28 abr. 2015

9 años de la revista de Xogo Descuberto

A mediados del año 2006 y envueltos en algo a lo que llamábamos Colectivo Xogo Descuberto, se nos ocurrió a un grupo muy diferente de personas la alocada idea de tratar de sacar adelante una revista.

La verdad es que viéndolo con cierta perspectiva sigo sin tener muy claras las motivaciones que nos empujaron a hacer algo así. Creo que nos apetecía generar un soporte de expresión propio y para los demás, una especie de lugar de encuentro para todo aquel que sintiese la necesidad de expresar algo.



Y nos pusimos a ello. Si hay algo que sí que teníamos muy claro es que queríamos que la revista fuese de difusión gratuita y en soporte papel, queríamos algo tangible que la gente pudiese leer en un bar y dejarla allí o llevársela a su casa. Por eso creamos un formato muy pequeño y en cierto modo diferente. Era un A6, poco más que una cuartilla apaisada, en blanco y negro (a excepción de las portadas y más adelante algunas páginas interiores) y grapada.

No me siento capaz hoy en día, -y si me hubiesen preguntado entonces tampoco-, de calificar la revista de Xogo con una etiqueta muy precisa. ¿Era un fanzine? pues creo que no aunque nunca he sido un experto en el género. ¿Era un panfleto político? pues nos acusaron muchísimas veces de ello, pero me temo que tampoco o al menos nunca fue políticamente correcto. ¿Era una plataforma cultural? eso suena tan pretencioso que me temo que tampoco. Si tuviera que arriesgarme a calificarla de algún modo solo diría que era libre, era una publicación insultantemente libre.

Cuando nos planteamos crearla, hacer una primera tirada y diseñar un mini circuito de distribución, se nos ocurrió que los bares de Vigo querrían incluir su logo en páginas destinadas a publicidad, servir además de puntos de distribución y pagarnos por ello.¡Y lo hicieron! todavía hoy no me lo creo. Un montón de bares de toda la ciudad, e incluso de fuera de ella, aportaron su dinero para financiar la publicación de unos chavales porque sí, porque les apeteció. Jamás ninguno de los anunciantes en páginas interiores (que pagaban 20 euros por número) o en la contra (que pagaban 50), nos propuso cambiar una sola coma del contenido y eso nos permitió escribir lo que nos diese la gana sin ninguna presión de la gente que pagaba la revista.



Por eso digo que a mi la revista de Xogo Descuberto me hizo sentirme libre. A lo largo de los siete números publicados en algo más de dos años, pude escribir sobre lo que me salió de dentro sin más barrera que la limitación de espacio propia del formato y la autocensura que todos tenemos. Ni siquiera ahora desde el blog me he permitido nunca escribir de manera tan libre como entonces.

Y esa es la razón por la que me apetece rendir un pequeño homenaje a una pequeña revista que no supuso demasiado para el gran público pero sí, -o al menos a mi me gusta pensarlo así-, para todos los que tuvimos el empeño por convertirla en una realidad.

En sus páginas había contenido crítico, había relatos, hubo poesía, dibujos y viñetas, hubo sesudos estudios sobre conceptos económicos globales y pequeños textos humorísticos, reflexiones más o menos acertadas, diseños espectaculares y mucha ilusión, por diminuta que fuese la revista, rebosaba ilusión por todas partes.

Recibimos críticas por el formato, por el idioma, por el contenido, por la manera de distribuirla, por el número de copias, porque no había igual número de hombres que de mujeres, por ser de izquierdas, por ser de derechas, por ser nacionalistas, por ser malabaristas, por ser anarquistas y hasta por ser los cachorros ideológicos de no sé que puñetas.

A día de hoy no sé si todo aquello nos importó, me gusta pensar que no, que nunca hicimos demasiado caso a las críticas, pero no puedo hablar por todos. Está claro que si la revista se murió es porque tuvo que haber algún motivo para ello. Seguro que fueron muchos y muy diferentes pero en los momentos que dedico a reflexionar sobre ello, que tampoco son demasiados (o sí pero voy de duro), me encanta pensar que jamás perdimos ni por un instante toda la libertad que nos acompañaba.

Después de la revista llegó el local de Xogo Descuberto y finalmente una cosa y la otra desaparecieron. Por suerte, cuando todo se acabó pudimos decir: ¡Xogo Descuberto ha muerto! ¡Viva Xogo Descuberto!

En estos meses se cumplen 9 años de todo aquello, así que felicidades a todos y cada uno de los que lo hicimos posible.

