12 jun. 2013

La cartera.

El metro estaba como siempre, lleno. La mañana también, aburrida. La pila de mi mp3 había decidido que ya no iba a seguir funcionando y me tocaba, como antes, escuchar las conversaciones de todo el mundo y jugar a averiguar sus vidas por como se movían y hablaban.

Era un ejercicio al que me había acostumbrado sin más, me parecía curioso adivinar que aquel señor sudoroso de la maleta de cuero se dedicaba a transportar algún material extraño que le hacía ponerse nervioso cada vez que lo llevaba. Pero lo mejor era enamorarme de las chicas que se iban subiendo, intentando engatusarlas con mis miradas despistadas, sé que era inútil pero sólo intentarlo me parecía lo suficientemente divertido.

Y entró ella, no es que fuera una preciosidad pero me llamó la atención, tenía una forma de vestir un tanto extravagante. Se quedó de pie, justo enfrente. Parecía tranquila y algo cansada. En la siguiente parada, al dejar salir a un hombre mayor, se giró y se le cayó la cartera. En otro momento no hubiese hecho nada, habría dejado que ella misma se diese cuenta o la habría dejado ahí sin más, pero esa vez preferí cogerla.

- Se te ha caído esto.
- No es mía.
- Sí, sí, acabo de ver como se te caía.
- Que va, gracias, pero no es mía.
- En serio, te diste la vuelta y se te cayó.

Decidió ignorarme y se sentó así que abrí la cartera y ahí estaba su carné con su foto.

- ¿Lo ves? Natalia Rodríguez, eres tú.
- Oye, te estoy diciendo que no es mía, nunca llevo cartera y no me llamo Natalia, déjame en paz.

Así que me dirigí al tipo sudoroso.

- Usted vio la cartera caer ¿verdad?
- Deja en paz a la chica, no ves que la estás molestando.
- ¿Qué la estoy molestando? Si le estoy dando su cartera.
- No es mi cartera.

Seguí viendo lo que llevaba, además de una tarjeta de crédito y el carné de un videoclub llevaba mil euros.

- Pero si llevas aquí dentro un montón de dinero.
- ¡Es mía!- gritó un chaval desde el otro lado del vagón.
- No es tuya, es de Natalia y por alguna extraña razón no la quiere, ¿qué pasa Natalia? ¿has robado este dinero?
- ¿Me estás llamando ladrona tú, que vas por ahí cogiéndole las carteras a los demás?
- Eh, que yo sólo la recogí del suelo para dártela.
- Tú lo que estabas es mirándome el culo y no sabías que hacer para hablar conmigo.
- Pero que estás diciendo.
- Lo que oyes, seguro que eres uno de esos pervertidos que se suben al metro a echar miradas guarras a las tías, déjame en paz de una vez baboso, ¿quieres que llame a la policía?
- Eso, llama llama, a ver como les explicas que en tu cartera hay mil euros y que no quieres saber nada de ella, porque ésta, bonita, es tu foto.

En ese momento el metro se paró. Natalia me dio un empujón y salió corriendo, por suerte no me llegué a caer y salí detrás de ella, subí las escaleras mientras me ahogaba, no estaba acostumbrado a hacer ejercicio y lo peor es que ni siquiera sabía porqué lo estaba haciendo.

Al salir me detuve un momento, miré alrededor y la vi corriendo hacia una calle estrecha, la seguí y la cogí casi al final de la calle, la agarré por los brazos y forcejeamos hasta que conseguí que parara.

- ¿A ti qué coño te pasa?
- Eso no te importa vale, no te importo yo ni mi cartera .
- Así que es tu cartera.
- ¡Sí, imbécil! Es mi cartera ¿y qué? Soy una ladrona, ya está, pero tenías que montar el numerito en el metro y estropearlo todo.
- Pues toma tu cartera y lárgate.
- Me…¿me la vas a dar sin más?
- Sí, no me importa tu vida, toma la jodida cartera.

En ese momento me golpearon por detrás con algo duro, el golpe no tenía mucha fuerza pero aún así me dolió, me dí la vuelta y allí estaba el tipo sudoroso del maletín.

- Déjala en paz violador.
- Pero que violador ni que coño, la seguí para darle su cartera.
- Por eso acaba de salir corriendo ¿no?
- Mira amigo la historia ya se acabó, déjame tranquilo.
- De eso nada, tú te vienes ahora mismo conmigo a la comisaría.


Así que me puse a correr como un loco otra vez hacia el metro y aquel tipo me seguía y gritaba - ¡Policía, policía, violador!-, conseguí entrar antes de que él llegara, me bajé en la siguiente parada y me fui corriendo a casa, al día siguiente lo primero que hice fue comprar pilas.
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