27 jun. 2015

El Viento


Estaba atardeciendo cuando lo vieron.

Llevaban todo el día en la escuela. Habían aprendido a formular brebajes curativos y un veneno específico para acabar con las alimañas que se estaban comiendo el trigo. Lynae decía que no le gustaba eliminar a ningún animal por muy malo que fuese y Firna, engañando un poco a su hermana, le respondía que el veneno no las mataba, solo les quitaba las ganas de volver por allí.

También tuvieron una clase de música. El profesor, Ármibas, que tenía una edad muy difícil de imaginar, les había enseñado a despertar al agua tocando una leve melodía con la flauta. No se trataba de manejarla a voluntad, al menos de momento, era más bien un juego. La música sonaba y desde una pequeña laguna, un arroyo o un reguero se erguía una pelota de agua que se movía siguiendo el ritmo.

De camino a casa, con el Sol ya casi oculto tras la montaña y mientras aún atravesaban el valle, Firna notó que se levantaba el viento. Al principio no era más que una brisa normal pero enseguida se mostró como algo diferente. La hierba, las ramas en los árboles, su pelo, todo se estaba alborotando por efecto del aire.

Lynae fue la primera en verlo y se quedó petrificada. Trataba de moverse pero su cuerpo no le obedecía, quería gritar, correr, llorar y reír a la vez, pero no podía hacer más que estarse quieta. Firna lo reconoció casi al instante. Según la maestra Rilen, su pueblo le había servido durante épocas enteras, aunque ahora ya casi no se mostraba.

Víyin, el último de los elementales de aire, había elegido a aquellas dos jovencitas para mostrarse y dar su último mensaje, se acercó hasta ellas y sin pronunciar ni una sola palabra, las dos hermanas lo entendieron:

-Ha terminado mi tiempo, avisad en el pueblo, proteged el valle, se acaba la época del viento y nadie sabe lo que vendrá después.

Lynae se desmayó por el impacto de lo que había sentido y Firna, con las piernas temblando trató de reanimarla. El viento cesó y Víyin ya no se mostró nunca más. Si lo que habían escuchado era cierto tenían que avisar a todo el mundo. Así que Firna no se detuvo más, se cargó a su hermana a la espalda y corrió por el valle hasta llegar al pueblo.

Allí ya estaban reunidas en la plaza las representantes de las cinco familias. Todas habían sentido el viento y estaban convencidas de que había hablado. Firna se acercó muy apresurada y dejó a Lynae tendida en el suelo frente a ellas:

-Tenemos que hacer algo, hemos visto a Víyin – balbuceó muy deprisa – dice que se marcha, que se acaba nuestra época y que nadie sabe lo que vendrá.

-Tranquila Firna – dijo una de ellas mientras se agachaba junto a Lynae – me temo que antes de marcharse nos ha dejado un regalo.

En cuanto la anciana acarició la frente de Lynae, sus ojos se abrieron y ya no eran los mismos, ahora brillaban con mucha más intensidad, como si de ellos brotase un haz de luz. Firna no entendía qué estaba ocurriendo. Lynae se incorporó:

-¿Qué ha pasado? Estaba...estábamos en el valle y vimos a... De entre las cosas que había en la bolsa de Lynae, una de las ancianas extrajo la flauta y se la cedió:

-Toma hija, ¿por qué no tocas algo?

Con timidez y sin saber muy buen a qué venía todo aquello, Lynae comenzó a tocar y en ese momento volvió la brisa a crecer, brisa que se convirtió en viento y viento que formó un pequeño torbellino.

Todos estaban muy sorprendidos, Firna estaba emocionada, Víyin no se había ido, de alguna manera había dejado parte de su esencia dentro de Lynae. Cuando dejó de sonar la flauta, las cinco ancianas que representaban a las familias del valle rodearon a Lynae:

-No te preocupes pequeña – dijo una de ellas – es verdad que nadie sabe lo que vendrá, pero eso nunca se ha sabido.

Arte de: Adela Quiles Podéis ver más en: http://adelailustradora.tumblr.com/

y también en: https://www.facebook.com/AdelaQuilesIlustradora
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