20 jul. 2015

El asesino del VHS - Capítulo 1

La escena era terrible. No había una sola gota de sangre, ni un rasguño ni ningún signo de violencia. Solo un gran pedazo de cinta magnética alrededor del cuello de la señora Márquez. Alguien había abierto un VHS, había extraído la cinta y la había utilizado para estrangular a aquella mujer. ¿Pero por qué, quién era capaz de hacer algo así? y sobre todo, ¿con qué motivo?

Cuando volví a mi despacho la secretaria me estaba esperando con impaciencia, muy atropellada me dijo que había un tipo esperándome y haciendo señas para no llamar demasiado la atención, me indicó que llevaba allí dentro más de tres cuartos de hora.

-Tranquila Darlene, cariño -le dije para calmarla- ya me encargo yo. 

Al abrir la puerta noté el intenso olor del puro habano que estaba fumando aquel hombre. Era alto, calvo, bien arreglado y con la insufrible manía de inhalar humo. 

-Disculpe, caballero, pero ya que no ha pedido permiso para fumar, ¿le importaría al menos abrir un poco la ventana? -dije irritado- es que soy ex fumador, ¿comprende?

Ni se inmutó, se me quedó mirando mientras apagaba el puro contra mi escritorio. 

-Verá, es evidente que no me ha reconocido -se levantó, se cruzó de brazos y siguió clavándome la mirada- soy Alfredo Escobar, el rector de la universidad, estoy aquí por el asunto de la señora Márquez. 

No tenía intención de dejarme llevar por sus provocaciones, la última vez que alguien se hizo el chulo en mi despacho acabamos ambos en urgencias y la buena de Darlene se quedó sola durante casi dos semanas. Así que me acerqué y con un pequeño golpe de dedo índice tiré la colilla al suelo antes de dejarme caer en mi silla. 

-Encantado, señor Escobar, como comprenderá no puedo desvelar nada de la investigación, este es un tema que estamos llevando entre la policía, la familia directa de la señora Márquez y yo. 

-No lo comprende, verdad, la señora Márquez era muy íntima para mí, ¿entiende?, muy, muy íntima. 

No hacía falta ser muy perspicaz, estaba diciendo que se acostaba con la señora Márquez. Enseguida se encendieron mis alarmas, si era su amante ya tenía un móvil para haber cometido el crimen, quizá ella había amenazado con desvelar todo o ya había empezado a chantajearle de algún modo, quizá quisiese escapar con él, quizá, quizá, quizá...

-Antes de que siga mirándome de ese modo -interrumpió el señor Escobar mis pensamientos- le dejaré claro que no tuve nada que ver con la muerte de Rosa, yo la quería, comprende.

-¡Bingo! -exclamé- sabe usted que el noventa y nueve por ciento de los asesinos pasionales aseguran que querían mucho a sus víctimas. Al menos antes de estrangularlas. 

El tipo se enfadó mucho, se me acercó, se colocó a escasos centímetros de mi nariz y extendió un dedo sobre mi cara. 

-Mire, nadie me obligaba a venir, así que me he presentado en su despacho antes de que se le ocurriese husmear por la universidad. Tengo una reputación que mantener. Así que no me toque las narices señor Luc -mientras lo decía dio tres pequeños golpecitos con su dedo extendido en mi nariz -si quiere algo de mi llame antes y pida una cita en mi departamento. Y si no quiere nada solo le advierto: déjeme en paz. 

Antes de marcharse se permitió pegar un fuerte portazo y rosmar tanto que Darlene vino un poco asustada. 

-¿Es...está bien, señor?

-Sí, Darlene, estoy mejor que antes, ya tenemos principal sospechoso. Busque toda la información que encuentre sobre el señor Escobar. 

-De...de acuerdo.


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