30 ene. 2016

La mafia de la viñetas


Hace más o menos dos años entré en mi habitación y me fijé en que había cajas, cajas por doquier repletas de cómics, la mayor parte eran grapas de marvel de colecciones que no seguí o que me aburrieron. Así que tomé una decisión: iba a vender parte de mis cómics y quedarme solo con lo que me interesaba. 

Busqué por internet la mejor manera de poder vender todo ese material, -hablo de cientos de ejemplares-, y llegué a la conclusión de que lo mejor era ingresar en alguno de los grupos de Facebook destinados a ello. Nunca en mi vida me había acercado tanto al mundo del coleccionismo, es cierto que asisto de vez en cuando a salones del cómic para pasear y buscar proyectos y allí siempre se ven grandes coleccionistas a la caza de números perdidos o imposibles. 

Pero esto fue distinto. A las pocas horas de entrar a formar parte del grupo descubrí que aquello era una auténtica locura. 

Desde que empecé en esto del cómic hay dos mantras que se repiten allá por donde voy. El primero es: "no hay dinero para montar una industria fuerte". El segundo es: "no hay lectores y sin lectores no se puede hacer industria". Sé que el mundo del coleccionismo apenas tiene que ver de manera directa con la industria y establecer una relación entre una cosa y la otra es una idiotez. Sin embargo hay algo que me asombró desde el primer día, en los grupos de compra y venta de cómics entre particulares hay miles de usuarios (no hablo de diez mil ni de cien mil, pero sí de miles) que negocian con cientos de ejemplares cada día y que mueven miles de euros cada semana. 

La industria adolece de dinero y de lectores. El coleccionismo tiene las dos cosas. 

En pocos meses había vendido todo lo que me sobraba. Vendí la Civil War en grapa casi completa, vendí cosillas de Groo, vendí mucha Patrulla X, algo de Batman, un tomo de Spawn. En fin, cosas que no tenía pensado releer y que estaban empezando a convertir mi colección en algo poco manejable. Saqué pasta, alrededor de 800 euros. Y conocí gente, conocí a un montón de gente. Tíos que saben tanto de cómics que yo necesitaría tres vidas para aprender la mitad. Gente tan maja que el hecho de vender o comprar pasaba a un segundo plano porque lo importante era charlar, conocerse y pasarlo bien. Un paraíso del noveno arte. 


Sin embargo todo el buen rollo se truncó. Después de varios meses, -en los que también compré alguna cosilla-, descubrí que había gente que estaba en los grupos por una sola razón: especular. 

"¿Especular? este tío ha perdido la cabeza"- pensará alguno - "esta vez el ácido lo ha dejado irrecuperable, ¿quién coño va a hacer negocio con los cómics en un país en el que los autores, los editores, los distribuidores y los libreros se quejan de que no hay dinero y, sobre todo, se quejan de que no hay lectores?", ¿estás tonto o qué?" - dirán otros -. Y puede que digan bien pero yo he visto con mis preciosos ojos verdosos como hay gente que compra a 2 y vende a 4, es decir, gana dos euros por el medio sin hacer absolutamente nada y vendiendo el mismo producto. 

Todo esto podría entrar dentro de la lógica de mercado en la que nos movemos, "si yo compro una barra de pan a un euro y la vendo en la puerta de la panadería a 1'50, puedo hacerlo porque es mi barra de pan y hago con ella lo que quiera." Evidentemente hay quien encuentra sentido a todo esto y quien no. 

El caso es que en esas pandillas de compra venta de cómics que me parecían idílicas en un principio, oasis de gente que comparte una de mis mayores pasiones, hay auténticos capos del coleccionismo. Gente que miente, que encarece, que se mete en medio de tratos ajenos, que subasta a escondidas, que estafa y que es capaz de casi cualquier cosa por dinero. Como en cualquier otro negocio. Porque lo ven como un negocio. 

En esos grupos hay gente que se hace perfiles falsos para poder vigilar compras y falsear ofertas. Hay tiendas que se camuflan como particulares para revender lo que compran y sacar beneficio. Puede parecer una tontería pero yo hice 800 euros en varios meses, esta gente puede mover esa cifra cada semana con cierta facilidad. Y lo mejor de todo es que hay gente que hace mucha pasta vendiendo tebeos y no ha leído más que de refilón.    

Y a mi todo esto me parece increíble, porque (insisto en que la única relación que quiero hacer con esto es como mucho tangencial) mientras los autores nos peleamos por vender cada ejemplar, los editores se rompen la cabeza haciendo números y las tiendas se vuelven locas con su stock, sus almacenes y la falta de lectores, mientras ocurre todo eso, a la vez, en las catacumbas de las redes sociales, se mueven miles de euros al mes en cómics entre aficionados de verdad, lectores apasionados de verdad, coleccionistas que parecen enciclopedias y fulanos aprovechados que si pueden comprarte un tebeo de Punisher a 2 euros y revenderlo a 65 lo van a hacer sin pestañear. Porque así funcionan las mafias y las viñetas tenían que tener la suya. 

Ojo, no pretendo hablar de todo esto como un enorme escándalo de corrupción y gente demoníaca. Con lo que vemos todos los días esto no es más que una minucia, una minucia que permite ganarse la vida a algunos caraduras pero algo menor al fin y al cabo. Mi recomendación es que si alguien quiere vender su colección de cómics lo haga en grupos no muy extensos donde pueda mantenerse protegido de los cazadores sin escrúpulos.

Por mi parte acabo de empezar a montar un proyecto para convertir mis vivencias en este loco mundo de la venta por red social en un cómic. Si alguien quiere animarse a dibujarlo ya sabe donde me tiene. Es una historia con trileros, con incendios, inundaciones provocadas, robos, mentiras, una chica sexy, un gurú que lo sabe todo y un malo tan malo que haría que Darth Vader tuviese que pedir auxilio a su mamá. Y todo eso basado en hechos reales, esto huele a premio nacional desde lejos.
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