5 mar. 2014

El limbo.

-Aquí no se estaba mal, a ver, ahora mismo estamos en un vacío legal por el tema de lo que comentó el año pasado el Papa Benedicto, pero estamos tratando de solucionarlo.

La sesión de espiritismo no estaba arrojando demasiados datos nuevos. En torno a la mesa camilla estaban Juan Luis, un mozalbete de apenas dieciséis años y que medía ya más de dos metros, su abuela Angustias, haciendo gran honor a su nombre, un señor guapo, de pelo entrecano del que no recuerdo el nombre y la médium, doña Rasmina, con un turbante afgano (al menos de procedencia), con los ojos a medio camino entre el blanco y su color original y las manos extendidas en torno a una gran bola de cristal. Estaba comunicándose con Gerardo, marido de Angustias y abuelo de Juan Luis.

La comunicación consistía en un trance de doña Rasmina en el que conseguía que Gerardo hablase a través de ella. 

-¿Qué me estás diciendo Gerardo?, no entiendo nada - dijo Angustias muy preocupada y en un tono exageradamente alto. 

-¡A ver Angustias, déjame hablar coñe, que siempre estás igual!- la interrumpió Gerardo a través de doña Rasmina- lo que te digo es que el Papa anterior dijo que el limbo nunca existió y ahora estamos en un vacío legal. A los que estábamos aquí nos están reubicando como pueden.

-¿Y por qué estabas en el limbo Abu? - se metió Juan Luis.

-¡Coño Angustias! ¿a qué viene que hayas traído al nene a estas cosas?- se enfadó de nuevo Gerardo- da igual, vamos a ir acabando que esto te va a salir por un ojo de la cara. Durante años estuve trampeando las facturas en la empresa, las hinchaba, cobraba cosas en B y todos esos líos. Resulta que defraudar a Hacienda está catalogado como pecado de tipo 6 y si acumulas de esos durante más de quince años pues te toca pasar por el limbo al menos veinte meses.

-¡Ay, mi Gerardo!, ¡Ay mi Gerado, pobrecico! ¿ahora qué vamos a hacer?

-No. Si ese no era el problema. A mi se me acababa la estancia aquí en unas semanas, pero el Papa abrió la boca y se montó el jardín. Ahora estoy con todo el papeleo, tengo que solicitar sitio en el paraíso, y claro, en la zona pobre, porque en los barrios bien no hay quien viva. Los papeles me los tiene que revisar primero un juez, si me deniegan la plaza tengo que acudir a un santo y como me la echen para atrás ya solo me queda un arcángel. Supongo que para lo que que me quedaba me condonarán la pena porque si no me toca una temporadita en el infierno y después para arriba....

-¡Ay mi Gerardo que siempre fue tan bueno que lo van a mandar al infierno!

-¡Me quieres dejar terminar Angustias!

-Perdona amor, sigue, sigue.

-Ya no sé ni por donde iba...-doña Rasmina aprovechó para carraspear un instante- a ver, eso.... que aunque tenga que pasar un tiempo en el infierno tampoco es tan malo como lo pintan, que a mi lo que me molesta de verdad es la mudanza y el papeleo, que estoy de burocracia ya hasta las narices, con perdón de la expresión. Bueno eso, que voy cortando que tengo que seguir con los papeles, dale un beso a Sofía y si ves a Paco le dices que aquí ya lo están esperando, un beso amor y que te quiero.

Al momento doña Rasmina abrió los ojos, Angustias emocionada no pudo más que acercarse y abrazarla con todas sus fuerzas, aún desorientada, la médium preguntó:

-¿Qué ha ocurrido, como está Gerardo?

Angustias, Juan Luis y el señor del pelo entrecano se miraron entre ellos y agacharon la cabeza. 

-Arreglando unos papeles por culpa del Papa. El pobre, toda la vida tratando de ganarse la vida para haber terminado entre papeles.

Doña Rasmina suspiró se recolocó el turbante afgano y con determinación afirmó:

-Tranquila, conozco yo un abogado buenísimo.

De nuevo empezaba el trance.   
Compartir es vivir
Publicar un comentario