11 ago. 2014

Rasheed "The Spy" - Experimento musical (II)

Nota previa a la lectura: en la serie "Experimento musical", la lectura irá siempre acompañada por una pieza musical que ha inspirado la escritura del relato y ha sonado en bucle durante todo el proceso. Por ello lo más recomendable es hacer lo mismo durante la lectura, es decir, reproducirla y acto seguido leer. Si se utilizan unos cascos la experiencia resultará más gratificante.

Para este Experimento, la música pertenece a FJGI y lleva por título "Jumping Rag" y es la que ha servido de inspiración para todo este experimento.



RASHEED "THE SPY"


Cada vez que sonaba aquella canción, el terrible asesino que llevaba dentro el cyborg 4-47, se agarraba del cinto y comenzaba a bailar lanzando las piernas a un lado y a otro.

A pesar de haber sido dotado con la mejor de las inteligencias artificiales de su época, un sistema de seguridad en su programación le había convertido en el mayor mercenario bailongo de su momento.

Con un rastro de más de cincuenta guardas de seguridad a su espalda y con toda la familia real de Rakijistán frente a él, convenientemente atados y listos para la tortura, a través del hilo musical del Palacio comenzó a sonar el entrañable country que lo convertía en poco más que un monigote de feria.

Con una intensa mirada homicida, el ceño fruncido y la mandíbula de aluminio apretada, 4-47 no se podía contener y el agite de cadera era tremendo. Alrededor de sus víctimas hacía todo tipo de movimientos, primero acompasados y después incluso obscenos. El baile le dominaba y ya no podía impedirlo.

El monarca, Muhammad Al-Rimingit IV, hijo de su padre y nieto de su abuelo, había descubierto hacía ya dos años, que la inteligencia americana pretendía deshacerse de él por sus convenios petrolíferos con la órbita del eje del mal, así que destinó todos los esfuerzos de su servicio secreto en contrarrestar un posible asesinato.

Y apenas un año atrás descubrió que la CIA había ordenado su ejecución como quién ordena una tapa de chipirones en un chiringuito de la costa del Sol. Así que destinó a su mejor hombre, Rasheed “el espía”, para que se infiltrase de alguna manera en los Estados Unidos. Y así lo hizo, Rasheed se puso en forma y fue fichado por los Portland Trail Blazers.

Fue un pelotazo, con un promedio de 27 puntos y 12 rebotes, Rasheed fue nombrado MVP de su conferencia durante tres meses consecutivos y tuvo que poner en una balanza su futuro. ¿Seguiría trabajando para el flamante servicio secreto Rakijistaní o se dedicaría a su nueva y brillante carrera baloncestística en la que aspiraba a ser All-Star el año de su debut e incluso a ganar el anillo?

La decisión era muy difícil y, mientras terminaba de decidirse, la CIA avanzaba en sus macabros planes. Sus diseños de cyborgs asesinos eran cada vez mejores y llegaron a su último modelo, el 4-47. Con él derrocaron seis gobiernos en América Latina, se deshicieron de tres generales norcoreanos e implementaron un sistema neoliberal como dios manda en al menos una veintena de países africanos.

Todo era alegría y regocijo para la CIA, pero se dieron cuenta de que si algún día el 4-47 caía en manos enemigas, habría de tener algún sistema de seguridad que le impidiese atacar a sus superiores.

Mientras tanto llegó Febrero y Rasheed, como vaticinaban los expertos, fue nombrado All-Star e incluso seleccionado para participar en el concurso de mates. Estaba pletórico. Su trayectoria era meteórica pero sus obligaciones patrióticas le reconcomían. Los Trail Blazers ya habían llegado al récord histórico de las 45 victorias y todavía quedaba mucha liga.

Así que se le ocurrió una idea inmejorable, tenía que ganar el anillo y si lo conseguía haría la visita de rigor a la Casa Blanca y ese sería su momento, allí encontraría todo lo que necesitaba para deshacer los malévolos planes de los terribles yanquis a los que ahora empezaba a querer un poquito.

Y así fue. En el All-Star metió quince puntos saliendo desde el banquillo, capturó cinco rebotes y colocó tres tapones magistrales. Pero eso fue algo menor. Terminaron la liga con 72 victorias en el mejor resultado de la franquicia, siendo campeones de su división (algo que no conseguían desde el 99) y Rasheed entró en el primer quinteto ideal y fue nombrado mejor jugador defensivo.

Solo quedaban los playoffs. El monarca Muhammad le llamó en persona para felicitarlo y para que no descuidase sus funciones espiatorias. El plan era arriesgado pero estaba funcionando.

