1 ago. 2014

El Gurú, el día que me encontré con Mckee

Sentado en un bar en Huertas, me tomo un espresso delicioso mientras pongo el punto final a mi último guión. Es una historia social, sin complejos, llena de sentimiento y con personajes tan nítidos que parecen que van a tu lado en el metro.

Esta es la máquina con la que escribo. Adoro poder llevarla conmigo al parque.

Allí estoy, disfrutando tanto de mi propia petulancia que apenas me doy cuenta de quien se sienta a mi lado. Tengo que mirar hasta tres veces para darme cuenta. ¡Es Robert McKee! ¡Joder! ¡El gran Gurú! ¡el máster del universo de la escritura cinematográfica se acaba de sentar a mi lado y ha pedido un jodido espresso! ¡Como yo! Tenemos los mismos gustos, lo sabía. 

En cuanto me sobrepongo del impacto trato de decirle algo y caigo en la cuenta de que mi inglés es pésimo. Pero ¡qué demonios!, para eso tengo mi smartphone y rápidamente busco como se dice “Señor Mckee, soy un firme adorador de su trabajo, de hecho toda mi obra no valdría un carajo de no ser por su libro”. Y entonces me paro a pensar un momento. Me cago en la mar, si de verdad mi obra no valiese nada de no ser por un libro, es un poco triste. Aunque en cierto modo soy como el Papa.

Este es el gran Robert utilizando uno de sus poderes mentales.

Vaya, me encuentro a uno de los mayores gurús de todos los tiempos y me quedo aquí pensando en mis cosas, soy un egoísta. 

En fin, voy a acercarme. Pero para, para, para. Mientras me decidía, un pedazo de rubia tremenda se ha sentado con el maestro. Como está la chavala. Es normal, si eres un faro referencial para todos los escritores del universo es normal que atraigas a los pibones. 

Anda mira, el bueno de Robert no le quita la vista del escote. Qué curioso, son esos detalles los que hacen humano al genio. Es impresionante, eres el emperador supremo de las letras pero eso no quita que te gusten un buen par de tetas. Gracioso. Hasta rima.

Y esta es la chica que es tan inteligente como parece.

Hostia, que le está tocando una pierna. Si es que además tiene un punto canalla el tío. Es como Melendi pero mejor. 

Coño. Ahora que caigo le puedo pasar mi guión, me lo paso por bluetooth al móvil y del mío al suyo. Joder, qué ideón. Seguro que le flipa, sigo casi todas sus normas, bueno, me salto alguna pero porque creo que mejoraban la trama. Quieto parao, eso será mejor que no se lo diga, tampoco se trata de insinuarle al mandamás de los gafapastas que soy capaz de corregir sus errores. 

Nada de eso, si dice algo de ese punto diré que es un error que tampoco quiero quedar mal. 

¡Hala! Que le acaba de meter la mano debajo de la falda en plan despistao. Joder, no se corta un pelo el adalid de la expresión escrita. Seguro que ha tocao braga. Qué pasada y cuidao, que la rubia no se queja. Madre mía, este tipo debe ser un semental de la leche. Míralo ahí, un vejete hecho polvo y metiéndole mano a esta chavala en público. 

A lo mejor mi problema es ese. Quizá tengo que soltarme más, me noto encorsetado, creo que el botón de la camisa me aprieta un poco. Creo que debo entregarme más a la vida, al despiporre, al sexo salvaje y dejarme de tanto parloteo intelectual. 

Vaya, igual se están pasando un poquillo, la chavala le está acariciando la entrepierna y ahí ya se ve bultaco. Calza bien para la edad que tiene pero me está empezando a resultar un pelín incómodo. 

Es que ahora no voy a plantarme allí y decirle nada. Te imaginas, “Mr. Mckee, excuse me...” y el tío empalmao como si no hubiese un mañana y la tipa disimulando y chupando un calippo. 

Me estoy poniendo burro hasta yo. ¡Oye! Y si me dejo de gilipolleces y les propongo un trío. Que la rubia está muy buena y eso, pero zumbarme al semidiós de la palabra que sugiere una imagen, eso ya sería la caraba. 

Estoy salivando y sudorando a la vez. Ya me estoy imaginando dándolo todo en medio de un tía que está tremenda y de la langosta y el caviar del léxico. ¡Buah! Me acabo de poner muchísimo dándole la vuelta. Te imaginas que soy yo, un mindundi, intelectual pero mindundi, el que le provocase un orgasmo a él. Tengo que proponérselo. Allá voy. 

¡Alto!, le acaba de decir una frase en italiano. ¿McKee? ¿en la lengua de Valentino? ¿qué pasa aquí? ¿es que sabe idiomas o es que hay un tipo por Huertas haciéndose pasar por el gran Gurú de los guiones? ¡Qué vergüenza por favor! Aunque bien pensado, un tipo que sabe tanto es lógico que utilice el italiano para guarrear. Aunque si no es él ¿en qué lugar quedo yo ofreciéndole una masturbación a un viejales napolitano? Que soy bueno en esas artes pero como que no me apetece mucho. 

¡Ey! ¡que se van! ¿les digo algo o no? ¡vaya! Le acaba de levantar toda la falda para tocarle el culo, qué pasada y la chavala se lo está pasando en grande no te creas. 

Casi que voy a dejar que se marchen. Sea McKee o un siciliano adinerado está muy desfasado para mi gusto. Creo que mañana voy a empezar a leer a Linda Seger. Seguro que es una persona más moderada, más cauta y ya se sabe, en esto del guión es mejor tomárselo con calma. 

¡Anda! ¡un momento, quieto todo el mundo! ¿ese de ahí no es Syd Field?
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