8 ene. 2015

El fotógrafo de Buffalo Bill

Entre las llamas había fotografías de todo tipo. Aquella noche de 1.886, la casa de James Frederick Allison ardía sin remedio, y aunque nadie lo sabía, él estaba dentro consumiéndose también en el fuego. 

Veintiún años antes, nacía el pequeño James como el sexto de los hermanos Allison en la prestigiosa finca familiar en los campos de Missouri. Su padre era uno de los terratenientes más importantes de la zona, sus cabezas de ganado se contaban por miles, al igual que las hectáreas de terreno de las que disponía. Su madre, aunque resultase extraño para la época, era una mujer muy activa políticamente y formaba parte de distintas asociaciones sufragistas. 

Eso le valió a sus hermanos y a él para tener una buena educación en prestigiosos colegios, lo que presuponía una gran presión a la hora de decidirse por una profesión u otra. No era compatible el ser un Allison y dedicarse a la pintura, al baile o al circo. Más bien era casi obligatorio hacerse abogado, médico o cualquier otra profesión de las "buenas".

Los Allison, un matrimonio de bien.

Por eso cuando con apenas dieciséis años, James se plantó frente a su padre, un tipo imponente en varios sentidos, y le dijo que quería ser fotógrafo, el escándalo se alargó durante semanas. Por supuesto la negación fue absoluta e irrevocable, así que el sueño de James tuvo que esperar un tiempo. 

Fue en 1.884, estudiando derecho en una universidad de Kansas, cuando pudo ahorrar lo suficiente como para comprar su primera cámara fotográfica y, completamente en secreto, realizar sus primeras fotografías. Él estaba convencido, casi treinta años antes de que existiese ese debate en Europa, de que la fotografía debería ser considerada como un arte, ya que existía manipulación y también una elección en aquello que se quería fotografiar. Sin embargo no había nadie que le hiciese el mínimo caso.

Sus primeras fotografías eran sobre eventos deportivos. Decía que podían transmitir emoción, fuerza, carácter. Así esperaba con ansia cada semestre a que se realizaran las competiciones universitarias. El problema llegó cuando en una visita inesperada de sus padres, el señor Allison descubrió las fotos. Sin planteárselo ni un momento les prendió fuego frente a su hijo, que no podía hacer más que observar como se carbonizaban delante suya.

Uno de los eventos que fotografiaba James en sus inicios,
en este caso el juego de la cuerda.

Por eso decidió huir. Fue entonces cuando no muy lejos de allí, en un bar de Omaha, James se topó con William Cody, un tipo extravagante y con una borrachera digna de un dios griego. El tipo en cuestión le habló del arte, del espectáculo y de como necesitaba a alguien capaz de reflejar todo eso. Aquel borracho era Buffalo Bill y acababa de formar el "Buffalo Bill's Weird West" un circo ambulante que iba recorriendo todo el país con un número de disparos, indios y caballos.

Esta es la primera fotografía que hizo
James de William Cody "Buffalo Bill"

James, una vez más le dijo que con sus fotografías podría transmitir aquello que buscaba, llevar la emoción al papel y que quedara capturada para siempre. Buffalo Bill fue el primero en creer en el joven Allison y le dio la oportunidad.

Aún con pequeños intentos James siempre buscaba
algo "diferente"

Como un integrante más de toda la compañía, James fotografió más de trescientas veces en un año a sus compañeros. Les hizo retratos de todo tipo pero no estaba del todo convencido.

El lenguaje fotográfico todavía era un camino por andar y el equipo que tenía James no era el más adecuado para experimentar. Así que hizo varias de las mejores fotografías que se recuerdan de Buffalo Bill, pero no estaba contento, necesitaba algo más.

Esta la hizo poco antes de abandonar la
compañía de Buffalo Bill.

En 1.886, con el dinero ahorrado de dos años dando vueltas con el "Weird West" y con una recomendación de Buffalo Bill se dirigíó a una compañía muy diferente, la New York Photography Corporation, la vanguardia más absoluta en ese lado del océano. Allí James conoció a varios de los mejores fotógrafos de la ciudad, pero a pesar de ser muy buenos, seguían siendo retratistas. En sus instantáneas seguía sin haber pasión.

Por eso cuando le llegó un nuevo encargo de la compañía se sintió aliviado. Era un trabajo especial, algo distinto y en cierto modo polémico. Se trataba de fotografiar a las bailarinas eróticas de un número muy conocido. Varios de sus compañeros rechazaron hacer esas fotos por evitar tener problemas con las distintas asociaciones puritanas, pero James aceptó sin dudar.

Una de las bailarinas del encargo de
la New York Photography Corporation

Si no podía capturar la emoción con su máquina sí que podría al menos provocarla en aquel que mirara su trabajo. Fue el maridaje perfecto. En tan solo un par de sesiones con las chicas comprendió que había nacido para hacer esa clase de fotografías.

Otra de las chicas con un vestido sexy de
policía.

Rápidamente entre las chicas se ganó el apelativo de "el fotógrafo de Buffalo Bill" ya que nunca desperdiciaba la oportunidad de contar que había estado a su servicio y, en unos meses, era además el fotógrafo erótico de Nueva York.

Los encargos continuaron y fue él mismo el que quiso dar un paso más allá. En la Corporación le advirtieron de que eso podía ser muy arriesgado y le pidieron que no firmase las fotos en nombre de la compañía si seguía adelante.

James buscaba  lo artístico de la
desnudez femenina.

Y siguió, al primer erotismo más o menos sugerente, le siguieron los desnudos integrales. Se convirtió para él en una especie de obsesión, el cuerpo femenino era la forma de arte que quería fotografiar para siempre. Las sesiones semanales se convirtieron en diarias. Producía muchísimo más material del que podía vender y las chicas terminaban cansadas de hacerse siempre el mismo tipo de fotos y de que además les pagasen mal y poco.

Poco a poco trató de dotar a sus fotos
de más elaboración.

James se había perdido en su obsesión por el arte. No era nada sexual, era una sublimación de la belleza a través de la fotografía. Estaba convencido de que con su trabajo estaba evolucionando toda la disciplina completa.

Y al final llegó a hacer fotografías muy
provocativas y escandalosas en su
momento.

Y puede que tuviera razón. Pero nunca se sabrá. En 1.886, en la primera noche de la primavera, dos hombres embozados se colaron en su apartamento para quemar todas aquellas fotos que atentaban contra la moral y la buena cristiandad. Ellos no lo supieron hasta días más tarde, pero las llamas se llevaron también a James Frederick Allison, "el fotógrafo de Buffalo Bill".

Esta será siempre su foto más recordada y
más reproducida, Buffalo Bill con Toro Sentado.
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