Como parte de la celebración el gran Jaimen (quien diseñó todas y cada una de las páginas de la revista) ha decidido pasarse por aquí y dejar unas palabras sobre este acontecimiento:

Siempre se me ha dado realmente mal ubicar las cosas en el tiempo, no soy de esas personas capaces de decir “en el verano del 2001 me hice un viaje a Irlanda, pase el otoño trabajando de pizzero y en diciembre me operaron de apendicitis”. Mis recuerdos suelen ser un torbellino de vivencias, imágenes sueltas, sensaciones y muchas anécdotas que me sorprenden en la ducha o en el autobús, en cualquier sitio. Y sobre todo montones de carpetas y cajones repletos de papelajos y objetos de cualquier tipo que guardo con cariño, aunque muchxs lo calificarían de Diógenes.
Me han pedido que hable de la revista Xogo Desuberto, ya que este año cumple nueve primaveras, así que toca ejercicio de memoria. 

Xogo Descuberto para mi no fue una simple revista ni tampoco un simple colectivo, para mi fue el punto de partida de muchas cosas. 

Me enseñó sobre el compromiso, canalizó mi rabia, mi creatividad, y un montón de cosas que ahora suenan así, a tópicos moñas, pero si lo digo es porque lo siento tal y como os lo estoy contando. En mi caso al menos, realmente tiene mucho que ver con la persona que soy ahora; desde a qué me dedico hasta en qué invierto mi tiempo libre. 

Siempre fuimos unos culos inquietos, intentábamos hacer de todo y en todas partes. Cada uno teníamos nuestros propios intereses, unos diseñaban, otros escribían, dibujaban, hacían cortos, fotos, tocaban en bandas o lo que fuera, simplemente tenían ganas de hacer cosas y alejarse de un modo de vida parásito. Y empezamos a hacerlas sin más, lo que nos apetecía, desde performances en la calle a organizar protestas intentando siempre que se saliesen de lo común. Cada uno participaba en lo que le apetecía y cuando le apetecía. Y la revista fue un proyecto dentro de todo esto, como también lo era la reconquista de Toralla, las jornadas antisgae y por la cultura libre o después lo fue el centro social autogestionado. 

Para mi giraba en torno a dos conceptos, la crítica social y la difusión cultural, y lo bonito de la historia era ese espíritu DIY que estaba siempre presente; todxs hacíamos de todo. Como es normal hubo sus broncas y malos momentos, pero hay que decir que lo pasábamos bien, bien de cojones de hecho! Cada reparto era una aventura, se sabía como empezaba pero nunca como iba a acabar, reuniones en las que se hablaba de todo menos de la revista… la verdad no se a quien le pareció buena idea hacerlas los domingos. 

Desde el primer número fuimos conociendo gente nueva, que iba apareciendo sin más y aportando lo que le parecía. Y todo nos sorprendía, no sabéis cuanto, todxs eramos nuevos en esto, y poco a poco nos íbamos dando cuenta de lo sencillo que era darle forma y llevar a cabo todas las ideas que se nos pasaban por la cabeza. 

En fin, siete números en total, mucho cariño y esfuerzo en todo lo que hicimos en esos años, y demasiadas cosas que contar. Ya estoy deseando recordarlas en la cenita que haremos este año ;) 
Ahora me doy cuenta de que además de una revista, fue siempre una excusa para vernos las caras. Por eso voy a acabar dejando un texto que publicamos de un buen amigo al que ya no veo tanto desde que se murió la historia, un besote hermano!

Comandante J. Cipote de Monforte.

No quiero hablar de la campaña encubierta de todo el Estado para hacernos creer la apremiante necesidad de “tenerlo”, ni del uso de las emociones para vendernos Coca-Cola en navidad o intentar comprar un voto en marzo. No voy a hablar de las increíbles hordas de series y programas que nacen con un único objetivo, limpiar la imagen de alguna institución o prepararnos para un cambio artificial de conducta. No voy a hablar de los que hablan en nombre de la cultura, de su defensa ante el “insensible” consumidor, ni de la escuela y la sanidad de lujo que pacientemente habéis ido implantando unos y otros. No voy a hablar de vosotros. Hoy no. Esto va por ti:

La miseria no encuentra un hueco en la risa de un niño que juega.
El poder se diluye en el ácido del amor sin condiciones.
Las armas se encasquillan en la mirada serena de quien tiene la razón.
La tortura no consigue tan alto lamento que oculte el continuo susurro de la verdad.
Las cadenas no frenan el pie descalzo de adornos.
El miedo, no es ni será jamás, defensor de lo correcto.
La última palabra no es ni será jamás la vuestra.

Arca.


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