14 jul. 2014

Los ojos de Buñuel (V) - Novela por entregas


5.

El 9 de Junio de 1603 comienzan a llegar los enfermos. Venían desde toda la ciudad y también desde Toledo y hasta de Salamanca. El edificio era impecable, de línea neoclásica y de una sobriedad que le haría encajar a la perfección en los barrios más elegantes de cualquier ciudad europea. Pocos años más tarde se establece la iglesia y allí trasladan los restos de Bernardino de Obregón, fundador de los Hermanos Enfermeros Pobres, una congregación dedicada al cuidado de los enfermos. 

Con el paso del tiempo Los Enfermeros Obregones, como se les llamaba, se hicieron con el control de todo el hospital que no paraba de crecer. Allí albergaban también La Galera, una cárcel para mujeres, la Casa de Locos y un hogar para desamparados. Para ayudar en todo lo que suponía administrar todo aquello empezaron a contar con hermanas venidas de las Descalzas Reales. 

Durante más de tres siglos, el edificio soportó modificaciones, reinvenciones, decretos y guerras, hasta que en 1965 comenzó el abandono. Todo aquello formaba la impronta que se sentía en el ambiente. Todo el dolor, el padecimiento, la muerte y la enfermedad.

Frente a Alba se abría una de las plantas del hospital en ruinas. A los lados quedaban los herrajes de antiguas camillas cubiertas por restos de colchones de espuma ennegrecida. Por el suelo quedaban soportes y pequeños armarios tumbados y con los cristales rotos dejando ver botes de cristal llenos de polvos sin identificar. 

En las paredes se alternaba entre una mitad de azulejos blancos, desgastados, y otra de pintura llena de grietas y zonas desconchadas que mostraban un fondo del color propio del ladrillo.

Por un momento Alba se detuvo a mirar, entre el instante anterior de la persecución de los guardias y el actual parecían haber pasado al menos veinte años. Ya no sentía la presión de saberse acosada, ahora, su cautela, formaba parte de otra sensación. Nada más comenzar a andar notó una ligera brisa y, sin tener en cuenta lo que estaba haciendo, se sacó la máscara que le cubría la cara y comprobó que el aire le movía el pelo. 

A medida que avanzaba fue poniendo atención a todos los detalles. Vio bombonas de oxígeno tiradas por las esquinas, botellines de suero, jeringuillas y todo tipo de instrumental quirúrgico. Siguió avanzando por el pasillo hasta que llegó a una puerta que le alarmó. De la mitad hacia arriba estaba arrancada, parecía que algún tipo de animal la hubiese destrozado a zarpazos con el fin de huir de allí. Alba acarició el pomo y notó un calambre que le subía hasta el codo. Trató de soltarse con rapidez pero algo se lo impedía, era como quien se queda pegado a un cable que le suelta una descarga. Todo aquello hizo que su atención recayese en el interior de la oficina. 

Había papeles por todos lados, desperdigados sin ningún tipo de orden. Se distinguían historiales, fotografías y algunos recortes de periódicos. Pero sin duda lo que más se hacía notar era un hábito negro sobre un escritorio carcomido. Alba sintió la necesidad de entrar, giró el pomo y empujó pero la puerta parecía haberse atrancado con algo. Lo intentó una, dos y tres veces más antes de conseguir pasar y en cuanto lo logró la brisa movió su pelo de nuevo. Con paso lento pero seguro Alba se acercó a la mesa y extendió la mano para tocar la tela del traje. Un susurro llenó sus oídos.

-Vete de aquí.

Alba giró la cabeza pero no había nadie, por un segundo cerró los ojos, respiró con calma y se dio cuenta de que el agotamiento estaba empezando a afectarle. Así que emprendió de nuevo la marcha y al dar dos pasos escuchó un nuevo murmullo a la vez que la puerta se cerraba con violencia. 

-El cuadro no puede salir.

Alba se puso en guardia, buscó la procedencia de aquella voz pero no vio nada.

-¿Quién anda ahí? - gritó, y al instante su voz se perdió entre las paredes. 

Muy nerviosa Alba se acercó hasta la puerta y al tratar de abrirla se encontró con que estaba aún más atrancada que antes. Agarró el pomo con las dos manos e incluso trato de impulsarse con más fuerza apoyando un pie en la pared. Sin que se diera cuenta, a su espalda, el hábito de monja estaba empezando a moverse como si algún ente lo estuviese llenando con su presencia. Alba notó una nueva ráfaga de viento, se dio la vuelta y allí estaba.

