23 abr. 2016

Kiki, el amor se hace - Opiniones poco fundadas (XII)


KIKI, EL AMOR SE HACE - PUEDE CONTENER SPOILERS

Existen muchas formas de conformar un largometraje a base de historias cortas. Una de ellas es separarlas completamente por capítulos independientes que nunca se cruzan. Una buena muestra de esto es lo que hizo Jim Jarmusch en la maravillosa Noche en la Tierra, cinco historias independientes con el nexo común de ocurrir en un taxi. 

Otra forma de unir historias cortas es lo que hacían Arriaga e Iñárritu en Amores perros o Babel, historias independientes que se terminan uniendo circunstancialmente o basándose en un elemento muy concreto. 


Sin embargo, el método más utilizado y que forma parte de la genética de eso a lo que llamamos "comedia coral", consiste en hacer que las diferentes tramas vayan ocurriendo de manera escalonada, saltando de una a otra y haciéndolas coincidir solo en el contexto o en algún cruce ocasional. Tenemos en España desde siempre grandes directores y guionistas que dominan a la perfección esta forma de contar películas. Berlanga, Buñuel, Cuerda, Almodovar o Álex de la Iglesia han sabido moverse muy bien en estas aguas. Y no es para nada fácil, hay que controlar muy bien el ritmo, elegir bien las transiciones y diferenciar entre el tono general de la película y el tono específico de cada trama. 


Kiki, el amor se hace, es una de estas películas, una comedia coral dividida en cinco historias cortas con un nexo común: el sexo a través de las filias de cada uno. Y su premisa es muy clara, de hecho se encarga un personaje de decirlo en pantalla en el primer cuarto de hora: todos tenemos filias ocultas, gustos inconfesables que deberíamos explorar.

Partiendo de ahí pasan por la peli personajes muy variopintos que se sienten atraídos por determinados tipos de tejidos, que les pone que les atraquen, que se calientan viendo a la gente llorar, que solo disfrutan si su pareja está durmiendo o que les encanta que les meen encima. 

Debo reconocer que mis impresiones mientras la veía fueron cambiando. Por momentos me pareció una peli muy valiente porque se atreve con una serie de escenas que rompen los clichés de las terribles "comedias picantes". Ver a Paco León (guionista, director y actor) meándole encima a un tío cachas en el baño de un garito es muy divertido. Y no lo es por lo que cuenta, lo es por como lo cuenta. 



Y esa es la valentía principal de Kiki, el amor se hace, el como está contada. Los diálogos son muy ingeniosos, la puesta en escena muy sencilla y eficaz y hay momentos tan irreverentes que podrían hacer sonrojar a más de uno. Lo que está claro es que esta es una peli sin tabúes y eso siempre es de agradecer. 

Ahora bien, tal y como decía al inicio, una de las grandes dificultades de las comedias que se construyen con relatos cortos, es mantener el equilibrio entre las piezas para que todo encaje y ahí es por donde le llegan los fallos a Kiki. Hay una de las partes, la protagonizada por Alexandra Jiménez, que no tiene el mismo ritmo que las demás y su enganche se hace muy difícil. 

Además hay una serie de efectos que no pintan nada e incluso puede parecer que algo no está funcionando bien.     



Resumiendo: esta sería una peli brillante si hubiese encontrado un poco más de ritmo porque tiene todo lo demás: buenos diálogos, buen guión y la valentía suficiente como para incomodar a los espectadores. Además cuenta con actuaciones que son una delicia como las de Luis Bermejo, Candela Peña o Belén Cuesta. 

Mi recomendación es: vete a verla, te reirás mucho y saldrás preguntándote si te pone el olor a gasolina, la ropa interior de lino, que te echen cava por la espalda o todo a la vez. 


Compartir es vivir
Publicar un comentario