1 dic. 2014

Las Catacumbas de Salem (III) - La reconciliación con el crowdfunding

Entre Agosto y Septiembre de 2013 llevé a cabo mi primera campaña de crowdfunding. En aquella ocasión formaba parte de la fase final del I Certamen Internacional de Cómics y Novelas Gráficas "Línea Sinuosa" y a dos días de terminarse escribí una entrada para el blog en un tono muy agridulce. 

Durante aquellos días experimenté la cara más dura de lo que significa el micromecenazgo, todo lo que tiene que ver con los nervios, con las continuas peticiones, con las listas de correos, los mensajes masivos y la promoción desbordada. Además lo realmente duro era pelear entre varios autores por "alzarse con la victoria", en una suerte de competición de apoyos que no deja de resultarme curiosa a día de hoy. Si ya bastante duro es tener que pedir dinero para poder financiar una obra, lo es más si tienes que vigilar por el rabillo del ojo a tus "contrincantes". Porque ¿quién gana? ¿el mejor o el que más amigos tiene? 

Dejando de lado aquella experiencia y sin saber muy bien cómo, resulta que generé cierto cariño incomprensible por el método. ¿Por qué? Pues porque ahora sé lo que hay. Ahora conozco lo duro que es estar preparando un proyecto durante meses que puede acabar en nada. Y sobre todo ahora comprendo, que en ocasiones el crowdfunding no es "la última alternativa", también puede ser la primera. 



Desde aquel momento mi participación como mecenas en otras obras se multiplicó. Con mis aportaciones se han podido publicar varios tebeos, dos documentales, un corto y un juego de rol. A alguno de los creadores de los proyectos los conocía, pero a la mayoría no y eso es lo que tiene que conseguir este método. Llegar más allá de un círculo reducido de amistades, salir de los círculos sociales cercanos para entrar en el mundo real de los consumidores de cultura. 



Está claro que queda muchísimo camino por recorrer en este sentido. El micromecenazgo sigue dejando "mácula" en algunas obras que salen de él, aún suenan voces que dicen "lo que sale de ahí no tiene la misma calidad que lo que viene de las editoriales". A eso solo puedo responder "¿has visto todo lo que sale de las editoriales?"

Cuando Las Catacumbas de Salem echó a andar, parecía un proyecto complejo. Había mucha gente involucrada, de hecho, al final somos trece, pero si se cuenta a los que estuvieron dentro del proyecto y por unos motivos u otros, abandonaron, han pasado por él hasta veinte personas. 

Por eso me alegra mucho que a nueve días de terminarse la campaña, falten menos de cien euros por recaudarse, y eso hace que llegar al papel ya sea prácticamente una realidad. 

Este no es un libro más (eso dirán todos), este libro significa el primer libro físico de la gran mayoría de sus participantes. Es decir, su primera obra que poder colocar en un estante y que, con mejor o peor resultado, puedan decir "mira, ese es mi libro". Y eso significa muchas cosas a nivel personal, pero también a nivel profesional, porque han podido llevar a cabo una tarea que no es para nada sencilla, hasta el final. 



Pero sin duda lo mejor de todo, sin desmerecer para nada lo anterior, es que este libro supone el primer volumen de una editorial, su primera publicación, la piedra sobre la que construir algo más grande. The Rocketman Project pasará a convertirse en un sello y colocará mil ejemplares de Las Catacumbas de Salem en librerías de todo el país. 

Así que ¿cómo no reconciliarse con el crowdfunding cuando es un método que puede conseguir algo así? Es verdad que es difícil y duro y que pone a prueba los nervios de cualquiera. 

Pero hoy ya puedo afirmar que el crowdfunding consigue cosas maravillosas.
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