Tanto se había infiltrado Rasheed en la vida norteamericana que a todas horas escuchaba el mejor country, sacado de grupos de Louisiana y Oregón. Era ya casi parte de su vida. Lo escuchaba en los entrenos, en su casa cocinando y mientras espiaba a sus compañeros y amigos yanquis.
En primera ronda arrasaron a los Warriors de Golden State por un contundente cuatro a cero. Sobrepasaron los cien puntos por partido y Rasheed estuvo impresionante. La ESPN le nombró candidato a mejor jugador de las finales si aquello continuaba así. Y continuó.

Country, baloncesto y espionaje eran el maridaje perfecto para Rasheed y nunca se había sentido tan lleno en su vida. El éxito fue total y tras librarse de los Lakers en la final de conferencia ya solo quedaba la final contra los Knicks.

No fue sencillo. Los de New York forzaron la final hasta su séptimo partido, y nada más comenzar, y en una caída terrible, Rasheed se torció el tobillo. Sus esperanzas, todo su plan para acabar con las malvadas intenciones del gobierno estadounidense, sus anhelos de conseguir su primer anillo, se desvanecían con una mala caída.

Pasó todo el primer cuarto en el banquillo, con el pie recubierto en hielo y lágrimas en los ojos mientras los Knicks se despegaban y ya estaban doce puntos arriba.

Pero dejó de lamentarse, como las grandes estrellas de todos los tiempos, como Magic, como Jordan, como Larry Bird, se sopbrepuso, escuchó un poco de country en su Ipod y le pidió al doctor del equipo que le infiltrase allí mismo. Y salió al campo a mitad del segundo cuarto. Y su actuación fue histórica.

Consiguió el primer triple-doble en su carrera, anotó 36 puntos, capturó 15 rebotes y puso 10 tapones. La prensa, los aficionados y todo el mundo del deporte estaban alucinados y ya hablaban de la Dinastía de Rasheed.

Tras levantar el trofeo del campeonato y con el anillo en el dedo anular de su mano izquierda, los Blazers, como era de esperar, fueron llamados para ser recibidos por el presidente.

Y allí estaba su momento. Tras toda aquella locura, Rasheed al fin buscaría la manera de infiltrarse entre los pasillos de la casa presidencial para conseguir alguna manera de desbaratar los planos contra la realeza rakijistaní.

Tras dar la mano al presidente, Rasheed se excusó para ir al lavabo, se puso los cascos para concentrarse mejor y se dirigió a los servicios. Mientras orinaba, notó un intenso frío a su espalda.

-Estate quieto y no te muevas.

Aquella voz metálica resultaba aterradora aunque apenas pudo escucharla con el country a todo volumen, así que se giró y por primera vez pudo verlo. El cyborg 4-47, con su brazo derecho convertido en un fusil muy moderno, estaba apuntándole mientras hacía pis.

-¿Qué coño? - exclamó Rasheed ante la visión del robot asesino mientras levantaba las manos.

-Sabemos quien eres, lo sabemos desde el primer momento y ahora vas a morir por ser un enemigo del neoliberalismo – dijo el cyborg en una de sus frases del manual para cyborgs asesinos.

-¡Ehh, perdona pero no te escucho! - dijo Rasheed mientras se quitaba los cascos de las orejas.

Y entonces ocurrió, aquel ritmillo alegre y vacilón llegó a los oídos metálicos del artilugio homicida y mientras Rasheed alucinaba, comenzó a menear el pandero de manera incontrolable. Su cañón se convirtió en un sombrero de paja que agitaba arriba y abajo mientras no paraba de girar y darse palmadas como si se tratase de una yegua.

Rasheed no sabía si aprovechar el momento y ponerse a bailar o hacer llegar de algún modo aquella información a los servicios de inteligencia de Rakijistán y optó por lo último.

Por eso, cuando uno de los 4-47, tenía atada a toda la familia real, el hilo musical soltó aquel ritmillo frenético en bucle hasta que los circuitos le explotaron. Desde entonces la CIA trabaja en un nuevo sistema de seguridad, el country pasó a ser la música oficial del reino en Rakijistán y Rasheed...bueno Rasheed tiene una historia aparte.


Su torcedura de tobillo desembocó en algo más grave. Nunca debería haberse infiltrado tras la fatídica caída de la final, así que tuvo que dejar el baloncesto. Eso sí, se convirtió en el primer jugador de los Blazers al que le retiraron la camiseta tras solo una temporada. Y desde entonces, su camiseta, con el dorsal 53, cuelga del Moda Center, retirada para siempre y Rasheed “The Spy” ya forma parte del Hall of Fame.  
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