23 may. 2016

La leyenda del Pastor de Estrellas y sus Cuatro Hijos

Al principio de los tiempos, antes incluso de crearse el mundo, existía un ser llamado el Pastor que se dedicaba a ordenar y a granjear las estrellas. Cada día se encargaba de sacarlas de su redil por turnos, las alimentaba y, al final de sus vidas, las acompañaba cuando se extinguían. 

Todos sus días transcurrían de la misma forma. Así fue durante eones, cada estrella estuvo cuidada con el mismo mimo y con la misma dedicación y el Pastor se sentía muy orgulloso de ello.

Un buen día, sin que nadie sepa por qué, una estrella nueva cautivó al Pastor. Hasta aquel preciso instante él las había visto nacer y perecer a todas por igual, sin embargo, aquella le fascinó como ninguna otra. Su brillo era diferente, a su alrededor refulgía un intenso color naranja que al llegar la noche se transformaba hasta volverse violeta. 

El Pastor se había enamorado.

Por primera vez en su existencia se descuidó, observó durante tanto tiempo a su querida estrella que todas las demás se escaparon. Aquello fue un desastre, millones de estrellas se desperdigaron  y se distanciaron tanto unas de otras que poblaron el vasto campo oscuro. Algunas explotaron sin control y de esas detonaciones surgieron cientos de rocas que generaron órbitas y sistemas. 

El Pastor había fallado, ya no tenía excusa, las estrellas jamás volverían a su redil, ya no ejercía ningún poder sobre ellas. Desolado y absorbido por su fracaso trató de hallar una solución pero no la encontró. Fue su estrella amada quien se la dio.

Le propuso algo que nunca antes se había hecho, fusionarse con él. Aprovechar su poder y sus capacidades y unirlas a su brillo, su candencia y su calor. Pero antes de nada le advirtió que si lo hacían ambos desaparecerían, no sabía el resultado, pero seguro que jamás volverían a ser dos seres distintos. Al Pastor no le importó, nada le apetecía más tras eones de existencia que integrarse con lo único que había amado. 

Y tras juntarse desaparecieron y crearon un punto blanco que se posicionó en el centro del campo oscuro. Un faro que sirvió a las estrellas para ubicar para siempre el lugar exacto del inicio de todo. Tuvieron que pasar cuatro edades más hasta que el punto blanco se extinguió y expulsó a sus cuatro hijos. Los cuatro hermanos, hijos del Pastor y la estrella.

Nacieron para equilibrar al mundo. El Tiempo, el Espacio, la Luz y la Oscuridad, dos niñas y dos niños que no deben jugar demasiado juntos porque cualquiera de ellos podría alterar el universo entero.

Desde aquel preciso instante los cuatro quisieron verse más y pasar el resto de las edades unidos. Pero cada vez que se juntaban demasiado el equilibrio se rompía y alguna estrella moría o nacía antes de tiempo, llevándose por delante sistemas enteros.

Y es por eso que los recluyeron en habitaciones aisladas, las estrellas crearon mundos cerrados para cada uno de ellos a los que solo se puede acceder a través de las Llaves, seres capaces de abrir las puertas y que cumplen los designios y el orden que establecen las estrellas.

Desde entonces se cuenta que los cuatro hermanos aguardan el momento para escapar, que algún día encontrarán una Llave que les permita abrir sus puertas y podrán al fin jugar todos juntos, abrazarse y recordar el calor y el amor de sus padres. 


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