18 jun. 2015

Absurdum - La obra perdida

La Biblioteca Nacional Italiana acaba de realizar uno de los hallazgos más importantes de todos los tiempos. Ocultos entre los muros de una milenaria sauna romana aparecieron una serie de papelajos enrollados de mala manera. En un principio pensaron en desecharlos o utilizarlos para envolver un bocadillo de pepino, sin embargo, gracias a todas las Musas, decidieron ver qué podían contener. 

Cuando Fabrizio Petiglianni, el prestigioso perito calígrafo, examinó con detenimiento los maltrechos papeles descubrió algo asombroso, una traducción al latín de la que puede ser considerada como la primera obra de lo que se considera “Teatro del Absurdo”. 

Según la prueba del Carbono-14 y la de los polímeros engominados su datación sería anterior al 11 antes de Cristo, con un margen de error de cinco o seis minutillos. 

La enorme desgracia es que sólo se conserve lo que parece ser la primera escena de la obra completa, pero vamos, menos da una piedra.


ABSURDUM

ESCENA 1

Un árbol al lado de un pequeño lago que proyecta sus brillos característicos sobre la lona que hace la oscuridad. Es de noche. Cayo, un apuesto granjero ataviado con una túnica, está tranquilamente apoyado sobre el árbol esperando a alguien. 

CAYO – (suspira fuerte) ¡Ay! Qué buena noche para pasar el rato, solo se me ocurren tres cosas mejores para hacer en una noche tan buena pero ninguna de las tres sería posible ahora mismo...bueno...puede que una sí, pero de momento prefiero...

Entra corriendo y cargando con un cesto de naranjas, JULIA, una lozana muchacha gritando y agitando los brazos. 

JULIA - ¡Naraaaaaaanjas, naraaaaaaanjas, tengo las mejores naraaaaaanjas de toda Roma! (se fija en Cayo) ah, hola, ¿qué tal, quieres una naranja? ¡son las mejores de toda Roma!

CAYO - ¿Y cómo lo sabes?

JULIA - ¿Cómo dices?

CAYO – Digo que cómo puedes asegurar algo así con esa ligereza. ¿Acaso has probado todas las naranjas de Roma para poder asegurar que las tuyas son las mejores?

JULIA - ¡Vaya, tenemos a un experto en naranjas! ¡Toma, prueba una! (Julia lanza una naranja a Cayo que le impacta en la frente y cae al suelo sin que él haga nada) 

CAYO – No me hace falta probarlas, ya sé que no pueden ser las mejores naranjas del mundo. 

JULIA - ¿Qué dices, cómo te atreves? ¿si ni siquiera te dignas a probarlas como vas a a saber si son o no son las mejores? ¿quién eres, cuál es tu nombre?

CAYO – Me llamo Cayo pero eso es irrelevante, mira qué hora es, ya se ha hecho de noche, imagino que cuando empezaste a vender las naranjas acababa de despuntar el sol, aún refrescaba y tú parecerías mucho más sonriente. 

JULIA -  ¡Eh! ¡yo siempre estoy sonriente!

CAYO – Pues no lo parece, pero tampoco importa, si realmente esas fuesen las mejores naranjas de toda Roma no necesitarías ir vendiéndolas por ahí, todo el mundo acudiría a ti y además dirían todo el día: “Eh, ¿conocéis las naranjas de...?” perdón...¿cómo te llamas?

JULIA – Julia, me llamo Julia.

CAYO – Gracias. “¿Eh, ¿conocéis las naranjas de Julia, no os parecen las mejores de toda Roma?”

JULIA – Ja

CAYO - ¿Ja?

JULIA - ¡Sí, Ja! Me importa poco tu opinión, ¿acaso eres un experto en naranjas o algo parecido? ¿Cayo el “naranjero? No, de ningún modo, eres un triste que sale a pasear solo por la noche porque no tiene con quien hacerlo. 

CAYO – Eso no es cierto, estoy...estoy esperando a alguien.

JULIA - ¿Ah sí? ¿y qué ocurre, se ha retrasado o no piensa aparecer porque no existe?

CAYO – Es real. No soy ningún triste, de hecho soy el hombre más alegre de toda Roma, ni siquiera el César es tan alegre como yo, una vez había un tipo tan alegre como yo y al encontrarse conmigo se deprimió para siempre.

JULIA - ¡Esto es insultante! ¿Cómo puedes mentir de forma tan descarada? Ningún hombre alegre pasearía solo por la noche cerca de un lago y mucho menos se atrevería a poner en duda la calidad de las naranjas de nadie.

CAYO (cabizbajo) – Es...es...es cierto, soy un hombre desdichado, esa es la verdad. Te vi pasar tan sonriente, tan lozana, tan hermosa...al instante me enamoré de ti...

JULIA – Eh, eh,eh, para un momento...

CAYO – No, lo siento, este amor ya no se puede frenar. Perdóname por insultar a tus naranjas, respondía todo a una vieja táctica para buscar el acercamiento a las mujeres bellas...

JULIA - ¿Una táctica, querías acercarte a mi despreciando mi trabajo e insultando a mis narnajas?

CAYO – Sí, es una antigua estrategia, se trata de destacar alguna imperfección de una mujer que parece perfecta, de ese modo ella sentirá su ego dolido y para resarcirlo tratará de ganarse los halagos del insultador. 

JULIA – Eso es una estupidez.

CAYO – Ahora lo sé, pero lo que siento es real. Eres bella, eres radiante, tan sonriente, tan amable, tan...tan naranja...

JULIA (muy desconcertada) – Creo que tienes un problema, lo mejor será que me marche. 

CAYO – No, espera, concédeme al menos el quedarte un rato, esperaremos aquí sentados y cuando llegue el hombre al que espero puedes dejarme si así lo deseas. 

JULIA – No sé, no sé, eres un tipo francamente peculiar, no digo que seas idiota pero es muy posible que llegues a serlo muy pronto. 

CAYO – Gracias, es un verdadero halago viniendo de ti. Hazme ese favor, siéntate a mi lado (Cayo se sienta en una rama grande y da unas palmadas a su lado invitando a Julia a hacer lo mismo) y esperemos juntos. 

JULIA – De acuerdo, pero si me siento incómoda ten claro que me marcharé. (Se sienta)

CAYO - ¿Y bien?

JULIA - ¿Y bien, qué?

CAYO - ¿Estás incómoda?

JULIA – No, no demasiado.

CAYO – ¿Es buen momento para que te bese?

JULIA – No

CAYO -  ¿Y ahora?

JULIA – Tampoco. ¿A quién esperamos?

CAYO – Todavía no lo sé. 

JULIA – Pues a ver si llega pronto.

CAYO - ¿Tienes prisa?

JULIA – No, pero me encantaría saber su nombre.

CAYO - ¿Es ahora un buen momento?

JULIA – No, todavía no. 


Compartir es vivir
Publicar un comentario