Suspendido en el aire estaba el hábito y en su interior una calavera grisácea casi transparente. Alba soltó un alarido de pavor que nadie pudo escuchar mientras observaba que, a ambos lados de aquella monja infernal, como si fueses sus brazos, se extendían garras enormes de tres dedos a medio camino entre un animal y ramas de un árbol retorcidas. Alba siguió gritando sin parar. Aún en el pasillo abovedado, Juan se agarraba a la puerta que había atravesado Alba mientras gimoteaba tirado en el suelo como un crío pequeño. 

Alba gritó hasta perder la voz. En ese momento la calavera habló. 

-Deja el lienzo y márchate.

Temblando como nunca lo había hecho, Alba se echó la mano a la espalda y cogió el retrato de Buñuel. Si dejaba allí el cuadro incumpliría el encargo, si no lo dejaba saldría de allí con los pies por delante. Es posible que la gente de la Sociedad Yorklington también se deshiciese de ella pero pensó que sería mejor ocuparse de cada cosa a su momento. Extendió el lienzo ofreciéndoselo a aquella criatura horrenda y balbuceando le preguntó:

-¿Por...por...por qué...es...es...por qué es tan importante este cuadro?

Casi un minuto tardó en responder el espectro.

-No es la pintura, es lo que oculta en la tela. 

Con la respiración agitada y en un movimiento impulsivo Alba se tiró al suelo, desplegó el retrato y lo arañó con fuerza a la altura del ojo derecho del cineasta. Con la boca abierta comprobó que la pintura se desprendía con facilidad e hizo un nuevo rasguño descubriendo algo debajo de la mirada del retratado. 

Desde el iris del ojo derecho hasta la punta de la nariz, Alba había profanado la pintura abriéndole una cicatriz al maestro Buñuel. La herida que le había hecho arrojaba una combinación de números y letras a modo de hemorragia. 1-E-i-m-l Una combinación sin sentido pero que demostraba aquello que no había sido capaz de encontrar tras meses de investigación. El cuadro ocultaba algo, ahora era evidente, aunque aquella relación críptica no le aclaraba nada. Desde el suelo pudo levantar la vista una última vez. El fantasma se había acercado tanto que la paralizaba de terror. 

-No podías saber eso. 

Sin dejar que Alba replicase, una de las zarpas le recubrió la cabeza. Alba con la boca abierta, notaba como uno de los dedos del monstruo entraba en su garganta y otro le rodeaba el cuello. Se estaba quedando sin aire cuando sin ningún esfuerzo aquel engendro la levantó del suelo casi un metro y rodeó su cuerpo con el otro brazo. Notó como la presión aumentaba más y más mientras se iban resquebrajando sus costillas. Quiso decir algo, pedir clemencia al menos, pero ya era imposible. Aquella bestia con hábito de monja la exprimió una vez más antes de soltarla en el suelo. Las partes de su cuerpo que habían tocado sus garras estaban al descubierto, la tela se había quemado y la piel se había enrojecido. Con su último esfuerzo trató de arrastrarse pero no hacia la salida, intentó acercarse al cuadro. Cuando llegó recogió un cristal del suelo y se rajó un dedo para utilizarlo como si se tratase de una pluma.

Ante la mirada sin ojos de la calavera, Alba escribió en el reverso del lienzo con su dedo ensangrentado: “Tu Dios no es más que un fantasma”. Hubiera sido interesante preguntarle porqué eligió aquella frase y no otra, porqué de entre todas las palabras escogió aquellas para ser las últimas. Sin duda lo hubiera sido pero nada más terminar dos zarpazos de aquel monstruo desgarraron su cuerpo de manera atroz poniendo el punto final a toda aquella locura.

Su cuerpo quedó abierto en dos como si se tratara de un libro y ni una sola gota de sangre había salido de su cuerpo. En el mismo instante de su muerte, el hábito que contenía aquella calavera gris y aquellos brazos de inframundo se desplomó y quedó en el suelo junto al cuadro de Dalí que tantas cosas ocultaba y el cuerpo de la modelo que un día decidió convertirse en ladrona.
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