximo exponente de algo a lo que llaman "western crepuscular". Era una referencia al último brillo del género, al último destello justo antes de ocultarse. Y este brillo en el cine de Peckinpah se debe a como consigue transmitir el realismo en su violencia. Los golpes, las agresiones y los disparos son tan auténticos, transmiten tanta verdad que sobrecogen. 

Eso es lo que aprendí del cine de Peckinpah y de aquella vez que vi "Perros de paja", las historias, por extrañas que parezcan, deben transmitir una verdad, algo que las haga reales para quien las ve porque no se puede transmitir una emoción si no me creo lo que ocurre. 

Da igual si haces westerns, cine costumbrista, historias de vampiros o de naves espaciales, si no hay emociones reales la película no funcionará nunca. 






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