31 may. 2013

Ciudad Gris.



Entre los años 2007 y 2009 vieron la luz un total de siete números de la revista Xogo Descuberto, un proyecto de autoedición, en el que entre otras cosas nos dedicábamos a expresar opiniones sobre temas sociales y culturales.

Tras siete números, más de veinte colaboradores de todo tipo y completamente agotados la revista llegó a su fin. Desde entonces se han hecho varios intentos de resucitación pero de momento sigue sin haber buenos indicios.

A partir del cuarto número se empezó a incluir un relato por entregas que llevaba por título Ciudad Gris y contaba la historia de un pueblo que sufría una enfermedad rara por la que no podía percibir los colores y eso los convertía en dóciles y controlables.

Pero lo realmente interesante de esta historia es que estaba abierta a la colaboración de todos los lectores. Quien quisiera podía enviar una continuación, añadir personajes, eliminar otros y de esa manera construir una especie de puzzle que fuera creciendo en cada número.

La propuesta funcionó hasta cierto punto. Se recibieron en total once capítulos distintos. Pero al igual que con la revista el proyecto desapareció en 2009.

Desde hace pocas semanas trabajo con un ilustrador para trasladar el universo de Ciudad Gris a las páginas de un tebeo. La historia ha cambiado, los personajes también, la profundidad, el estilo. Todo salvo una cosa, la esencia.

Aquí queda el relato original.

CIUDAD GRIS.

Después de la Guerra de los 11 años, y tras casi 20 años de dura posguerra casi todo había vuelto a la normalidad. Fue duro y muy difícil, la guerra había acabado con dos tercios de la población masculina mundial y en muchísimos pueblos y ciudades no quedaba un solo hombre para poder al menos perpetuar la especie.

Por eso se alargó tanto la amargura de posguerra, las mujeres envejecían esperando que los niños alcanzasen un mínimo aceptable en sociedad para poder llevar a cabo la única tarea que les quedaba tras la guerra: tener hijos. La mayoría de edad se rebajó para los hombres a los catorce años para evitar posibles conflictos morales. Los matrimonios volvieron a ser concertados y cuando nacían nuevos varones la fiesta se alargaba durante días.

Se cometieron muchas atrocidades en las familias con más de dos hijas, y a las que llegaban nuevas se las abandonaba a su suerte o directamente se las mataba al nacer.

El poder se organizó en torno a las mujeres más ancianas de cada pueblo o ciudad. Las relaciones entre gentes de distintos lugares quedaron muy tocadas por culpa de la guerra y ya nadie confiaba en los vecinos. Las ancianas decidieron organizarse en torno a un único consejo mundial que solo sería convocado en caso de extrema necesidad ya que no les gustaba verse y además les costaba mucho esfuerzo desplazarse. Después de la gran primera reunión decidieron que el estado natural de los pueblos era el aislamiento, que ya no existían las naciones ni los estados puesto que eran los causantes de la Guerra de los 11 años y eran generadores de conflictos, envidias y sobre todo de una avaricia de poder a la que los hombres estaban muy acostumbrados.

Las ancianas apenas tenían esos sentimientos, la única patria para ellas era su casa y su familia y lo único digno de ser defendido. Aún quedaba mucho por reconstruir y no se podía perder el tiempo en batallas idealistas de naciones y banderas. Llegaron a un acuerdo por unanimidad: ningún hombre volvería a hablar de política o de territorialidad, simplemente no se les educaría para ello. Al terminar la reunión cada anciana volvió a su hogar para comunicar las decisiones que se habían tomado esperando que el Consejo no volviera nunca a reunirse.
Ángeles era la anciana que ostentaba el poder en un pueblo pequeño pero tan orgulloso de sí mismo que se llamaba Ciudad Gris. La ubicación era difícil, los mapas habían sido quemados y las ancianas no acertaban a concretar más que con un “cerca de aquel sitio” o un “al lado de aquel otro”. La verdad es que no importaba mucho ya que la gente no estaba muy dispuesta a abandonarlo y tenían suficiente con formar parte de aquel sitio.

El nombre no era casual y provenía de una dolencia genética que había formado parte de aquella comunidad durante mucho tiempo. Ciudad Gris fue bombardeada durante la guerra con unos proyectiles armados con pequeñas dosis de un gas llamado Croma27, el cual provocaba una deformación del cromosoma X que a su vez causaba una retinopatía periférica bilateral a consecuencia de la cual sólo se percibían los colores blanco y negro y una pequeña escala de grises intermedios.

La enfermedad se llamaba acromatopsia y por desgracia era hereditaria. Ciudad Gris quedó totalmente sumida en un mundo incoloro, el cielo era gris, la hierba era gris, las flores eran grises y la gente era de un tono gris claro en invierno y un poco más oscuro en verano debido a la exposición a unos grises rayos uva que emanaba un sol totalmente gris.

Sólo las mujeres más ancianas del pueblo conocían los colores aunque ya se habían acostumbrado a vivir en blanco y negro.

Ángeles guardaba en secreto y con mucho celo una pequeña caja de rotuladores de 32 colores con la esperanza de que algún día sus descendientes pudieran volver a distinguirlos, a apreciarlos y sentirlos. Siempre que se reunía con su familia y había tomado algo de licor empezaba a contarle a los más pequeños lo verde que era la hierba y lo azul que era el mar, y como se teñía de naranja cuando el Sol empezaba a ocultarse y los niños simplemente pensaban que ya empezaba a chochear y contar historias de viejas porque ellos sabían que en el mundo sólo había tres colores y que aún mezclándolos todos ellos no existían el rojo, ni el verde ni el amarillo.
Pero los rotuladores no eran lo único que Ángeles ocultaba ya que también escondía, con muchísima más cautela, una foto y un diario de su marido. En la foto se le veía joven, con un gran bigote y vestido de militar. Era un hombre muy apuesto y había desempeñado un papel importante en la guerra. Precisamente eso era lo que preocupaba a Ángeles.

En el diario quedaba claro que fue él quien propuso bombardear con el Croma27 a sus propios vecinos a fin de poder observar los resultados y comprobar que una vez eliminados los colores la gente se volvía mucho más controlable.

Ángeles y sus dos hermanas se encargaron de repartir algunas mascarillas anti gas entre las vecinas. Pero el bombardeo falló. Lo que se suponía que iba a ser un simple test con pequeñas dosis se convirtió en una auténtica hecatombe. El marido de Ángeles adulteró las bombas con grandes cantidades de Croma27 convirtiendo así los efectos provocados en irreversibles.

Nadie sabe qué motivó la decisión de descargar tanto gas sobre sus vecinos. Tras el bombardeo y quizá debido a un enorme arrepentimiento decidió estrellar su avión en el mar y así desaparecer para siempre. Nunca supieron en el pueblo quién había ordenado aquella barbaridad ni porque se había llevado a cabo. Por eso Ángeles ocultó para siempre el diario de su marido, la propuesta era suya y si el pueblo se enteraba no dudarían en expulsarla rápidamente. Sin embargo nunca se atrevió a intentar destruir las pruebas, sabía que la justicia nunca perdona y que si quería terminar sus días en paz consigo misma en algún momento tendría que contar la verdad.

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